¡Que vivan los amigos!
Publicado en web el 14 de Febrero, 2010
Sección Diocesana de Pastoral Juvenil
Una de las experiencias más hermosas de la vida es, sin duda, la amistad. Y para los jóvenes, ¡ni qué decir! No es necesario realizar sondeos para saber lo importante que son los amigos. Tampoco hace falta acudir a estudios psicológicos y sociológicos para darnos cuenta del lugar tan especial que ocupa la amistad para ellos. Una de las respuestas más frecuentes que dan a sus padres es: “estoy con mis amigos”, “voy con mis amigos”, invité a mis amigos”, “ellos son mis amigos”, etc.
El estar entre amigos lo viven como un espacio privilegiado donde se sienten queridos, aceptados, escuchados, comprendidos y, sobre todo, no juzgados. En el grupo de amigos, la confianza y la libertad son cualidades buscadas y también encontradas. A través de la amistad establecen verdaderos y profundos vínculos, llegan a quererse de verdad. Es una escuela de crecimiento y madurez afectiva, de compromiso, de solidaridad, de fraternidad.
Un verdadero amigo
Aun con esto, no todo está hecho ni todo está tan claro. Hoy en día constatamos una gran sed de amistad, casi como si estuviéramos perdiendo la capacidad de ser amigos. Aquí encajan bien las palabras de José Luis Martín Descalzo: “Ser un buen amigo o encontrar un buen amigo, son las dos cosas más difíciles del mundo, porque suponen la renuncia a dos egoísmos y la suma de dos generosidades”.
También en el grupo de amigos, en las amistades, suelen darse errores, caídas, pretensiones equivocadas, heridas y graves daños psicológicos y morales. Hay preguntas que es preciso responder una y otra vez: ¿Quiénes son tus amigos?, ¿por qué son amigos?, ¿en qué se diferencia un amigo, de un cuate o de un colega?, ¿qué espero de los amigos?, ¿qué estoy dispuesto a hacer por los amigos?, ¿de qué hablas con tus amigos?, ¿qué no perdonarías al amigo?, ¿los amigos te hacen sentir bien siempre?, ¿cuántos verdaderos amigos tienes?
Las repuestas son tantas y tan variadas, que pueden llevar a un caos o confusión seria, porque la amistad no es un juego, es tan serio como la propia vida. Ya lo decía Aristóteles: “La amistad es lo más necesario en la vida, porque sin amigos nadie querría vivir”.
El ambiente que nos rodea ha devaluado mucho la amistad, rebajándola a un sentimiento pasajero, a una diversión, a un artículo que se compra y se vende, a un producto consumista, a un día al año para vestirla de corazones, chocolates y monos de peluche. La amistad sufre, por así decirlo, la misma situación del agua: es vital, todos la necesitamos, está escaseando y aun así la malgastamos y contaminamos. Y, así, más que ayudarnos, nos perjudica. Igual pasa con la amistad: si está “contaminada”, lejos de hacernos bien, nos hace mal, porque ha dejado de ser lo que debería ser.
Dios creó la Amistad
Dios creó la amistad porque Dios es Amor, y nos ha creado por amor, en el amor y para el amor. Ahí radica la esencia misma de todo hombre y de toda mujer. El amor tiene diversas expresiones: paternal, maternal, filial, fraternal, de amistad. En la medida que seamos y nos sintamos amados, y en la medida en que amemos, seremos las personas más realizadas, plenas y felices. Bellamente nos dice el Apóstol San Juan, quien fue, además, uno de los amigos más cercanos de Jesús:
“Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene, enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por Él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados” (1 Jn 4,9-10).
En Jesús encontramos la Humanidad en su más perfecta y pura expresión. Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, es el modelo, el arquetipo, el camino para llegar a ser también nosotros plenamente humanos en el amor, en la amistad. Para la Psicología, los grandes hombres, si son profundos no son prácticos; si son tiernos, no son tenaces; si son activos, no son contemplativos. Jesús, no. Él rompe con estos “moldes”. Él conjuntó estos y más elementos en su vida terrena. Sólo Jesús es indomable hasta la dureza y tierno como una madre; posee una mirada amplísima y ve las cosas más diminutas; se enciende como una hoguera en llamas de cólera profética, y guarda silencio ante las injusticias más abominables; vive entregado a Dios Padre, pasa noches enteras solitario y apartado de los hombres; y vive también entre las multitudes, amando a todos hasta morir por ellos.
Algunas de las características de la amistad en Jesús son:
ATENCIÓN: Jesús es atento con sus amigos. Se interesa por su vida y sus problemas. Un ejemplo de ello es cómo se preocupa por la fatiga de los apóstoles al regresar de su misión (Cfr. Mc 6,31). Cristo fue y sigue siendo el amigo fiel de los pequeños y de los pobres: amigo de los pobres en relaciones y los llamados humildes; amigo de los pobres en orgullo y que se dicen malos; amigo, sobre todo, de los pobres en virtudes y que se sienten pecadores. En cada rostro humano no veía un problema a resolver, sino un amigo a amar.
PREFERENCIA: Entre todos los apóstoles, Jesús tuvo preferencia por Pedro, Santiago y Juan. Ellos lo acompañaron en los momentos importantes de su vida… Juan, el apóstol más joven, fue “el discípulo amado”.
PARTICIPACIÓN: Jesús comparte con ellos los secretos de su Padre: “a ustedes los llamo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre se lo he dado a conocer a ustedes” (Jn 15,15). Comparte su angustia en el Huerto de los Olivos (Cfr. Mc 14,33-34). Comparte sus sueños, sus preocupaciones, su misión.
PERDÓN: Jesús comprende a los amigos y sabe perdonar. Perdona a Pedro (Cfr. Lc 22,61), a María Magdalena (Cfr. Lc 7,39). Siempre confía en el corazón del hombre, en el corazón del amigo.
PERFECCIÓN: Por la amistad, quien se acerca a Jesús siente liberación, vida nueva, salvación; deseo de responder a tan grande amor: Zaqueo, Mateo, Magdalena, etc.
ES DON TOTAL: Jesús llamó a todos los hombres amigos y firmó con su sangre la medida de la perfecta amistad: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Manifestó esa entrega en la Cruz. Siempre dispuesto a servir, a levantar, sanar, ayudar, animar.
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Avisos de Pastoral Juvenil
PRE-PASCUA
• Febrero 20 y 21 del año en curso, 9 a.m. Se realizará en el Colegio Fray Pedro de Gante (Av. López Mateos Norte, entre Jesús García y José María Vigil, Sector Hidalgo). . Costo de inscripción por persona: $10.00 pesos (No incluye material).
Si eres de algún Decanato foráneo o de otra Diócesis y requieres hospedaje, por favor comunícate con nosotros al Correo pj-diocesana-gdl@hotmail.com antes del día 15 de febrero.En contacto
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