5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Palabra del Domingo | Edición:

La letra mata, el Espíritu da vida

Publicado en web el 21 de Febrero, 2010

35Juan López Vergara

El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia ofrece el día de hoy muestra el misterio profundísimo de las tentaciones enfrentadas por el Señor Jesús, descritas con simbólica maestría. Estas pruebas, Jesús las venció mediante la interpretación de la Palabra de Dios, a la luz del Espíritu (Lc 4, 1-13).

El enfrentamiento
Jesús, conducido por el Espíritu, “se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio” (vv. 1-2a). En el desierto se dieron cita el misterio del Mal y el misterio del Bien. A través del efímero espectáculo de las cosas, el enemigo probó a Jesús; por el contrario, el Espíritu lo impulsó desde su interior, actuando en lo más íntimo de su ser. En el desierto, lugar de soledad, vivió Jesús la espantosa experiencia del vacío: “No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron, sintió hambre” (v. 2b). Sin duda, el centro de nuestra fe cristiana radica en el misterio de la humildad de Dios.

El baluarte de la Palabra
El demonio se propuso, entonces, trastornar las buenas relaciones entre Dios y Jesús, y empezó por servirse del hambre como tentación: “Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan” (v. 3). Pero Jesús recurrió a la Palabra de Dios y le contestó: “Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’” (v. 4). El demonio, príncipe del engaño, lo llevó después hacia una altura y le mostró todos los reinos, prometiendo entregárselos si se postraba delante de él: “A mí me ha sido entregado todo el poder y la gloria de estos reinos” (v. 6). De nuevo, Jesús, contundentemente, libró la tentación acudiendo a la Palabra de Dios: “Esta escrito: ‘Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él sólo servirás’” (v. 8). El demonio, por último, lo condujo a Jerusalén a la parte más alta del templo y, haciendo mal uso de la Palabra de Dios, tentó a Jesús: “Si eres Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: ‘Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen con las piedras’” (v. 10). El sentido de la Sagrada Escritura es torcido por el demonio; pero Jesús, tajante, interpretando con verdad la Palabra de Dios, respondió: “No tentarás al Señor, tu Dios” (v. 12).
Lucas muestra, así, que Jesús se negó a aceptar tentar a Dios, pues comprendió que la humillación y la obediencia eran el camino del Mesías y Siervo de Dios. El Mal fue desplegado a través de las malévolas y mentirosas propuestas del demonio, mientras que el Bien está siempre presente en la Sagrada Escritura, a la cual Jesús recurrió como eficaz escudo ante la tentación.
En suma, Dios desplegó su providente solicitud mediante las frases de la Escritura anidadas en la memoria fiel de Jesús, a través del Espíritu que actúa en su interior. “La letra mata; mas el Espíritu da vida” (II Co 3, 6).

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