5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Varios | Edición:

Pastoral del Trabajo, Se necesitan cristianos con brazos levantados hacia Dios

Publicado en web el 7 de Febrero, 2010

La responsabilidad social de la empresa colabora al desarrollo de sus trabajadores y de la Sociedad. A partir de este número, le presentamos un detallado análisis de la encíclica Caritas in Veritate y su aplicación en el mundo del trabajo

32Pbro. José de Jesús Pérez Ochoa,
Coordinador de la Sección Diocesana
de Pastoral del Trabajo

Edición: Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El verdadero desarrollo de la Sociedad entiende el papel ineludible de todos los factores que la integran. Uno de ellos, fundamental, es el económico, referido al empresariado.

El amor, motor del desarrollo
El Papa Benedicto XVI pone en claro que no todo desarrollo humano es necesariamente integral o ético. “La verdad abre y une el intelecto del los seres humanos en el logos del amor: éste es el anuncio y testimonio cristiano de la caridad”. Es así que la caridad es el motor o vía del verdadero desarrollo.
Es, pues, importantísimo, para el empresario, abrirse al desarrollo de manera integral, y para lograrlo, la libertad de la persona es la garantía.

Cada quien es responsable
del éxito o del fracaso
Paulo VI pone al hombre como artífice principal del éxito y del fracaso del desarrollo, pues aun en medio de la evidencia de los obstáculos e influencias que se presentan sobre él, “sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano”.
En realidad, el alcance de la responsabilidad social del empresario (RSE) consiste en descubrir, en la propia naturaleza del hombre, dotado de inteligencia y voluntad, una consigna muy alta a cubrir en aquéllos que contribuyen al incremento de la riqueza material. Por tanto, es un deber moral el que se descubra al colaborador de manera especial como el único responsable de su crecimiento y desarrollo, y que el ente privado o público garantice su crecimiento y perfeccionamiento.
Se trata de un punto álgido, ya que no se dará un desarrollo desinteresado si no se da al Cristo del Evangelio, que es Verdad “de todo el hombre y todos los hombres”.

Se requiere rectitud de conciencia
La Encíclica es precisa al mencionar que el desarrollo es imposible sin hombres rectos, e invita a que el empresario tenga cuidado al considerar como único criterio de acción el máximo beneficio de la producción.
Hoy es urgente que el empresario tome su parte en la profunda reflexión sobre el verdadero fin de la economía. Es la misma Encíclica la que les anima a comprometerse, pues la ciencia económica nos dice, también, que una situación de inseguridad estructural da origen a actitudes antiproductivas y al derroche de recursos humanos, en cuanto que el trabajador tiende a adaptarse positivamente a los mecanismos automáticos, en vez de dar espacio a la creatividad. Y sentencia: “los costes humanos son siempre costes económicos, y las disfunciones económicas comportan, igualmente, costes humanos”.

Además de preparación profesional,
se requiere coherencia moral
Se necesita pasar de una economía de manufactura hacia una economía basada en el conocimiento, que hoy día es el factor que se utiliza para clasificar a los países en desarrollados o subdesarrollados.
Con mucha razón, el Papa Paulo VI se refiere a la Iglesia como ‘experta en Humanidad‘, y lo que dice siempre es imprescindible en su contenido, aunque en su forma sea incluso parecida a otras voces.
En Cáritas in Veritate, el Papa Benedicto XVI, basándose en la Encíclica Populorum Progressio, a cuarenta años de que salió a la luz, profundiza sobre el desarrollo y manifiesta categóricamente a Dios como una exigencia que lo trasciende: “Sin Él, o se niega el desarrollo o se le deja en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado”.

Puertas abiertas a la
educación y la familia
El empresario, comprometido con subsanar el boquete de la formación, incluso religiosa, abre sus puertas para facilitar un espacio para el crecimiento de sus empleados, que incluso puede ser un nuevo areópago donde se procure una evangelización, más allá del desarrollo humano.
Viene a ser una gran labor que ha de ser ejercida valientemente en el ámbito de la empresa, para lograr “establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada entre el hombre y una mujer, célula primordial y vital de la Sociedad“.

Cristo, en el mundo laboral
La Iglesia afirma categóricamente, en voz del Pontífice: “El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, un progreso espiritual, porque el hombre es ‘uno en cuerpo y alma‘, nacido del amor creador de Dios.”
No se puede, por tanto, fundar un verdadero humanismo si excluimos, como decía Paulo VI, al humanismo cristiano. En fin, para el cumplimiento de los fines naturales de la empresa en la Sociedad Civil, “se necesitan cristianos con brazos levantados hacia Dios,” y para eso, la Iglesia ha de tener innovación y creatividad eficaces para lograr estos fines por medio de la Pastoral Social de cada Diócesis.

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