Benditos viejos que nos preceden, Los años pasan, pero algo dejan
Publicado en web el 10 de Enero, 2010Cada mes de agosto se recuerda y festeja a los viejos, ancianos, abuelos, longevos, gerontes, betarros, añosos, adultos mayores y una gran cantidad de sinónimos con los que se hace referencia, tanto para bien como para mal, a las personas que ya superaron la problemática de los años, mas no se alude tanto a las huellas que éstos han dejado
José de Jesús Vázquez Hernández
Al igual que los diferentes días del añ
o dedicados a determinadas personas, como el Día de la Madre, del Maestro, etc., el mes y día de los ancianos, independientemente de la mercadotecnia, es, sin duda, muy importante por todo lo que significa el tener una persona mayor en el hogar y convivir pacientemente con ella, a pesar de sus carencias físicas, pero disfrutando, al mismo tiempo, de su experiencia y de esa sabiduría que a muchos de ellos les ha dado el paso del tiempo.
Decadencia de valores
Los ancianos actualmente, de alguna manera, han perdido parte de aquel prestigio que tenían en la antigüedad y que aquellas culturas les otorgaban por el hecho de serlo; sin embargo, las nuevas formas de vida, la competitividad, la superpoblación, la globalización en su conjunto, han incidido en la falta de respeto para ese sector, aunque en ocasiones también esto es propiciado por los mismos ahora viejos.
Emma Godoy, una mujer comprometida con la cultura y con el estudio, en sus conferencias y amenas charlas solía hacer alusión a esta etapa de la vida, tratando de que cada persona próxima a vivirla, por cesantía, edad avanzada o invalidez, pensionada o jubilada, la programara y preparara con tiempo, para que, llegado el momento, la viviera con dignidad.
Encierra mucho contenido esta palabra dignidad, pues, como decía un amigo, el hecho de estar insertado en esta etapa de la vejez, no proporciona, por sí mismo, la dignidad. Existen ancianos que, aunque en su vida juvenil y productiva fueron unos canallas, ahora ya de ancianos han recuperado la dignidad. Y también casos en contrario, ya que en este mundo nada es puro y absoluto, existe una interrelación entre bueno y malo, entre dignidad e indignidad, y viceversa.
Tribulaciones en la última edad
Quienes se dedican al estudio de estos problemas, señalan que lo que actualmente más abruma a muchos viejitos es, sin duda, la soledad; condición, por cierto, que también afecta a muchos sacerdotes, pues éstos, aun sin ser ancianos y pese a vivir rodeados de personas, no tienen, como el varón casado, una compañera o hijos a quiénes contarles sus cuitas. Esa ausencia también la sufren los viejos que han perdido a su pareja o cuyos hijos y familiares no se preocupan por ellos.
Otra plaga que les afecta es el aburrimiento y la inutilidad, tal vez por no tener un proyecto de vida útil o por no haberlo planeado, como decía la escritora arriba mencionada, ni para símismos ni para su familia ni para su comunidad. Muchas de estas personas, aunque sean dueñas de un enorme caudal de conocimientos, de tiempo y de aptitudes que pudieran compartir con sus semejantes, pese a su avanzada edad, como lo hicieron en su momento la Madre Teresa de Calcuta y otros venerables ancianos productivos, prefieren retirarse y optan por la inmovilidad, amedrentados de emprender nuevas y productivas tareas a su edad.
En nuestro país, el Instituto Nacional de Personas Adultas Mayores, INAPAM, ofrece una serie de prestaciones y estímulos a los que pueden tener derecho los ancianos; sin embargo, no existe para ellos una ayuda económica, pese a que la mayoría de ellos recibe una mísera pensión o miserable jubilación, y muchos ni siquiera eso, por lo que tal situación debería ser analizada y solucionada por las autoridades y por instituciones que, según eso, velan por su bienestar.
Y esto mismo deberían procurar también todos los demás integrantes de la Sociedad en condiciones de ayudar y que aún no han alcanzado edad avanzada, tomando en cuenta aquello que dice: “Como te ves me vi, y como me ves te verás”, pues una enorme parte de la población, más pronto de lo que espera, habrá de venir a integrar, en años venideros, parte de ese segmento de las personas ancianas, y entonces sí, muchos de ellos conocerán en carne propia lo que es la soledad, el abandono, las enfermedades, los desprecios y la escasez de recursos económicos.
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