Página Vaticana
Publicado en web el 28 de Febrero, 2010Ejercicios Espirituales del Papa y de la Curia Romana
CIUDAD DEL VATICANO.-El 21 de febrero, Primer Domingo de Cuaresma, se iniciaron los Ejercicios Espirituales del Sumo Pontífice y de los integrantes de la Curia Romana, cuyas meditaciones fueron predicadas, en este año, por el Sacerdote Salesiano Enrico dal Covolo.
El tema de los Ejercicios Espirituales, que tuvieron lugar en la Capilla “Redemptoris Mater”, del Vaticano, fue: “Lecciones de Dios y de la Iglesia sobre la vocación sacerdotal”.
En entrevista con la Agencia Católica de Noticias, Zenit, y previamente a los Ejercicios, el Padre dal Covolo explicó el sentido de esta piadosa costumbre.
Las “Lecciones de Dios” se ejercitan a través de la Sagrada Escritura, según el método antiguo y venerado de la lectio divina, articulada en sus etapas fundamentales: lectio, meditatio, oratio et contemplatio.
“Las lecciones de la Iglesia” pasarán, en cambio, en estos Ejercicios, a través de la palabra de los Papas y de algunos Documentos del Magisterio, ocasionalmente citados; pero, sobre todo, a través de una de las “lecciones” más importantes que la Iglesia puede dar: la de la santidad sacerdotal, testimoniada por algunos modelos insignes.
“He intentado elegir figuras en correspondencia con los temas de las diferentes jornadas. Estos son, por orden: San Agustín, el Santo Cura de Ars, el Cura rural de Bernanos, el Venerable Giuseppe Quadrio y el Venerable Juan Pablo II”.
En los Ejercicios Espirituales participan, además del Santo Padre y miembros de la Casa Pontificia, los Cardenales y Superiores de los distintos Dicasterios, y estarán constituidos por diecisiete meditaciones, tres meditaciones diarias, dos por la mañana y una por la tarde, incluyendo la de apertura y la de clausura.
Dal Covolo explicó que los motivos de la crisis vocacional son, por una parte, un materialismo desenfrenado, que tiende a aplastar todo anhelo espiritual.
Por otra parte -pero esto se ve también en la vocación al matrimonio- está la resistencia de muchos jóvenes de hoy a asumir compromisos definitivos.
El remedio fundamental es el cuidado de la “dimensión contemplativa” de la vida: La oración, los Sacramentos, la meditación, la lectio divina… En segundo lugar, la solicitud educativa para que estos jóvenes hagan “experiencias significativas” de don y de servicio. Sólo así podrán darse cuenta de que las promesas del consumismo son engañosas, y que sólo el don de sí apaga verdaderamente su sed de felicidad.
Atravesar el desierto abandonándose a Dios
CIUDAD DEL VATICANO.- Benedicto XVI encabezó, el Miércoles de Ceniza, la tradicional procesión penitencial desde la Iglesia de San Anselmo hasta la Basílica de Santa Sabina, donde presidió la Celebración Eucarística.
El Papa recibió la ceniza de manos del Cardenal Jozef Tomko, Titular de la Basílica, y la impuso a los Cardenales y Obispos presentes, así como a varios fieles.
En la homilía, el Metropolitano de Roma subrayó que la “certeza” del amor de Dios sostuvo a Cristo durante sus cuarenta días en el desierto de Judea. “Ese largo tiempo de silencio y ayuno fue para Él un abandonarse completamente al Padre y a su proyecto de amor.
“Adán fue expulsado del paraíso terrenal, símbolo de la comunión con Dios -dijo el Pontífice-; ahora, para regresar a esa comunión, y por tanto a la vida eterna, hay que atravesar el desierto, la prueba de la fe, no solos, sino con Jesús, (…) que nos precedió y ha vencido ya el combate contra el espíritu del mal. Este es el sentido de la Cuaresma, tiempo litúrgico que cada año nos invita a renovar la decisión de seguir a Cristo por el camino de la humildad para participar en su victoria sobre el pecado y la muerte”.
En esa perspectiva se comprende el signo penitencial de la Ceniza, explicó el Santo Padre. “Es esencialmente un gesto de humildad, que significa: me reconozco por lo que soy, criatura frágil, hecha de tierra y destinada a la tierra, pero hecha también a semejanza de Dios y destinada a Él. Polvo, sí, pero amado y plasmado por su amor (…), capaz de reconocer su voz y responderle libre, y por eso, también, capaz de desobedecer, cediendo a la tentación del orgullo y la autosuficiencia.
“La Cuaresma ensancha nuestro horizonte, nos orienta hacia la vida eterna (…) nos hace entender la relatividad de los bienes de esta Tierra, haciéndonos así capaces de las renuncias necesarias, libres para hacer el bien”, concluyó el Vicario de Cristo (VIS).
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