5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Palabra del Domingo | Edición:

¿Quién es Jesús?

Publicado en web el 14 de Febrero, 2010

35Juan López Vergara

El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia ofrece hoy, forma parte del discurso conocido como “El Sermón de la llanura” (Lc 6, 20-49). Corresponde a su exordio, compuesto por cuatro bienaventuranzas y sus respectivas malaventuras; preciosa muestra del núcleo de la Buena Nueva predicada por Jesús (vv. 20-26).

¿A quiénes interpela Jesús?
El Señor dirige su discurso a sus más cercanos seguidores: “Mirando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo” (v. 20). Sin embargo, por el marco introductorio, Lucas indica que el mensaje abarca también al pueblo: “Jesús descendió del monte con sus discípulos y sus apóstoles y se detuvo en un llano. Allí se encontraba ‘mucha gente’, que había venido [...] ‘para escucharlo’ y ser curados” (vv. 17-18); y lo subraya durante el desarrollo del discurso: “los que me escucháis” (v. 27); y cuando introduce la parábola con que cierra el discurso: “Todo el que venga a Mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante” (v. 47). Lucas indica, así, que Jesús dirige su anuncio al pueblo en general, a todos los que estén dispuestos a escuchar y a hacer vida su propuesta.

Los valores se invierten
El rico está en peligro por el hecho de ser rico: “Pero, ¡ay de ustedes, los ‘ricos’, porque ya tienen su consuelo!” (v. 24). Pero, ¿quién es “rico” conforme a los criterios evangélicos? Es “rico” quien vive placenteramente, olvidándose del pobre: “Había un hombre ‘rico’ que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno ‘pobre’, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del ‘rico’… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas” (Lc 16, 19-21).

Asimismo, se considera “rico”, a quien deposita su confianza en sus riquezas: “Los campos de cierto hombre ‘rico’ dieron mucho fruto [...] y pensaba entre sí, diciendo: ‘Qué haré? [...] diré a mi alma: ‘Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche reclamarán tu alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’ Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios” (Lc 12, 13-21).

La propuesta de Jesús reinvierte los valores, al ubicar a los “ricos” en las antípodas del anuncio de las Bienaventuranzas. En el Evangelio según San Lucas, las Bienaventuranzas van seguidas de sus correspondientes “ayes”; los cuales no aparecen en Mateo (compárese 5, 3-12). ¿No se deberá a que la comunidad lucana se estaría mostrando indiferente hacia el hermano pobre?

Jesús afirma que sus seguidores deben alegrarse cuando los insulten y maldigan a causa del Hijo del hombre y, la razón que ofrece, es porque “así trataron sus padres a los profetas” (véase v. 23). Estas palabras entrañan una profunda revelación cristológica, pues si a quienes escuchan y ponen en práctica su mensaje, Jesús los compara con los profetas, entonces, ¿quién es Él?

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