5 de septiembre de 2010
Año XII
No. 709
| Varios | Edición:

Salud de los enfermos, Aquella terrible epidemia de 1736-1737

Publicado en web el 13 de Diciembre, 2009

Este interesante relato, que proporcionó a nuestra Redacción el señor Cura José María Velasco Ortega (miembro de la Sección Diocesana de Pastoral de la Comunicación), viene muy al caso, no sólo por tomar en cuenta que recientemente Guadalajara y buena parte del país han sufrido enfermedades masivas de graves consecuencias, sino porque revela que en todo tiempo y lugar, a partir de las Apariciones en el Cerro del Tepeyac, de Santa María de Guadalupe, nuestros antepasados la han invocado con fe en todas sus necesidades y males

26

El azote de la peste se inició en Mixcoac, y de allí pasó a México. Un frío intenso y temblor de todo el cuerpo, fuerte dolor de cabeza y de estómago, calentura ardiente y flujo de sangre por las narices, que era el fin de la vida. Tal fue la dolencia, que hacía muchos estragos.

Llegó precedida de un terremoto, un Eclipse de Luna y otro de Sol; lluvias extraordinarias; sucesivas exhalaciones nocturnas y huracanes fortísimos; lo bastante para llenar de consternación.

Luego que se advirtió la frecuencia de viáticos y de entierros, tanto como la falta de operarios en las fábricas y de los indios en sus servicios ordinarios, proveyó el señor Arzobispo y Virrey don José Antonio Vizarrón y Eguiarreta, con el parecer del Protomedicato, que a su costa asistieran cuatro médicos a los pobres, y que en seis boticas se les diesen las medicinas, en lo cual, de enero a mayo de 1737, se gastaron 35,327 pesos. Pero crecía el contagio por no recogerse los enfermos en los hospitales. Y, siendo insuficientes los nueve que había en la ciudad, se habilitaron otros seis. (Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva España. P. Francisco Javier Alegre, S.J.)

Drama terrible

Las defunciones fueron 40,000 tan sólo en la Capital. 192,000 de las matrículas de 132 Alcaldías, según el autor Cabrera Quintero. Cómputo defectuoso, porque sólo comprendió a los indios tributarios y a una parte del Reino. Quedaron desiertos lugares. Por ejemplo, el Doctrinero de Toluca dijo, el 27 de abril, “que en sólo tres días habían fallecido más de mil indios; que los enfermos eran casi todos, y los pequeñitos lloraban desatendidos o chupaban los pechos yertos de sus difuntas madres”. (Escudo de Armas de México. P. Cayetano de Cabrera y Quintero).

Desesperación y esperanza

Hacia enero seguía extendiéndose la enfermedad. Los muertos eran llevados en carretas a los cementerios, y eran enterrados en zanjas y en lugares abiertos.

Ya desde el 27 de diciembre de 1736, el Ayuntamiento decidió durante su reunión: “Ya que los remedios humanos son insuficientes e ineficaces, es necesario hacer rogativas”. Entonces los Regidores pidieron autorización al Virrey para organizar un Novenario a la Virgen de Loreto. Así se hizo, pero la epidemia no cesó. El 5 de enero de 1737 se acordó traer a la Catedral la imagen de Los Remedios, pero tampoco cesó la enfermedad.

Fue entonces cuando el Conde del Valle propuso se trajera a la Catedral a Nuestra Señora de Guadalupe, y se optó que en el mismo Santuario se hicieran las súplicas. El Cabildo de la Ciudad promovió un Novenario, al que asistieron todas las Congregaciones Religiosas. Todas las clases sociales tomaron también como suya la iniciativa, y el 11 de febrero el Cabildo acordó votarla como Patrona

El Arzobispo Vizarrón citó a los Diputados, eclesiásticos y civiles, para el Juramento, en la Capilla Real del Palacio, el sábado 27 de abril de 1737. Así se juró por Patrona Principal de la Ciudad de México y Contornos a la Santísima Virgen María de Guadalupe. Se decidió también ocurrir a la Sagrada Congregación de Ritos (en El Vaticano) por la confirmación de la Festividad y Patronato, impetrar el Oficio Propio, su Octava, y procurar que el Patronato se extendiera a todo el Reino.

Del 24 al 26 de mayo se festejó la Jura: En la procesión, la Santísima Virgen de Guadalupe fue conducida, en rico palio, en hombros de sacerdotes y seglares, y el Arzobispo cerrando el cortejo, detrás de la Patrona Principal de la Ciudad. ENSEGUIDA SE NOTÓ EL ALIVIO EN LA TERRIBLE ENFERMEDAD.

Poco después, los que estuvieron presentes invitaron a todas las Provincias a una Junta Nacional para proclamarla Patrona de la Nueva España.

Histórica exclamación

En 1757, el Reverendo Padre Jesuita Juan Francisco López gestionó en Roma la confirmación del Patronato y la concesión de Misa y Oficio Propio. Y el Papa Benedicto XIV, al contemplar una bella imagen de La Guadalupana, pintada en México por el afamado artista Miguel Cabrera, exclamó al mirarla: “Non fecit taliter omni natione”, que se traduce: No hizo cosa semejante con ninguna otra Nación.

Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.

Responder

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


  • Artículos relacionados

  • Más en esta Sección

  • Todas las secciones

  • Números Anteriores

  • Publicidad




 
2010 Semanario – Órgano de formación e información Católica - | Entradas (RSS) | Comentarios (RSS)