La próxima semana está destinada a orar por la Unidad de los Creyentes
Publicado en web el 17 de Enero, 2010Ecumenismo, promesa y necesidad
Muy estimados lectores:
Celebraremos en toda la Iglesia, de los días 18 al 25 de este mes de enero, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
Se trata de una iniciativa inspirada en el Concilio Vaticano II, que entre sus 16 Decretos publicó uno sobre el Ecumenismo; es decir, sobre nuestras relaciones con los otros cristianos no pertenecientes a la Iglesia Católica, donde se incluye tanto a protestantes como a ortodoxos separados; relaciones que deben ser de fraternidad, fijándonos, como dijo el Papa Juan XXIII, más en lo que nos une que en lo que nos separa, y pidiéndole juntos a Dios Nuestro Señor que un día lleguemos a formar la única Iglesia de Cristo Nuestro Señor.
Será una Semana de Oración y de hacer conciencia sobre ese pecado inmenso de la Cristiandad, que ha perdurado por siglos: estar separados, divididos.
La voluntad de Cristo al fundar su Iglesia fue muy clara; en la Última Cena, en su oración al Padre Celestial, antes de morir, le dijo: “Te pido por los que han de creer en Mí, que sean una sola cosa, como Tú y Yo somos uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado”; por tanto, la división entre cristianos es un pecado contra la voluntad de Cristo, que además impide la conversión del mundo pagano, que es inmensamente más grande que el mundo cristiano.
Hay en San Pablo, también, clara enseñanza sobre esta Unidad cuando afirma que hay sólo un Dios, Padre de todos; un solo Señor Jesucristo, que murió por todos; una sola Iglesia, que es un solo cuerpo, cuya cabeza es Cristo mismo, y nosotros, sus miembros; hay una sola fe y un solo bautismo. Estas son palabras del Apóstol San Pablo que nos urgen a esa unidad.
Hoy tenemos como sucesor de San Pedro a Su Santidad Benedicto XVI, un hombre de apertura extraordinaria, quien ha venido trabajando, acorde con ese espíritu del Vaticano II, por establecer lazos de unión y abrir las puertas a los hermanos separados. Como ejemplo de ello cito solamente dos recientes casos, ampliamente conocidos por la comunidad internacional: la apertura, recepción y el abrazo de paz que dio a los cuatro Obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre sin mandato apostólico, y que por ende estaban excomulgados; actitud por la cual, incluso, recibió críticas, ya que uno de ellos habría negado el Holocausto judío, de lo cual el Papa no tenía culpa, pues esa fue opinión personal del prelado.
El otro caso, también muy difundido, se refirió a la publicación del documento papal en el que Benedicto XVI invitaba a que sacerdotes de la Iglesia Anglicana que quisiesen acogerse a la Iglesia Católica lo hicieran, aun siendo casados, puesto que así se ha acostumbrado en esa Iglesia desde su separación de Roma en el Siglo XVI, y considerando también que el celibato obligatorio del sacerdote no es de mandato divino, sino ley particular de la Iglesia Católica a partir del Siglo XI.
A este respecto, cabe señalar que en la propia Iglesia Católica, pero de ritos orientales, siempre se ha admitido el matrimonio a los sacerdotes, mas no a los Obispos; por lo tanto, el Santo Padre demostró que no se fija en lo menos, a fin de obtener lo más.
El don de la Unidad es, pues, un don inmenso; por ello, al celebrarse esta Semana de Oración, yo invito a todos los fieles creyentes a rogar a Dios Nuestro Señor para que lleguemos un día, con el auxilio del Espíritu Santo, que es el alma de la Iglesia, a lograr la anhelada Unidad de todos los cristianos, a la cual, quienes profesamos esta fe en Cristo fundada en la caridad, no debemos poner obstáculos con ofensas, injurias y malos tratos a esos hermanos separados, sino siendo respetuosos de la opción y conciencia de cada quien.
Que Dios los bendiga.
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