Tres nombres y un solo afán: servir a la niñez desamparada
Publicado en web el 28 de Febrero, 2010Originalmente llamada “Casa de la Misericordia” y después “Hospicio Cabañas” en honor de su Obispo Fundador, el hoy “Hogar Cabañas” recoge y actualiza el legado de una benéfica obra altamente humanitaria
Daniel León Cueva
No cabe duda. Pocas ciudades pueden preciarse y hasta enorgullecerse de ser la sede para la promoción y sostenimiento de instituciones que, con el tiempo, se cargan de méritos y dejan huella de perseverancia en el servicio caritativo en favor de los más relegados y necesitados. Nadie podría ventajosamente presumirle a Guadalajara el contar con organismos altruistas, si antes no ha oído hablar de la aún vigente Ciudad de los Niños del Padre Cuellar, o si desconoce la dos veces centenaria labor del Hospital Civil (a inspiración y costeo del Obispo Fray Antonio Alcalde y Barriga) o del Hospicio Cabañas, otro de los símbolos tapatíos por excelencia.
Un poco de historia
Como el último Obispo de Guadalajara de origen español, vino a hacerse cargo de esta Diócesis Don Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo el 13 de diciembre de 1796, según refiere el historiador José López Portillo y Wéber, quien estima que, para esas fechas, la todavía Capital de la Nueva Galicia contaba con unos 50,000 habitantes.
Se le dio un recibimiento cual correspondía a un Pastor que, además de proceder de la Madre Patria, tenía fama de intachable eclesiástico y hombre magnánimo. De hecho, reprochó lo suntuoso del banquete ofrecido, sabedor como era de las muy precarias condiciones de miseria, raquitismo y enfermedad como privaban entonces aquí.
Fue así como su primera acción episcopal consistió en escribir al Rey pidiendo autorización para erigir un edificio en que se alojara a los desamparados, se diera alimento a los hambrientos y se enseñara a los ignorantes.
Según las especificaciones, el terreno debía estar situado fuera del perímetro citadino, pero muy próximo a la ciudad, en lugar sano, elevado y sin dificultades para la construcción, con posibilidad de introducir agua potable y dar salida a los desechos. De ahí que se compraron gradualmente porciones prediales en esa zona al Oriente del Río San Juan de Dios. El Rey, tras aprobar la elección del terreno, ordenó que la Casa de Misericordia fuera administrada por la Mitra y el Cabildo, “para que todo el Clero la mire siempre con el amor que corresponde”. Se constituyó, para el caso de recolectar fondos y proveer la edificación, un Real Patronato bajo la tutela del Canónigo Arcediano.
Por encargo, una obra para la posteridad
Especialistas en Arte, Arquitectura, Urbanismo, Historia y Diseño coinciden en señalar al Hospicio (hoy Instituto) Cabañas como la obra maestra del estilo neoclásico. Fue proyectada por Don Manuel Tolsá, a quien seguramente conoció el Obispo Cabañas en la Ciudad de México como “Maestro Mayor” de la Catedral y como autor del famoso Palacio de Minería, y por eso lo convidó a idear la construcción del orfanato.
Tolsá, a su vez, responsabilizó de la fábrica de la obra al español José Gutiérrez, quien, por contrato firmado para el efecto el 8 de febrero de 1805, se vino a Guadalajara y dio comienzo a la faena con 300 operarios que empezaron por delimitar el radio predial: 170 metros de frente por 185 de fondo.
Fue el 1º de febrero de 1810 cuando el inmueble dio cabida a sus primeros huéspedes: 66 niños expósitos. Lástima que se trataba, ni más ni menos, del año en que, meses después, daría inicio la Guerra por la Independencia, siendo la Nueva Galicia escenario de no pocos episodios históricos y foco de atención en los intereses de ambos contendientes. Es más, tanto las tropas insurgentes como las realistas llegaron a desalojar el edificio y a ocuparlo luego con sus tropas, caballería y armamento.
Cabe hacer notar que después de Tolsá y Gutiérrez, se le encomendó finalizar la obra a Don Manuel Gómez Ibarra, quien acondicionó los 23 patios y la célebre cúpula “clementina” (por albergar la pintura mural de José Clemente Orozco Flores: “El hombre de fuego”), y se encargaría del Panteón de Santa Paula o de Belén, de la fachada del Templo de la Universidad -hoy Biblioteca Iberoamericana-, de la cúpula del Sagrario Metropolitano y… ¡de las mismísimas Torres de la Catedral!, ícono por excelencia de la Perla de Occidente.
