Apostolado entre los jóvenes, Los acontecimientos del 18 de diciembre de 1859
Publicado en web el 10 de Enero, 2010Damos secuencia a la Serie de Artículos referentes a San Juan Bosco y a la Institución de Religiosos por él fundada
Pbro. Jorge Armando García Montaño
Salesianos de Don Bosco
San Juan Bosco batallaba mucho para conseguir colaboradores que le ayudaran en la atención de los muchachos pobres y abandonados que recogía por las calles de Turín, Italia.
Al principio no tenía problemas porque eran pocos los muchachos; pero, después de dos años, ya eran algunos cientos los que se reunían en los fines de semana, y se veía en grandes dificultades para atenderlos a todos en la catequesis, las confesiones, las clases de alfabetización, e incluso sus necesidades personales cuando querían ser escuchados.
Escogió, de entre los mismos muchachos, a algunos un poco más preparados, los cuales con gusto le ayudaban en algunas cosas más sencillas, como hacer lecturas en voz alta, ver por el orden en la capilla, enseñar a leer y escribir. Junto con ellos llegaron también algunos sacerdotes del Clero Diocesano que ofrecían su ministerio sacerdotal, y algunos hasta se comprometieron más a fondo haciéndose cargo de los otros Oratorios que Don Bosco había abierto, como el de San Luis Gonzaga y el del Ángel Custodio. Pero, al final, siempre había un mismo resultado: lo abandonaban después de un tiempo; eran ayudas provisionales.
Providenciales premoniciones
Una noche soñó algo parecido al sueño que había tenido a los 9 años: los mismos animalitos feroces, agresivos, que pelean entre sí. Una Señora hermosísima, vestida como pastorcita, se aparece y le hace notar a Juan cómo esos animalitos se van convirtiendo en ovejas, y luego, lo inesperado: algunas ovejas se convierten en pastores.
Esa era la clave para poder tener colaboradores que no lo abandonaran en su tarea educativa. Sus ayudantes saldrían de entre sus mismos muchachos del Oratorio. Tenía que formárseles. Empezó a fijarse en algunos de los alumnos con más disposición de alma para ese apostolado. Se les acercaba y les ayudaba en sus necesidades más elementales, les inspiraba una piedad sencilla y profunda, les ponía en comunicación con jóvenes de las mismas aspiraciones, les encaminaba al apostolado, les cultivaba el espíritu con la finalidad de que conocieran la vida religiosa y se enamoraran de ella. Así, el grupito fue creciendo en número y en calidad.
Nacimiento de una gran obra
La noche del 9 de diciembre de 1859, antes de ir a dormir, los citó en su habitación para darles una sorpresa. Les invitaba a dar su nombre a una Congregación Religiosa que quería fundar, encaminada a trabajar por la salvación de los muchachos pobres, abandonados y en peligro. Para ello, tenían que comprometerse, como todos los religiosos, con votos y con una disciplina religiosa comunitaria que les hiciera saborear el gozo de vivir intensamente y fraternamente su consagración a Dios y a la misión. Los que aceptaran esta invitación deberían presentarse a la siguiente reunión. Los demás no debían presentarse más.
La fecha clave fue el 18 de diciembre siguiente, hace exactamente 150 años. Fueron 18 los que aceptaron la invitación, junto con Don Bosco y el Padre Alassonatti, quien ya estaba involucrado desde hacía 5 años. Además de ellos dos, estaban también un diácono llamado Ángel Savio, el subdiácono Miguel Rúa y otros 14 jóvenes entre los 17 y los 21 años, la mayor parte de ellos clérigos que aspiraban al sacerdocio, y algunos estudiantes. Esa noche quedó fundada la Congregación Salesiana, y la mayoría de los integrantes eran jóvenes del Oratorio. De las mismas ovejas habían surgido los pastores.
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