Discriminación, abandono y coacción
Publicado en web el 10 de Enero, 2010Muy estimados lectores:
El pasado día 25 de diciembre, como es mi costumbre anual, fui a celebrarles la Misa a los enfermos sidosos, en esa institución solidaria que se llama Paipid. A esta Misa navideña asisten numerosos fieles, entre los que se cuentan, desde luego, los atendidos ahí, que son como unos 160, entre niños y adultos, y a los cuales se unen algunos bienhechores y otros acompañantes.
Tras la Misa, suelo preguntar a la Madre Bertha sobre los casos más notables atendidos en esta institución, y su respuesta, esta vez, me dio tema a tratar para este mensaje semanal.
En la Misa se acercó por vez primera a la Mesa Eucarística una niñita de ocho años. Iba vestidita de blanco y muy arregladita por las religiosas que ahí prestan su servicio; de ella, supe que en ese lugar había sido abandonada por su madre sin dar alguna explicación, cuando apenas contaba con tres años de vida. La pequeña mostraba huellas de maltrato físico y moral y, por tanto, costó mucho esfuerzo hacer que recuperara la confianza en los seres humanos, que permitiera ser atendida y aprendiera lo que son afectos y calor humano.
Otro caso conmovedor fue el de un niño que mostraba un brazo quemado y en carne viva. Me dijeron que a ese pequeño su propia madre le había metido el brazo en el fuego, y que también lo había llevado ahí, para luego abandonarlo.
Asimismo, me relataron la historia de siete niños ahí albergados, enviados por el DIF, todos hermanitos, hijos de una sola mujer, cuya pareja, el padrastro, los había violado a los siete, transmitiéndoles una enfermedad venérea. A este respecto, no me atreví a preguntar, para no comprometer la respuesta, si acaso el DIF colabora con ayuda económica a esta institución o si solamente envía, como en este caso, niños en custodia.
Y digo esto por que a veces así obran las dependencias asistenciales del Gobierno: se desembarazan de problemas, canalizándolos a otras instituciones. Y, ante eso, cabe la pregunta: ¿Acaso el DIF o quienes decidieron enviar a estos niños al Paipid, destinaron alguna ayuda para su sostenimiento? ¿No considerarán que estos niños o cualquier otro enviado requieren comida, vestido, atención médica, medicinas y todo lo necesario para sobrevivir y superar su situación?
Además, hay una situación muy grave respecto a ese niño del brazo quemado, que requiere una intervención quirúrgica; mas, debido a burocratismos legales, como está en custodia en la institución, no puede ser movido de ella hasta que el Juez que sigue el caso le otorgue un permiso. Sin embargo, éste no ha sido obtenido. Yo no sé qué estará esperando ese Juez, ni sé quién es, pero debe saber que ahí no hay dinero para agilizar trámites; que se trata de una institución que vive de y para la caridad; pero, sea como fuere, a través de este medio envío este mensaje, tanto a él como a las autoridades correspondientes, para que atiendan éste y otros asuntos igualmente urgentes y delicados.
Mas, volviendo a lo ya mencionado, lo esencial es que podemos comprobar cómo, por desgracia, abundan los niños maltratados, que no son hijos del amor de un padre y una madre, sino producto de una pasión, fruto del pecado, y por lo tanto, rechazados y abandonados con suma facilidad por los propios progenitores.
Y estos niños abandonados no sólo proceden de hogares destruidos, de parejas pobres e ignorantes, de hombres o mujeres traumatizados, sino de personas que aparentan ser maduras, honorables y educadas; casadas y con hijos, pero de las cuales, al verlas, pienso: Éstos ¿cuántas “aventuras” e hijos fuera de matrimonio habrán tenido? ¿A cuántos habrán abandonado sin darles cariño, protección, ayuda y afecto de padre? Y de las mujeres me pregunto: ¿Cuántas habrán sido violentadas, engañadas, seducidas y abandonadas con la carga de hijos no deseados?
He sabido, a este propósito, que en algunas dependencias del Gobierno hay jefes que se aprovechan de su cargo para forzar a empleadas o secretarias, amenazándolas con el despido si no acceden a sus peticiones, y que algunos inclusive tienen dos, tres o cuatro mujeres embarazadas a la vez, en sus respectivas dependencias, sin que éstas protesten o lo denuncien por miedo a quedar sin empleo.
Esas son cosas reales que están sucediendo aquí en nuestro entorno.
Ante ello, y al comprobar los tristes resultados, hago un llamado a todas las personas a que reflexionen en que el sexo no es juguete; que engendrar es una cosa muy seria, porque se trata de trasmitir la vida a un nuevo ser humano, lo cual implica una enorme responsabilidad, que exige amor, compromiso y protección.
Creo que el juicio de Dios será muy severo para aquéllos que han vivido y actuado bajo el influjo de sus pasiones; aquéllos abusivos que aprovecharon de su situación de poder para ultrajar a sus subordinadas engendrando hijos que luego abandonan. Hay un Sexto Mandamiento que dice: “No fornicarás ni cometerás adulterio”, instituido por Dios para defender la vida y la dignidad de sus criaturas, y la integridad de la familia.
Que Dios los bendiga.
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