Un espacio para la libertad
Publicado en web el 28 de Febrero, 2010La Iglesia está de acuerdo en un Estado laico, pero sin que esté atado a una concepción particular de libertad religiosa. Algunos comentaristas quisieran que la Iglesia estuviera sujeta a la sacristía, como si la libertad religiosa, con sus consecuencias y sus expresiones, fuera la Cenicienta de los derechos humanos.
El pensamiento de la Iglesia lo ha expresado Benedicto XVI, al señalar que la libertad religiosa no es un derecho más, pero tampoco un privilegio que la Iglesia Católica reclama. Es roca donde los derechos humanos se pueden asentar sólidamente, expresa el Papa, ya que dicha libertad manifiesta de modo particular la dimensión trascendente de la persona humana y la absoluta inviolabilidad de su dignidad. Por lo que, este derecho, resalta sobre cualquier religión en particular, sin que ninguna se apropie de ella ni quiera hacerla exclusiva. Esto comporta otros derechos, pero también muchas responsabilidades.
Debemos resaltar esta posición porque, como lo señala el mismo Pontífice, “en los tiempos modernos se ha asumido la exclusión de la religión y de sus símbolos de la vida pública mediante su confinamiento al ámbito privado y a la conciencia individual (Congreso Nacional de Juristas Católicos Italianos).
Lo que no es aceptable es que “en la base de esta concepción hay una visión en la que no hay lugar para Dios, para un Misterio que trascienda la pura razón, para una Ley Moral de valor absoluto, vigente en todo tiempo y en toda situación”. De acuerdo al pensamiento de la Iglesia, según la Constitución Conciliar Gaudium et spes (“Gozo y esperanza”), “todos los creyentes, y de modo especial los creyentes en Cristo, tienen el deber de contribuir a un concepto de laicidad que, por una parte, reconozca a Dios y a su ey Moral, a Cristo y a su Iglesia, el lugar que les corresponde en la vida humana, individual y social, y que, por otra, afirme y respete la legítima autonomía de las realidades terrenas”.
No habría ninguna dificultad si lo laico se identificara con el respeto a las expresiones religiosas; pero, ¿de verdad la laicidad en México no pretende excluir a la religión? ¿Todos piensan en una laicidad que se convierta en garantía de la libertad religiosa, o en una oposición a manifestaciones externas de actitudes internas? ¿De verdad nuestra laicidad no busca reprimir la expresión de las iglesias, reduciendo su espacio propio?
El escudo del laico limitado es el pretexto, el falso argumento, de señalar que las iglesias quieren imponer a Dios, a la religión o a su moral, por la fuerza. Ni siquiera pueden expresarse los religiosos (clérigos o laicos) cuando ya están acusándolos de que violan el Estado laico.
Ojalá que lo escrito en torno a que el Estado mexicano asume el principio de laicidad como garante de la libertad de conciencia individual y de todos los ciudadanos y ciudadanas y, en consecuencia, de los actos que de ésta se deriven, fuera cierto en la práctica, y que, en realidad, garantizara la autonomía de las instituciones frente a las normas y convicciones religiosas o filosóficas particulares, así como la igualdad de todos ante la Ley, independientemente de las convicciones y creencias, individuales o colectivas de cada quien. Pero no es así. Lo católico les huele mal.
La Iglesia Católica pide respeto a la libertad de conciencia de los individuos, con la garantía de no ser molestados por ello (como se molesta, actualmente, a los clérigos); pide, además, la autonomía de lo político frente a lo religioso, porque -la verdad- cuando se ha dado este tipo de uniones, las que salen perdiendo son las Iglesias, por los costos que implican estas emancipaciones; y habla, también, de la igualdad de todos ante la Ley, en donde todos puedan externar sus convicciones; también los de la Iglesia Católica.
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