Comunidad festiva, con una Madre Milagrosa
Publicado en web el 31 de Enero, 2010Cada día dos, Santa Anita, Jalisco, celebra jubilosamente la amorosa protección de la Madre de Dios, que a lo largo de siglos ha acompañado el desarrollo de este pueblo
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
El 2 de febrero se celebran en Santa Anita, Municipio de Tlaquepaque, Jalisco, las Fiestas en honor de Santa María de Santa Anita, imagen venerada en la región desde la llegada de los primeros evangelizadores, en 1542.
Los Franciscanos construyeron su Convento de fraternidad en Tlajomulco, y de ahí se extendieron por la zona haciendo fundaciones en los pueblos de visita, entre ellos: San Agustín, San Sebastián el Grande, San Sebastianito, Santa Cruz de las Flores, Cajititlán, San Lucas Evangelista, San Juan Evangelista, etcétera, trazando, así, lo que hoy se conoce como una Ruta Franciscana.
Ellos erigieron, en lo que ahora es el centro de Santa Anita, antes conocido como Atlixtac (que significa ‘agua blanca’), un hospital y una pequeña capilla, que actualmente está dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, pero que tuvo, al igual que la población, como primera Patrona, a Señora Santa Ana, según narra la Licenciada en Educación Aurora Alcántar Gutiérrez, Cronista Oficial del pueblo.
Amparo a los forasteros
El hospital de aquel entonces no era un sanatorio, sino más bien una hospedería, donde las personas que transitaban por el Camino Real de Colima podían pernoctar y recibir atención médica, sobre todo en las épocas de epidemia.
En aquel entonces (1700-1760), la Virgen comenzó a recibir culto por parte de los forasteros, que eran principalmente arrieros procedentes de Colima, quienes venían a vender sus mercancías a Guadalajara, en lo que hoy conocemos como Las Nueve Esquinas.
No se sabe cuándo llegó
El 29 de octubre de 1860, el Convento, la Parroquia y gran parte de su acervo, fueron saqueados y quemados por un movimiento anticlerical, por lo que no hay datos exactos de cuándo comenzó a venerarse la bendita imagen de Santa María de Santa Anita. Pero por fortuna, en aquella triste fecha, al percatarse la población de la inminencia del ataque, manos piadosas lograron poner a salvo la venerada imagen en el Convento de las Hermanas Capuchinas.
Se sabe por medio de la tradición oral, o porque consta en algunos documentos encontrados en la Curia Provincial Franciscana (Zapopan), que la imagen mariana, que mide 45 centímetros de altura, fue traída por un fraile ermitaño, de los primitivos evangelizadores de esas tierras.
Es una talla en cedro rojo, diferente a las de pasta de caña de maíz, como la de Zapopan o la de San Juan de los Lagos; por sus facciones, se piensa que es de origen español.
Milagrosísima imagen
El fraile llegó enfermo a Atlixtac y acudió a una curandera llamada Justina o Agustina para recibir atención médica; sin embargo, su curación no se logró y, al morir, sus pertenencias, entre ellas la hermosa escultura de la Virgen, pasaron a manos de aquella indígena conversa.
Durante muchos años, Justina la conservó como una devoción privada, pidiéndole su intercesión a la hora de preparar los medicamentos para curar enfermos; empero, los alivios alcanzados por su intercesión fueron tales, que inmediatamente se notó que eran de origen milagroso y humanamente inexplicables.
Relatan que cuando la curandera atendía a sus pacientes, notaba cambios en la encarnación de la imagen; esto es, si el enfermo iba a morir, la imagen adquiría una pigmentación morena; en esos casos, Justina los exhortaba a prepararse recibiendo el Sacramento de la Confesión y los últimos auxilios, a fin de que se fueran con las cuentas arregladas de este mundo. Mas, cuando iba a haber mejoría o sanación, la imagen se volvía sonrosada, chapeteada y radiante.
Al morir la curandera, la imagen pasó a custodia de los Frailes Franciscanos, quienes comenzaron a rendirle culto público.
De Inmaculada Concepción a Virgen de la Purificación
Es muy probable que su primera advocación haya sido la de La Inmaculada Concepción, mas en el año de 1700, aproximadamente, fue cuando cambió de Título, siendo venerada como Nuestra Señora de la Asunción, con festividad el 15 de agosto. A finales de ese mismo siglo, se le cambió de nuevo el Título a Nuestra Señora de la Purificación o de La Candelaria, por lo que se le agregó un Niño Jesús, una vela y todos los atributos propios de esta nueva advocación, que permanece hasta hoy en día.
Por eso su fiesta se celebra el 2 de febrero, Día de La Candelaria, pero en la víspera se lleva a cabo la famosa “Entrada de la cera”, cuando sus devotos le ofrecen una enorme cantidad de velas y otros regalos, como el vestido nuevo que utilizará durante la fiesta mayor, así como pelucas confeccionadas con cabello natural que algunos fieles, principalmente niñas, le obsequian como agradecimiento por favores recibidos. Tampoco faltan valiosas joyas, ornamentos y vasos sagrados para las celebraciones, y hasta algunos perfumes finos.
