Aberrantes y deplorables, las disposiciones legales en el DF que equiparan a “matrimonio” la unión de homosexuales
Publicado en web el 17 de Enero, 2010Sólo por molestar
El PRD ha querido desviar la atención sobre el asunto en torno a las personas con tendencias homosexuales. Quiere presentar a la Iglesia como enemiga de los que sienten este atractivo. Repetimos que merecen respeto, y el conflicto no son, en sustancia, sus gustos, sino la actitud reiteradamente negativa de estos legisladores del Distrito Federal y de algunos de sus dirigentes.
No aceptan que alguien discrepe de sus opiniones. Es el reflejo de su incapacidad para tejer propuestas positivas. Cualquier actividad pública de la Iglesia les molesta, como si los que pertenecen a ésta no tuvieran derecho, también, a externar su punto de vista. Se quejan de que los católicos quieren imponer sus criterios morales como leyes de vida, y la verdad es que los congresistas del PRD y del PT, sin empacho alguno, sí han elevado sus gustos a rango legal. La responsabilidad con la Naturaleza debería ser mayor que cualquier criterio subjetivo.
Parece que las leyes que se han preocupado de aprobar están marcadas con el signo del conflicto, aunque con el membrete falaz de tolerancia y protección de los derechos humanos. Dicen defenderla, pero son los más intolerantes. No conocemos alguna Ley que hayan promovido que tienda a favorecer el bien común. Su Gobierno organiza conciertos ‘populares’para dar pan y circo a sus habitantes, pero es a costa del mismo pago de impuestos de sus contribuyentes, y a costa de que muchos negocios de entretenimiento en el Distrito Federal estén yéndose a la quiebra.
Sólo se generan la admiración de pocos, en realidad, y el cuestionamiento de la mayoría, que ve con sensatez sus impertinencias, por sus propuestas sin sentido común, perjudiciales, sin respeto por las instituciones, despreciando cualquier orden moral. No acaban de digerir su fracaso en las Elecciones de 2006. Le achacan su derrota a la intervención de la Iglesia, y creen que éste es su modo de venganza. Ellos mismos labraron su derrota.
Ojalá tuviéramos una izquierda competente, fuerte, propositiva, pero sin amarguras, con la que diera gusto y satisfacción intelectual discutir temas importantes para México, sin revanchismos, con argumentos sólidos, con ideología y doctrina claras (no volubles y temporales), orgánicas, que miren al bien común, como contrapeso, por ejemplo, al Capitalismo y al Liberalismo deshumanizante; pero no, se han aliado a propuestas despersonalizadotas; pero no, se regodean en el conflicto y la confrontación. Es su eje de acción, su actitud de vida.
Su queja es continua, rayando en la sensación del que es víctima, con cierto delirio de persecución. Han prosperado sus iniciativas porque son mayoría en su Congreso, pero no porque reflejen, al menos, la opinión de la mayoría. Aducen la laicidad del Estado contra la opinión (le llaman injerencia ilegal) de algún miembro de la Iglesia. Sus mejores argumentos son las descalificaciones (la Iglesia es del Siglo XVI, sus miembros son oscurantistas, son pedófilos, etc.), no las razones.
No dudamos de que los legisladores del Distrito Federal tendrán algunas buenas ideas y habrán promovido alguna norma positiva; pero, por lo que más se han distinguido es por el escándalo intencional que han provocado con leyes que no benefician a nadie, ni siquiera a aquellos que dicen (o quieren) beneficiar, olvidándose, con esto, no sólo del bien común (por lo que fueron elegidos), sino de la voluntad de la mayoría de sus electores y habitantes.
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