Testigo inquebrantable, “Tú serás el primero en ser mártir”
Publicado en web el 20 de Diciembre, 2009El siglo pasado inmediato registró pesadas y heroicas pruebas para la Iglesia Católica, tanto en América Latina como en Asia y Europa. Concretamente de entre las naciones entonces comunistas del Viejo Continente, surgió la figura ejemplar de un purpurado que soportó ignominias sin cuento.
Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
El 8 de febrero de 1949, el régimen comunista húngaro condenaba a cadena perpetua al Cardenal Joseph Mindszenty, Arzobispo de Esztergom y Primado de Hungría, acusado de “alta traición, amenaza a la seguridad del Estado y tráfico de divisas”
La noble figura del Cardenal se caracterizó por rechazar cualquier forma de entendimiento con los comunistas.
Recordemos algunos pasajes de tan insigne sacerdote de Jesucristo: El Papa Pío XII lo agregó al Sacro Colegio Cardenalicio el 18 de febrero de 1946. En aquella fecha, en tono profético, así habló el Papa: “Tú serás el primero en sufrir el martirio, simbolizado por este color púrpura”.
Dos años después, en 1948, comienza su largo Via Crucis. Los comunistas expropian las escuelas, incluidas las católicas. La firme y pública oposición del Cardenal Mindszenty a dichas medidas lo convirtió en un blanco prioritario del régimen, que intentó, por todos los medios a su alcance, difamar la persona y la tarea pastoral del Prelado.
Ese mismo año (1948), en Navidad, fue arrestado y sometido a 33 días de torturas físicas. El 8 de febrero de 1949, como lo citábamos, tras un proceso-farsa, que sólo duró tres días, el Cardenal Mindszenty fue condenado a cadena perpetua. El Pastor de Esztergom (Hungría) permaneció preso durante ocho años, hasta el levantamiento del pueblo húngaro contra la ocupación soviética, a fines de octubre de 1956. Pero su libertad física duró pocos días, pues el 4 de noviembre siguiente, la pequeña flama de la libertad húngara fue aplastada por 2,500 tanques y carros de combate soviéticos.
El Cardenal se vio obligado a pedir asilo político en la Embajada de los Estados Unidos de América en la capital húngara, Budapest. Ahí vivió confinado 15 años, prohibiéndosele todo contacto o comunicación, aunque firme y frecuente fue el apoyo del Papa Pío XII por tan admirable Pastor de la Iglesia en Hungría.
Ministerio fiel hasta el final
En 1971, el 28 de septiembre, el Papa Paulo VI le pidió viajar a Roma, después de largas y arduas negociaciones. Dejar su tierra y su gente le provocó gran dolor, pero obedeció al Sucesor del Apóstol Pedro. El Cardenal se propuso la atención espiritual de millares de húngaros en el exilio mediante predicación, retiros, ejercicios espirituales. A través de penas, pruebas y tribulaciones, fue creciendo la figura moral y espiritual del gran sacerdote. Ya no sería el Arzobispo de Esztergom, pero continuaría siendo el gran testigo de Cristo en tierras húngaras, ejemplo de fidelidad heroica a Cristo y a la Iglesia. En muchos momentos inspiró aliento, fuerza y esperanza a los católicos de Hungría y de todo el mundo.
Dios, Padre de Misericordia, lo llamó al Cielo el 6 de mayo de 1975, contando con 83 años de edad. Su cuerpo fue sepultado inicialmente en el Santuario Mariano de Mariazell (Austria); años después, sería inhumado en su Catedral, en la ciudad húngara de Esztergom.
Volvía a los suyos, y los suyos lo recibieron como se recibe a un mártir de Cristo, con sincera alegría y profunda admiración. Su tumba es hoy lugar de peregrinación. Sin duda, los amantes de la verdad, de la justicia y de la libertad tenemos, en el Cardenal Joseph Mindszenty, un modelo y un intercesor. Que su valentía, que su fidelidad a Cristo y a la Iglesia, nos guíen a todos los sacerdotes a la grata tarea de arraigarnos, más y más, en nuestra identidad como consagrados, siempre apoyados en la dulce compañía de María, Reina y Señora de todos los Sacerdotes.
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