Asimismo, cada segundo día de mes se celebran actos de culto especiales, como “Mañanitas”, Misa de Alba, Rosario por las calles del pueblo, Rezo del Ángelus y del Rosario con la Guardia de la Virgen peregrinando por el atrio, entre otros.
Por otra parte, existe la costumbre de que cada día de febrero la imagen peregrina visite alguna casa del pueblo, por lo que después de la celebración del día 2, parte a recorrer las casas y regresa los días primero para los festejos del día dos.
El hogar de la Virgen
La Parroquia, que hoy lleva el nombre de Santa María de Santa Anita, surgió en 1948, en tiempos del Arzobispo José Garibi Rivera; sin embargo, el Santuario se construyó en 1732, fecha en que los milagros de la hermosa imagen ya extendían su fama, señaló Fray Rogelio Guillén Verdín, sacristán del Santuario.
Se tiene conocimiento de que en el año 1600 ya existía una capilla terminada en el lugar del templo actual.
El Párroco es Fray Rigoberto Amador Rubio, y su labor pastoral es apoyada por la Comunidad Franciscana en Santa Anita, que actualmente asciende a 16 frailes, siete de ellos sacerdotes, que viven en el Convento anexo al Santuario, y la cual también funge como Casa de Formación para los cuatro aspirantes al sacerdocio de esa Orden de Frailes Menores. Entre todos atienden a una comunidad compuesta por cerca de 70 mil habitantes.
La Parroquia cuenta con 22 Grupos de Pastoral; el más numeroso, es obviamente, la Orden Franciscana Seglar, pero destacan también varios grupos juveniles. Operan, además: Adoración Nocturna, Cursillos, Liturgia y Catequesis, entre otros.
Los sábados, a las 9 de la mañana, se reza el Santo Rosario de la manera tradicional en que lo hacían los primeros Franciscanos: “Recitándose versitos en cada misterio, haciendo meditaciones, rezando letanías y ofreciéndose veladoras, flores, incienso y perfume; es ésta una devoción muy socorrida”.
Datos de interés
En 1996, Santa Anita obtuvo el reconocimiento Record Guiness por haber colocado 94,095 plantas de Nochebuena desde el entronque de la Carretera México-Morelia hasta los pies del Altar del Santuario. El 2 de febrero se cortaron las flores (que sumaron aproximadamente trescientas mil) y se usaron como tapete para el recorrido de la imagen.
Toda una Reina
La coronación diocesana de la imagen de Nuestra Señora María de Santa Anita se llevó a cabo en 1988 con la anuencia del Arzobispo Juan Jesús Posadas Ocampo, y de manos del Obispo Auxiliar Ramón Godínez Flores.
La coronación pontificia se realizó el 29 de mayo de 2004, de manos del Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo Metropolitano.
Haciendo Historia:
En Santa Anita hubo un importante levantamiento cristero (1926-1929) por parte de María Catalina Chacón y sus hermanos, quienes vivían enfrente de la plaza y se sintieron muy ofendidos al encontrar la imagen de un Cristo mutilado, y con la cabeza de un cerdo o burro sobrepuesta. Al Movimiento se unieron más personas, y María Catalina fue condenada a morir fusilada. Al momento de cumplimentar la orden, la mujer pidió estar ante el pelotón de verdugos con los ojos sin vendar para poder ver las balas que le quitarían la vida por defender su fe; ante tal petición, el General a cargo de la ejecución mencionó que ya quisiera tres hombres con ese valor, por lo que no se atrevió a fusilarla y la perdonó, con la condición de que se fuera de México. Una vez terminada la persecución religiosa, María Catalina volvió a México y se unió a las Carmelitas Descalzas en Puebla, donando su casa en Santa Anita para edificar un asilo de ancianas; casa que recibió la Madre Naty, hoy Santa María de Jesús Sacramentado Venegas.Abogada de los enfermos
Nuestra Señora María de Santa Anita es reconocida, pues, como Abogada de los Enfermos. Los milagros que se atribuyen a su mediación son abundantes, contándose entre ellos, incluso, sorprendentes curaciones de cáncer o de otras enfermedades, incurables para la Ciencia; pero el milagro que le ganó el Título fue el siguiente:
En 1918 se propagó una enfermedad mortal, llamada “influenza o gripe española”, que rápidamente se convirtió en epidemia; la mayoría de la población estaba infectada y muchos fallecían.Los pobladores que aún no estaban enfermos, por temor a que la epidemia acabara con la comunidad, solicitaron que la imagen recorriera las calles del pueblo para bendecir a sus hijos, que les proporcionara la salud y que terminara la peste mortal. El permiso se concedió y la imagen recorrió en procesión todas las calles del pueblo. Y se cuenta que, tras del recorrido de la Virgen, únicamente dos personas más murieron y la enfermedad desapareció. El acontecimiento se consideró milagroso y afortunado para todos, así que Santa María de Santa Anita tomó el Título oficial de “Abogada de los Enfermos” por proteger a su pueblo de la enfermedad y por su celestial intercesión ante Dios.
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Nuestra Señora María de Santa Anita es reconocida, pues, como Abogada de los Enfermos. Los milagros que se atribuyen a su mediación son abundantes, contándose entre ellos, incluso, sorprendentes curaciones de cáncer o de otras enfermedades, incurables para la Ciencia; pero el milagro que le ganó el Título fue el siguiente:


