5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 17 de Enero, 2010

24

 

Por Esegé

La bizarra capital de mi Estado, con sus hierros forjados, sus portones anchos, sus balcones para divisar el enredijo de las calles.

Y al fondo, la maravilla de la piedra que se vuelve ligera y blanda para formar guirnaldas, para tejerse en delicados rosetones.

El oro y la plata de los socavones mineros se volvió salmo de amor, grito de fe, verso de esperanza, en las canteras de la Catedral.

La fachada de este templo encierra un himno eucarístico; su ventanal al centro, representa el Misterio del Divino Sacramento.

Ahí están los Doctores y Padres de la iglesia, ahí los Profetas, ahí Ángeles y Serafines bendicen y ensalzan al amor de los amores.

Tal es la Ciudad de Zacatecas, su egregia Catedral y su campana mayor, que lamentaba el poeta López Velarde que no la hubiera oído el Papa. ¡Y sí la oyó!… Ya muy después.

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