5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Imposición de sotanas | Semillero de Vocaciones | Edición:

Dios mismo nos ha elegido

Publicado en web el 14 de Febrero, 2010

30José de Jesús Ortega Montes, 2o de Teología

Pudiera decirse, con un dejo de negro humor: “Tapalpa se vistió de negro”; mas no precisamente por luto, sino ante el gozo experimentado por 78 seminaristas y sus familiares, a quienes les fue impuesta la sotana, ceremonia mediante la cual dieron un paso adelante en su respuesta a la vocación sacerdotal, a esa “llamada de Dios a la vida cristiana o al sacerdocio dentro de ella, que es un don divino”. Así lo señaló el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, quien presidió la Celebración Eucarística, el domingo 31 de enero, en el Templo Parroquial de San Antonio de Padua, en esa población serrana, acompañado por el Obispo Ariel Edgardo Torrado, de Santiago de la Espera, Argentina.

Para crecer en Dios

El seminarista, al vestir este hábito clerical, adquiere el compromiso formal de seguir preparándose libre y generosamente para su futuro ministerio, dijo, asimismo, el Cardenal en su homilía, al exhortar a los alumnos a ser conscientes de la preparación que deben tener para ser profetas del Nuevo Testamento, a fin de cumplir cabalmente el mandato de Nuestro Señor Jesucristo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” (Cf Mt 28, 19-20), “pues ésta es -añadió- la principal tarea del sacerdote ante un mundo que no permite que le cuestionen su modo de vida y que le inquieten, porque el profeta es para todos”.

Igualmente, nuestro Pastor invitó a entender que la obligación principal de nosotros como seminaristas es la de amar a Cristo con pasión, así como lo amaron los apóstoles, quienes dieron la vida por Él, pues si amamos a Dios, todo en nuestra vida irá bien; de lo contrario, el ministerio será pesado, ya que, según afirma San Agustín, el ministerio sacerdotal es un “oficio de amor”, y desde el día en que toma la sotana, es menester que el seminarista crezca cada vez más en el amor a Dios. Tal es el sentido espiritual de este acontecimiento, y es esto lo que compartimos en nuestra Iglesia y en nuestro Seminario como institución.

Un Curso Introductorio a la vida espiritual

Ahora bien, la intención de enviar a seminaristas al medio ambiente de la Sierra, precisamente en Tapalpa -en el caso del Seminario Diocesano de Señor San José-, antes de vestir la sotana, es para proporcionarles un espacio propicio para que tengan su “año de reflexión y espiritualidad”, mediante el denominado Curso Introductorio.

Esa etapa es una respuesta a la indicación del Concilio Vaticano II, y se ubica entre la culminación de los estudios humanísticos (Secundaria y Preparatoria) y el inicio de los estudios propiamente sacerdotales (Filosofía y Teología); en ella, se le proponen al aspirante al sacerdocio los medios para una formación cristiana más profunda, medios para una constante vida de oración, para el encuentro personal con Cristo y la Historia de la Salvación, y se le adentra en el Misterio de la elección libre por parte de Dios; todo lo cual conduce al seminarista a que tome una decisión mas firme y comprometida en su respuesta a la vocación.

No es un Sacramento

La imposición de la sotana no es un Sacramento, sino un signo de que el Seminario acepta el compromiso serio del postulante, y conlleva claramente una mayor responsabilidad.
A propósito de la ceremonia de ese día, la cual coincidió con la celebración litúrgica de San Juan Bosco, se subrayó el hecho de que este santo, al serle impuesto el hábito talar, lo consideró todo un acontecimiento, pues significaba la aceptación de llevar la sotana para toda la vida, y que, mediante ella, sería tenido por una persona distinguida mediante esa forma de vestir, clara indicación de su entrega absoluta a Dios.

Se cuenta que, ese mismo día, su madre se le acercó y le dirigió estas palabras: “Puedes imaginarte, hijo mío, la gran alegría que embarga mi corazón; pero, por favor, no deshonres nunca este hábito. Sería mejor que lo abandonaras. Recuerda que cuando viniste al mundo yo te consagré por entero a la Virgen María; cuando comenzaste tus estudios te recomendé la tierna devoción hacia Ella, y por ello ahora te encarezco que seas todo de ella… y si llegas a ser sacerdote, que recomiendes y propagues siempre su devoción…”
Éste es, sin duda, un testimonio de la alegría que da el ver a un compañero o a un familiar llevar la sotana, pues simboliza su renuncia al mundo, como una opción para vivir consagrado a Dios, separado de lo que aparta de la gracia divina. Fue por eso que quienes ya hemos recibido esta vestimenta con anterioridad, compartimos con nuestros hermanos, en esa fecha memorable, la alegría de su aceptación de seguir adelante en su camino al sacerdocio, de haberse puesto de manera más cercana bajo la protección de Dios mismo que nos ha elegido, y de poder acogerse a la bondad maternal de Nuestra Madre celestial, la Virgen María.

Tras concluir la ceremonia, el Arzobispo Metropolitano instó a los padres de familia, sobre todo a aquéllos que se dicen cristianos, a respetar la decisión de sus hijos en cuanto a su vocación y a no oponerse a ella. Y pidió, asimismo, oraciones al Señor para que conceda ser fieles y permanecer en el camino del llamado, a los jóvenes que recién recibieron su sotana con alegría.

Finalmente, los flamantes levitas investidos disfrutaron, durante el resto del día, de una cálida convivencia con sus padres, hermanos, familiares y demás amistades.

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