Avatares e interrupciones
Tal como lo registran los Anales, el Obispo Cabañas salió huyendo de Guadalajara hacia el Puerto de San Blas, por temor a las huestes del Cura Miguel Hidalgo. El caso es que, por muchos años, el Hospicio fue convertido en cuartel y ciudadela por sendos bandos. Poco habrá que imaginar para darse una idea de cómo quedaron sus instalaciones.
En 1825, el primer Gobernador de Jalisco, Don Prisciliano Sánchez, solicitó al Cabildo (por haber Sede vacante) se ocupara nuevamente de los trabajos de reparación y rehabilitación, más no fue sino hasta el 15 de febrero de 1829 cuando volvió a funcionar como orfanatorio, alojando a 40 niños.
Las Hermanas de la Caridad vinieron a hacerse cargo del Hospicio en 1853, con Sor Ignacia de Osés como Superiora. En ese tiempo se determinó que todos los huérfanos ahí acogidos llevasen por apellido “Cabañas”, lo cual persiste a la fecha. Sin embargo, las leyes juaristas de Reforma obligaron a expulsar del país a los consagrados, y no se salvaron de ello estas Hermanas de la Caridad, en 1874.
Una joya artística y Patrimonio de la Humanidad
No sólo los bellos relieves de su arquitectura le han dado renombre al Hospicio Cabañas. Diríase que su genuino y primigenio valor estriba en el haber sido la casa paterna sustituta de miles de infantes huérfanos, abandonados o de padres muy pobres. Sin embargo, su mayor ribete artístico es, sin duda, la obra mural del gran pintor jalisciense, que en 1939 plasmó ahí una de las más significativas y admiradas alegorías pictóricas del muralismo mundial.
La cúpula es sostenida por un doble círculo de 32 esbeltas columnas. El pincel de Orozco deja apreciar ahí, en toda su magnitud, belleza y genial concepción, las figuras de los cuatro elementos naturales: fuego, aire, agua y tierra. En la bóveda del ala derecha se ven los frescos del Fraile Franciscano, los Caballeros de la Conquista, el Rey Felipe II y La Cruz. En el muro, la gallarda imagen del Obispo benefactor Cabañas. También se aprecian escenas de la Guerra, Hernán Cortés y la Victoria.
Por su trascendencia mundial, reconocida por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) como Patrimonio de la Humanidad, el Instituto Cultural Cabañas -así denominado y utilizado desde 1980- ha sido la sede de reuniones de importante envergadura, tanto nacional como internacional, como por ejemplo la Quinta Reunión de la República; dos veces foro de la Cumbre Iberoamericana y, más recientemente, ámbito para el encuentro de los Mandatarios de México, Canadá y Estados Unidos.
Ahora se ejercitan allí el canto, la música, la poesía, el dibujo o el teatro. Tal vez antes también se escucharon voces infantiles con similares intenciones de aprendizaje, o severas llamadas de atención, o plegarias comunitarias, o risas cantarinas y estridentes.
Así ocurre en toda casa donde hay niños. Así es ahora en el nuevo Hogar Cabañas, recuerdo y refrendo de dos siglos de fructífera existencia.
Hogar Cabañas
Actualmente el Instituto da hogar a 450 niños, cuyas edades van desde 1 día de nacidos hasta los 18 años, en el caso de las mujeres. Los hombrecitos de entre 12 y 18 años pasan a la Ciudad de los Niños del Padre Cuéllar, para que su incipiente despertar a la sexualidad no ocasione problemas mayores.
Del total de la población que maneja, tan sólo el 10 por ciento de los niños son adoptables, debido a que “muchos nos llegan ya grandes y son difíciles de adoptar porque en México hay muy poca cultura de adopción”.El Hogar se ubica actualmente en Av. Mariano Otero No. 2145 (Al cruce con Av. López Mateos), Col. Residencial Victoria, en el Municipio de Zapopan. Tels. 36-31-02-62, 36-31-08-89.
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