5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Arrepentimiento y enmienda | Varios | Edición:

Iniciando bien la cuaresma

Publicado en web el 21 de Febrero, 2010

En el comienzo de este tiempo santo del Año Litúrgico, que nos recuerda los Misterios de la Pasión y Muerte del Señor y nos prepara al de la Pascua de Resurrección, conviene repasar y poner en práctica las condiciones indispensables para una buena Confesión

22Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara

Recién transcurrido el Miércoles de Ceniza, este 17 de febrero, quiero invitarles a pedir, confiada y humildemente, la gracia de la conversión, y una mejor experiencia del Sacramento de la Reconciliación.
Cuenta un hijo espiritual del Padre Pío de Pietrelcina que, en 1950, cuando él tenía 19 años, fue a San Giovanni Rotondo, movido por la curiosidad de conocer al fraile estigmatizado.
Por la mañana, se levantó temprano para asistir a la Eucaristía, celebrada por el Padre Pío, y luego decidió confesarse, pero sin arrepentimiento y con una notable indiferencia espiritual. Apenas se arrodilló, sin decir todavía palabra alguna, el Padre Pío le gritó: “fuera”. Y éste se alejó rápidamente, con el propósito de no volver a acercarse alguna vez al confesionario. Y así transcurrieron años y décadas.
Sin embargo, en 1990, el recuerdo del Padre Pío volvió a ocupar su mente, aunque la resistencia al Sacramento se prolongó hasta 1994. Por fin, movido por el ejemplar testimonio del Padre Pío, que como recordaremos falleció en 1968, tras solicitar ayuda para reconciliarse correctamente con Dios, hizo su confesión, y después, conversando con un sacerdote capuchino, manifestó el estar gozando de una profunda paz.

El significado y la exigencia

En esta Cuaresma deseo, invocando la intercesión de la Santísima
Virgen María y de todos los Santos,
recordarles qué es convertirse:
La conversión es encontrarse con Cristo. Es decir: asumir, en consecuencia, un modo distinto de pensar y de actuar, poniendo a Jesucristo al centro y por encima de todo y de todos; es mostrarse dispuesto, si fuera necesario, a renunciar a todo, aunque personalmente nos sea muy querido o apreciado. Significa librarse de los ídolos, de los deseos o de los apegos que nos hemos creado y que atan y esclavizan nuestro corazón. Por ejemplo: Bienestar, prestigio social, afectos desordenados, envidias, ambiciones por ocupar “mejores” puestos, ansias de gozar de la estima de los demás, aparentando ser lo que no somos.
Un Religioso Capuchino, el
Padre Pellegrino, escribió: “Todos aquellos que recibían la absolución del Padre Pío iniciaban un camino definitivo hacia una nueva vida, con manifestaciones de alegría incontenible, capaces de una vida evangélica, cualquiera que fuese el lugar donde se encontraran”.
El encuentro con Jesús en la Confesión, es señal, pues, de conversión, y un exigente compromiso de evangelización.

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