Coherencia de vida, Debemos mostrar a Cristo con la fuerza del testimonio
Publicado en web el 10 de Enero, 2010Con fraterno saludo me dirijo a ustedes, hermanos presbíteros, en el calor del año sacerdotal. Deseo compartir unas reflexiones, fruto de un reciente estudio elaborado en Europa por Monseñor Schener, y confío en que, como medicamento preventivo, nos ayudará
Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
“Los sacerdotes no viven realmente el pulso de su vida. Hablan de cosas que, por lo general, no viven. No se sienten entusiasmados, les falta pasión por Cristo, arraigados anhelos de Cristo y, entre tantos deseos, el generoso deseo de acercar a muchos a Cristo. Esperan vida cristiana en otros, sin procurarla para ellos. Hablan de Dios con frecuencia, de manera profesional, pero sin unción y sin convicción. Así, la palabra de vida se congela, convirtiéndose en retórica, en rutina…
Numerosos sacerdotes jóvenes, y no tan jóvenes, tienen escasa sensibilidad ante la creciente necesidad de los demás y una pobre amabilidad en el trato con los fieles. Una razón, entre muchas, es que ‘el pozo se ha secado’; cuando se abandona la oración, el encuentro con Cristo, la pasión por la evangelización es escasa y el entusiasmo del primer día se extingue. Lejos de Dios, vacíos en su interior, buscan entretenerse, embotándose los sentimientos, ávidos de imágenes y de experiencias, con la posterior frustración y amargura, expresadas en sus muchas críticas y su mucho bienobrar…
Con el paso del tiempo se disimula el vacío interior y se actúa como si se viviera en intimidad con Dios.
En las homilías predican a Dios, pero sin sentirse comprometidos con lo que dicen.
La norma no es la Palabra, sino sus personales proyectos…
El silencio interior, la coherencia y la santidad, el recogimiento y la práctica de la caridad pastoral no aparecen en su lista de prioridades”…
Para ‘partir del abandono de Dios’ y volver al ‘amor primero’, hay que atender a lo que siempre ha recomendado la Iglesia a todo consagrado:
La diaria oración
La frecuente confesión sacramental
La adoración eucarística
La espontánea dirección espiritual
El amor filial a María Virgen
El apostolado, sobre todo entre los pobres, los alejados, los pecadores
¡Muchas felicidades a los nuevos sacerdotes y a los nuevos diáconos!
Invoquemos a María y a José.
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