5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783

Un texto que levantó los ánimos

Publicado en web el 13 de Diciembre, 2009

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Comisión Editorial para el Bicentenario

“La sucesión presidencial en 1910”, libro publicado por Francisco I. Madero González en 1909, tuvo una acogida inesperada, ya que en ese mismo año se hizo necesario imprimirlo dos veces más; la primera edición, de tres mil ejemplares, se agotó casi de inmediato. Libro de 350 páginas, cuenta con un resumen final, formado por 16 ilustrativas conclusiones, de las cuales presentamos aquí las primeras ocho.

1ª A consecuencia de nuestra Guerra de Independencia, y después de la que sostuvimos con Napoleón III, nos ha quedado la plaga del militarismo.

2ª Al militarismo debemos la Dictadura del General Díaz, que ha durado por más de 30 años.

3ª Esta Dictadura ha restablecido el orden y cimentado la paz, lo cual ha permitido que llegue libremente a nuestro país la gran oleada de progreso material, que ha invadido al mundo civilizado desde a mediados del siglo pasado.

4ª En cambio, este Régimen de Gobierno ha modificado profundamente el carácter del pueblo mexicano, el cual, ocupado únicamente en su progreso material, ha olvidado sus grandes deberes para con la Patria.

5ª Que si en rigor puede admitirse que la Dictadura del General Díaz haya sido benéfica, es indudable que sería funesto para el país que el actual Régimen de Gobierno se prolongara con su sucesor, porque nos acarrearía la anarquía o la decadencia, y ambas pondrían en peligro nuestra vida como Nación independiente.

6ª Que todo hace creer que si las cosas siguen en tal estado, el General Díaz, ya sea por convicción o por condescender con sus amigos, nombrará como sucesor a alguno de éstos; el que mejor pueda seguir su misma política, con lo cual quedará establecido de un modo definitivo el régimen de poder absoluto.

7ª Que buscar un cambio por medio de las armas sería agravar nuestra situación interior, prolongar la era del militarismo, y atraernos graves complicaciones internacionales.

8ª Que el único medio de evitar que la República vaya a ese abismo, es hacer un esfuerzo entre todos los buenos mexicanos para organizarnos en partidos políticos, a fin de que la voluntad nacional esté debidamente representada y pueda hacerse respetar en la próxima contienda electoral.

Miguel Gómez Loza

Al igual que su coterráneo y amigo Anacleto González Flores, el ahora Beato Miguel Gómez Loza participó en el proceso surgido al calor de la democracia encabezada por Francisco I. Madero en 1910.

Oriundo de Paredones, aldea de Tepatitlán, donde nació en 1888, se dedicó al cuidado de la pequeña heredad que le dejara su padre a su viuda y a sus dos hijos. Después de la adolescencia, se distinguió entre otros jóvenes de su edad por su diligencia y solicitud, por su piedad eucarística y su apego a la religión. Fue acólito, sacristán y, en cuanto pudo, catequista; más tarde, realizó actividades cívico-sociales en beneficio de la comunidad, como fue el establecer Cajas de Ahorros, su primera participación activa en el campo cívico, fruto de esa primavera del catolicismo social que vino aparejada con el triunfo del maderismo.

Entró en contacto con el licenciado Miguel Palomar y Vizcarra, de cuyo trato surgió una Caja Rural Raiffeisen, en Paredones. En 1912, inició su relación de amistad y colaboración con Anacleto González Flores. Todo esto sirvió de preámbulo a una decisión largamente acariciada: realizar estudios académicos. La principal causa de esta dilación consistía en no abandonar a su madre; pero, planteado el asunto, resolvió inscribirse en la Preparatoria del Seminario Diocesano de Guadalajara.

Miguel no tardó en descubrir que su vocación no era el sacerdocio y que las aulas del plantel resultaban estrechas para sus anhelos político-sociales. Dejado el Seminario, pues, se afilió al Partido Católico Nacional y se matriculó en el Instituto del Sagrado Corazón de Jesús, en la Capital de Jalisco.

En 1913, se integró al grupo estudiantil de La Gironda, asumiendo, por elección y gusto, la condición de Asistente de González Flores. Si a Anacleto le adjudicaron un cierto quijotismo filosófico, a Gómez Loza también le acomodó, a su manera, la imagen del manchego: Anacleto será la autoridad, Gómez Loza el ministro; uno, idea y verbo; otro, realidad y acción; uno el estratega, otro el responsable; uno es flemático, otro sanguíneo. Mutuamente se complementan. En ese año, uno y otro fueron admitidos como socios de la Congregación Mariana del Santuario de San José de Gracia.

Para mantener la representación de los valores sociales en la política, se hicieron cargo de la Unión Latinoamericana, corporación cívico-política de reciente creación. Meses más tarde, ya para terminar 1913, representarán al terruño, Tepatitlán, en la Convención del Partido Católico Nacional, celebrada en Guadalajara.

Su campo de acción fue el sindicalismo cristiano. Asesorado por el Padre José Toral Moreno, y posteriormente por el Padre Arnulfo Castro, Sacerdote Jesuita, creó una Bolsa de Trabajo, Cajas de Ahorro, Cooperativas de Consumo y el Círculo de Estudios para Obreros “León XIII”.

A mediados de 1914, los enfrentamientos bélicos entre carrancistas y villistas lo devolvieron a Paredones, donde permaneció hasta 1915, año en el que pudo retornar a Guadalajara para proseguir sus actividades.

En 1916, terminó los estudios de Preparatoria y se inscribió en la Escuela Católica de Derecho, posteriormente Escuela Libre de Leyes. El 14 de julio, participó como socio fundador de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, ACJM, en cuyo seno fundó y presidió, poco después, el Círculo Obrero “Gabriel García Moreno”, del que surgió la publicación mensual El Cruzado.

En 1917, fundó los Círculos Obreros “José de Jesús Ortiz”, para jóvenes operarios; “Niños Héroes”, para aprendices de artesanos; y “Don Bosco”, para tipógrafos. También hizo su aparición la Sociedad Mutualista Obrera, que él promovió. Al disolverse en ese año La Gironda, se estableció con su madre, doña Victoriana Loza, en una vivienda en la misma barriada del Santuario de Guadalupe.

La prensa católica auspiciada por Miguel emprendió la publicación de la obra La Cuestión Religiosa en México, de Regis Planchet.

Con la vuelta de los años, la coherencia colocará a Miguel en el campo de batalla, haciendo las veces de Gobernador Civil de los territorios ocupados por los católicos de la resistencia activa. En calidad de tal, fue tiroteado en una ranchería próxima a Atotonilco, El Lindero, el 21 de marzo de 1928. Fue beatificado el 20 de noviembre de 2004.

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