Octavario de unidad, El Ecumenismo en América
Publicado en web el 24 de Enero, 2010“Muchos hombres en todas partes han sido movidos por la Gracia del Espíritu Santo para restablecer la unión de todos los cristianos. Participan en este Movimiento de la Unidad, llamado Ecuménico, los que invocan al Dios Trino y confiesan que Jesucristo es el Señor y el Salvador, y no lo hace cada uno por su cuenta, sino también congregados en asambleas, en las que oyen el Evangelio, y a las que cada uno califica como iglesia suya y de Dios” (Cfr. Concilio Vaticano II, Decreto “Unitatis Redintegratio”, Proemio. 21-Nov. 1964)

Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso
El esquema del Decreto “Unitatis Redintegratio” (Restauración de la Unidad), nos sirve perfectamente para destacar los renglones principales del Ecumenismo y proyectarlos a la situación de nuestra América. Los exponemos en síntesis iluminadora.
Después de un proemio motivador, del cual tomamos el párrafo guía, el texto plantea los Principios sobre el Ecumenismo y la relación de los hermanos separados con la Iglesia.
Enseguida expone la Práctica del Ecumenismo en varios aspectos como la Renovación de la Iglesia en fidelidad a su vocación a través de la conversión del corazón y la oración unánime (pública y privada), por la unidad de los cristianos.
Insiste en el conocimiento mutuo de los hermanos; de su doctrina e historia, y su vida espiritual. Todo ello para alcanzar, en instituciones teológicas, una formación ecumenista que ilumine la forma de expresar y de exponer la Doctrina de la Fe y evite un falso irenismo (creencia o confianza en la paz universal). Y reitera el esfuerzo común para dar un testimonio de mutua estima.
Finalmente, hace una consideración peculiar del carácter e historia propia de las Iglesias Orientales, con su tradición litúrgica y espiritual, y su disciplina propia. Pone atención especial a la confesión, explícita, de Cristo; al estudio de la Sagrada Escritura (que ha florecido en fecundos encuentros ecuménicos, aun en tierras de Misión); en la vida sacramental (que nos sorprendió en la reciente comunión plena con hermanos anglicanos); y en la “Vida con Cristo”, pues la vida cristiana de estos hermanos se nutre de la Fe en Cristo y se robustece con la Gracia del Bautismo y con la Palabra de Dios oída, con sus manifestaciones de meditación bíblica y en el culto de la comunidad congregada para alabar a Dios (Cfr. n° 23).
Termina el Documento con el desear ardientemente que los proyectos de unión progresen a la luz de lo dicho por San Pablo: Rom.5,5: “Y la esperanza no quedará fallida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado”.
ejemplos e impulsos ecuménicos
en nuestra américa
Ante todo, está el ejemplo genuinamente ecuménico de Benedicto XVI, apenas hace días, con su fraternidad “paternal” hacia los Anglicanos que optaron por la comunión plena. Y su actitud de benevolencia y respeto hacia las Iglesias Orientales.
Impulso netamente eclesial han sido los párrafos específicos de las Reuniones Generales del CELAM, en línea siempre de discernimiento, diálogo, participación y unidad, desde Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida, y el digno cierre de la Exhortación Apostólica “Ecclesia in America”, que precisó el espíritu de comunión fraterna.
El Señor de la Mies permita que nos empapemos del anhelo expresado en sus palabras: “Que todos sean uno”, según el evangelista San Juan 17,21, sin caer en el falso irenismo que ya citamos. La lluvia de casos concretos, promisorios y esperanzadores, abunda en nuestra América, desde Alaska a la Patagonia, literalmente.
Esta Semana 18-25 de enero es en verdad Ecuménica y dialogal, en el anhelo de Jesús. Ejemplo claro fueron las Jornadas realizadas en Guadalajara. (Cfr. Bitácora de esta América Nuestra del 29-I-2006 y 28-I-2007, en SEMANARIO y obviamente en este enero).
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