Memoria de santidad
Publicado en web el 28 de Febrero, 2010Hijo del Beato Ezequiel Huerta Gutiérrez, el Jesuita Ezequiel de Jesús tuvo como meta de vida amar y servir, con generosa entrega y una eterna sonrisa, “Para Mayor Gloria de Dios”
Pbro. Maurilio Martínez Tamayo
Los Beatos Mártires Ezequiel y Salvador Huerta, que al morir proclamaron con su sangre el Reinado de Cristo, dejaron tras de sí dos familias sumidas en la tristeza y el dolor por la ausencia del padre, pero confiadas en la Divina Providencia.
Uno de estos hijos del Beato Ezequiel, fue Ezequiel Huerta García, Hermano Jesuita, el cual tenía seis años cuando su padre murió. Era, efectivamente, un niño cuando su papá fue arrebatado, pero ese poco tiempo le bastó para recordarlo toda la vida.
Al encuentro del Padre
Por desgracia, el 20 de octubre de 2009 el “Hermano Ezequiel”, hijo del Beato Ezequiel Huerta, falleció a causa de complicaciones quirúrgicas, a la edad de 89 años.
Cuando alguien muere, solemos hacer un recuerdo cariñoso de su vida y de sus logros; pero, sobre todo, de la relación que guardábamos con él. En este caso, cabe señalar que Ezequiel de Jesús fue el octavo hijo de una familia de diez. Nació en Guadalajara el 5 de Julio de 1920. Fue bautizado en la Parroquia del Dulce Nombre de Jesús, por su tío, el Pbro. José Refugio Huerta, siendo sus padrinos Monseñor Vicente María Camacho (Obispo de Tabasco) y la señorita Refugio Camacho.
Su padre derramó su sangre por Cristo en la persecución religiosa, el 3 de abril de 1927.
Ezequiel cursaba entonces los primeros años de Educación Elemental, mas apenas ingresó a la Secundaria, sintió el llamado a la vida consagrada, siendo alumno del Instituto de Ciencias.
Tras los pasos de San Ignacio
Para afianzar sus propósitos, recibió el apoyo de sus tíos sacerdotes y de su padrino, Monseñor Camacho. Eligió a La Compañía de Jesús, tal vez fascinado por la persona de su Fundador, San Ignacio de Loyola, o animado por los Ejercicios Espirituales de cada año en el Colegio de los Jesuitas.
Ingresó, en abril de 1937, al Noviciado de Ysleta-College, en El Paso, Texas. Hizo dos años de Noviciado, al cabo de los cuales se dio cuenta de que él no era para el estudio permanente y esforzado que caracteriza el sacerdocio jesuítico; entonces optó por permanecer simplemente como Hermano Lego hasta el día de su muerte. En 1941 pronunció sus primeros votos de obediencia, pobreza y castidad, a los cuales, en La Compañía de Jesús, se añade un cuarto: “La obediencia al Papa”.
Vida humilde y entregada
Ezequiel desempeñaría dentro de su comunidad los oficios más humildes y sencillos, poniendo en práctica el lema sustentado por su Fundador: “En todo, amar y servir”. Durante la II Guerra Mundial, en 1942, lo trasladaron a Santiago Tianguistenco, Estado de México. En este lugar, los Jesuitas compraron el Molino de San Cayetano para fundar un Noviciado, nombrando al Hermano Ezequiel como encargado de la construcción y acondicionamiento del nuevo edificio.
El 8 de septiembre de 1950 emitió sus votos perpetuos en El Paso, Texas, donde volvió a desempeñar sus antiguos oficios. También vendría luego aquí, a Jalisco, a participar en la construcción del Noviciado cercano a Puente Grande; a servir en La Ciudad de los Niños del Padre Cuéllar y en la Villa Pignatteli, en Guadalajara.
Prestó, asimismo, su servicio en el mantenimiento del Seminario Interdiocesano para alumnos mexicanos en Montezuma, Nuevo México, al cuidado de los Jesuitas. Trabajó en comunidades indígenas asistidas por esos religiosos en La Tarahumara, en Chiapas y Veracruz. Estuvo en Roma, en la Curia Generalicia, de 1973 a 1975, y de ahí pasó a Jerusalén como Secretario en el Instituto Bíblico, de 1975 a 1977, haciendo realidad sus sueños juveniles: estar en la tierra del Señor y seguir sus pasos, como lo había hecho San Ignacio en el Siglo XVI.
En seguimiento de su
padre a los altares
De regreso a Guadalajara, laboró diez años en La Ciudad de los Niños.
El Hermano Ezequiel estuvo presente en la apertura del Proceso de Beatificación y Canonización de los Mártires Anacleto González Flores y Compañeros Mártires, entre los que se encontraba su padre Ezequiel y el hermano de éste, Salvador. También recibiría los restos de su progenitor para ser inhumados en la Capilla Xaveriana de Arandas. Y, sin duda, su mayor alegría fue poder estar presente en la Beatificación de su padre, el 20 de noviembre de 2005, en solemnísima ceremonia efectuada en el Monumental Estadio Jalisco.
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