199º Aniversario de la Batalla del Puente de Calderón Primera parte
Publicado en web el 17 de Enero, 2010
Dr. Juan Miguel Toscano García de Quevedo
Para la relación de la Batalla del Puente de Calderón y todos sus incidentes, sigo al historiador Lucas Alamán y al Parte Militar Oficial del General Félix María Calleja, publicado en la imprenta de Arizpe, en la Ciudad de México en febrero de 1811, y lo que dice Calleja en su correspondencia reservada con el Virrey Francisco Javier Venegas, publicada por Carlos María de Bustamante.
Escuchemos a Alamán:
Amaneció el día 17 de Enero de 1811, y con su luz se dejó ver el ejército de Hidalgo ocupando una loma escarpada de bastante elevación, que corría a la izquierda del arroyo que lo separaba de los realistas en la longitud de tres cuartos de legua, hasta descender a un llano o plano inclinado de grande extensión, donde se hallaba reunida la principal fuerza: en lo alto de la loma estaba colocada una batería de sesenta y siete cañones, apoyada su espalda en una barranca profunda, y flanqueada por sus costados por otras baterías menores, que a distancias iguales la defendían y abrazaban toda la circunferencia del terreno por donde debía pasar el ejército real, intermediando además el arroyo o barranca que corría en la dirección de Este o Sudoeste sin otro paso que el puente, descubierto a todos los fuegos de las baterías de los insurgentes.
Calleja resolvió atacar esta formidable posición con sólo su ejército, sin esperar la llegada del General José de la Cruz, ya fuese para no dar a Hidalgo tiempo de reunir mayores fuerzas, como él dice en su Parte Oficial, o como entonces se sospechó, por no compartir con otro la gloria del triunfo, aunque éste se presentaba tan difícil, que más que temer rivales, parece que debía desear colaboradores.
Su plan de ataque, concebido sobre el conocimiento que las batallas anteriores le habían dado de la inamovilidad de las masas indisciplinadas de los insurgentes, que esperaban en la posición que una vez tomaban el ataque de sus contrarios, dejando a éstos la ventaja de elegir el tiempo y el lugar, y de multiplicar sus fuerzas con la destreza de las evoluciones, se redujo a que el Conde de la Cadena, segundo al mando, con una división que puso a sus órdenes, atacase por la izquierda, aguardando el movimiento que el mismo Calleja haría por la derecha con el resto de las fuerzas, para caer después ambos a un tiempo sobre la gran batería, situada en lo alto de la loma.
Marchó el General Manuel de Flon a ejecutar la parte que de este plan le correspondía, con el Regimiento de Infantería de la Corona, a cuya cabeza estaba su Coronel, don Nicolás Iberri, y la caballería del ala izquierda, compuesta por el Regimiento de Dragones de México, que en este día estuvo a las órdenes del Capitán Barón de Antoneli, por haber tomado el mando del ala derecha el Coronel de este Cuerpo, don Miguel de Emparán; el de Puebla, y un piquete del de Querétaro, a los que después se unió el de San Luis, mandado por don Manuel Rincón Gallardo, Marqués de Guadalupe Gallardo; don Juan de Moncada, Conde de San Mateo Valparaíso y el Teniente Coronel don José María Tobar.
Llevaba, esta División, cuatro cañones, y habiendo atravesado el arroyo por el paso que la noche anterior había encontrado Linares arriba del puente, comenzó a subir la loma, defendida por gran número de insurgentes con cuatro cañones. Los de los realistas, teniendo que ser llevados a mano por la fragosidad del terreno, no podían seguir el paso de la infantería, por lo que Flon atacó con sólo ésta al grueso de enemigos que tenía a su frente, los desalojó de su posición y les tomó los cuatro cañones que poseían y un carro de municiones.
Llegó, entre tanto, la artillería, por el empeño y actividad de Manuel de Rul, Conde de Casa Rul, y rompiendo inmediatamente el fuego sobre los enemigos, éstos se vieron obligados a retroceder, perdidas sus baterías, hacia el cuerpo principal de su ejército.
Al mismo tiempo, Calleja, con el resto del suyo, se movió sobre el puente, sosteniendo con el fuego de su artillería la subida a la loma de la columna de la izquierda, en cuyo auxilio envió a la compañía de gastadores de la columna de granaderos, al mando de su Capitán, don José Ignacio Vizcaya, dándole orden de unirse a aquélla, lo que verificó con mucha valentía, arrostrando el ataque de gran número de insurgentes que intentaron cortarla, a los que rechazó, proveyéndose de cartuchos de sus cadáveres y tomándoles dos cañones.
Calleja, examinando más de cerca las dificultades que el paso del puente ofrecía, se adelantó por la derecha situándose con parte de su fuerza en una pequeña altura, desde la cual rompió el fuego sobre una batería que los contrarios tenían a su izquierda, mientras que el Coronel Miguel de Emparán con su Escuadrón de Dragones de España y el Regimiento de San Carlos avanzaba por el camino antiguo, dando vuelta para sorprender al enemigo por la espalda, y el Coronel don José María Jalón con el Primer Batallón de Granaderos, el de Patriotas de San Luis y cuatro escuadrones de lanceros, atravesaron el arroyo, no obstante el vivo fuego de la artillería y la cantidad de piedras y flechas que arrojaba el gran número de insurgentes que bajó a defender el paso. Subieron a la orilla izquierda y se apoderaron de la batería, que la formaban siete cañones.
La acción, entonces, se empeñó por ambas alas, y la victoria estuvo un momento por los insurgentes. Cargaron éstos en gran número sobre la caballería de la derecha. Emparán, que la mandaba, fue herido gravemente en la cabeza y le mataron el caballo de una lanzada. El Regimiento de San Carlos retrocedió por dos veces y empezó a huír, siguiendo el ejemplo de su Coronel don Ramón Cevallos, poniendo en desorden a los demás.
(Proseguirá)
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