“Siento compasión de esta multitud” Mc.VI, 34, El terremoto de Haití y su tragedia humana
Publicado en web el 31 de Enero, 2010“Amando a los pobres, el cristiano imita las actitudes del Señor Jesús, quien en su vida terrena se dedicó, con sentimientos de compasión, a las necesidades de las personas espiritual y materialmente indigentes” (Cfr. Exhortación Apostólica “Ecclesia in America”, N° 58)
Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso
El sentimiento de misericordia, de compasión, de lástima hondamente humano, profundamente cristiano, se ha manifestado ante una tragedia de las dimensiones dramáticas del Terremoto de 7.7° que sacudió y derrumbó, literalmente, la tercera parte de Haití, país hermano, pobre entre los pobres del mundo.
Haití, nación densamente poblada (331 habitantes por Km. cuadrado), posee una extensión de apenas 27 mil Kms. (Jalisco sobrepasa los 82 mil), y es patria de más de nueve millones de laboriosos habitantes, quienes cuentan apenas con 25 médicos para cada 100 mil posibles pacientes; y sólo un 54% de ellos tiene acceso al agua potable. La mortalidad infantil es de 63 de cada mil recién nacidos, y es un país con un promedio de cinco hijos por mujer, cuyas esperanzas de vida apenas alcanzan de los 55 a los 58 años. (México registra entre 72 y 78 esa esperanza).
Los afectados del terremoto se han calculado en tres millones (¡), una tercera parte de la nación (9,200,000). De los muertos, con la perspectiva ya de varios días, se proyectan cifras asombrosas (ciertamente se han enterrado y/o cremado, 150,000 al día 27-I). La categoría de desaparecidos pudiera ser muy grande.
Si las ruinas de edificios más notables nos puede dimensionar la tragedia, cabe señalar que se derrumbaron la señorial Catedral, de estilo medio gótico, (se contó al Arzobispo entre las víctimas fatales); el Palacio Presidencial de los fastuosos dictadores Duvalier, así como la casa del Presidente René Preval, hoy damnificado sobreviviente. También cayó el Cuartel de las Fuerzas de la ONU, originando 72 víctimas. En el Seminario Mayor fallecieron 200 estudiantes, y cayeron derruidos varios hospitales de los pocos existentes; el Estadio deportivo (no hay reportes de sobrevivencia de los “seleccionados” del equipo de futbol), resintió, igualmente, serios daños, así como incontables casas habitación de Puerto Príncipe, epicentro del sismo. Caos y desolación son todavía hoy palpables.
La ayuda fraterna
intercontinental
Desde el Papa Benedicto XVI con una sensibilidad humana y paternal muy expresiva, hasta las decisiones de Barack Obama y sus acuerdos con el Presidente de Francia, Zarkosy, país del cual Haití fue pobre y explotada colonia durante varios siglos, la ayuda no se hizo esperar. Todo ello, junto con los envíos de la Unión Europea, como la de España y su buque-hospital. Notoria ha sido la coordinación frontal de la ONU, desde la visita personal de su Secretario General, Ban-Ki-Moon, y sus equipos de rescatistas y auxilio que ya han salvado muchas vidas de entre los escombros. Se han abierto ya más de 280 Centros de Urgencias.
Las aportaciones de Latinoamérica han sido expeditas. Destacan las de Brasil, más sensible por sus tropas allá destacadas y por sus fallecidos. La respuesta de México, reflejada en el gran avión Hércules 3616 y el Buque “Huasteco” de rescate y personal hospitalario, alimentos y medicinas con material de curación y de primeros auxilios, ha sido generosa. Lo mismo se diga de sectores de Guadalajara con centros en las Presidencias Municipales, contando con la coordinación de instituciones como Cáritas, el DIF Jalisco y la Cruz Roja.
Perspectivas de recuperación ante el drama
Las expectativas de resarcimiento tendrán que cumplir una labor ingente. Ya de por sí Haití sufrió en 2008 cuatro ciclones huracanados que afectaron su magra infraestructura. Por múltiples causas, históricas, político-sociales o naturales como ahora, Haití es un país sumido en la pobreza en un 80% de su gente. Además, un territorio agrícola de subsistencia elemental. El Gobierno formal ha sido rebasado para afrontar el “panorama asolador” de desastre y desorden (caos, en una palabra). La ONU y Estados Unidos han decidido y ofrecido al Presidente René Preval atajar los casos de pillaje y despojo. Sus fuerzas ya están repartidas para encontrar cadáveres, evitar epidemias, reimplantar el orden social, redistribuir la ayuda (tal vez como el problema más agudo) y repartirla ordenadamente. Faltan todavía médicos cirujanos, al igual que antibióticos y analgésicos.
Jaime Preciado Coronado, serio investigador, quiere prender una llama de esperanza; “chispa”, dijo él, para enfrentar el desafío de levantarse de las cenizas. Esa tónica ha sido la de Benedicto XVI, la de la ONU y la de Barack Obama, significativamente. Cáritas Internacional trabaja firmemente por esa utopía: alcanzar, ante todo, una estabilidad básica de renacimiento.
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