Urgen los Obispos a erradicar la violencia
Publicado en web el 28 de Febrero, 2010Para tener vida digna

Manuel Gómez Granados
Director General del
Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana
El anhelo de tener vida digna no debería ser complicado ni imposible. Bastaría con ser, como nos recomienda el Evangelio, “como niños” y entregarnos a los brazos de Dios, a su voluntad, a su consejo, a su amor; bastaría, pues, constituirnos en una comunidad de hermanos que encontrando a Cristo decidiéramos seguirlo, a pesar de nuestras infidelidades y limitaciones. Tristemente, somos seres imperfectos y nos gusta complicarnos la vida.
Los Obispos nos han recordado esta Cuaresma, con su Exhortación Pastoral “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna”, que no es difícil ser felices, y eso es precisamente lo que Dios quiere para cada uno de nosotros, ya que sí es posible tener vida digna, en la que los derechos humanos se respeten, en la que no haya familias sometidas al flagelo de la enfermedad, de la pobreza o de la violencia… Nos dicen que es posible ser solidarios, compartir y confiar a Dios. Nos dicen que si nos lo proponemos, la vida digna para todos los mexicanos está al alcance de nuestras manos.
¿Qué nos falta? Los Obispos no son ingenuos. No apuestan sólo a los grandes cambios. Al recurrir al Evangelio y a la Doctrina Social de la Iglesia, nos recuerdan la eficacia de las conversiones en lo pequeño y cotidiano. Aquellas que siendo sinceras y de corazón, ocurren primero en el interior de cada uno, luego en el hogar, y de ahí se trasladan a la calle, al municipio, a la empresa, a la escuela, al trabajo, hasta lograr cambios radicales como los que el país necesita. Se trata, en suma, de ir al encuentro personal con Cristo.
Los Obispos no pierden de vista que es necesario que en nuestro país avancemos, por ejemplo, en la ruta de la construcción de una economía solidaria; es decir, de una economía en la que más que combatir la pobreza —tarea en la que hemos invertido 22 años con muy malos resultados— hagamos que el pastel del que todos comemos sea más grande y justamente repartido, donde todos podamos obtener la parte que nos corresponde a través de un trabajo digno y equitativamente remunerado. Hasta ahora, dicen los señores Obispos, el modelo de economía de mercado aplicado en México “se ha mostrado incapaz de resolver, como lo pretendía, todos los problemas sociales” (No. 29). Advierten, además, que la pobreza en nuestro país “ha crecido… y surgen nuevas pobrezas” (No. 32) y que ello nos obliga a dar respuestas desde la fe a los problemas que enfrentamos, que en nuestra situación concreta implica “una justa y adecuada distribución de la riqueza” (No. 32).
Incluso, con todo cuidado y para evitar falsas interpretaciones de la realidad nacional, nos hacen ver que “no hay correlación directa entre violencia y pobreza”, y plantean, en cambio, la necesidad de que la democracia se traduzca en igualdad social y de oportunidades.
La gran pregunta que queda frente a nosotros es si los católicos, de los distintos partidos y organizaciones sociales, seremos capaces o no de responder a los retos que los Obispos nos plantean.
El más importante de los retos que el país habrá de enfrentar en los meses próximos será, como lo señalan adecuadamente: “Impulsar el desarrollo integral”. No necesitamos caminar como el ciego que a palos quiere llegar a su destino experimentando. Existe ya el conocimiento científico y técnico suficiente para impulsar las reformas que tanto nos urgen como país.
Lo que ha fallado, y así lo advierten claramente los Obispos, es la inteligencia, la mesura y la disciplina necesarias en la conducción de los asuntos públicos, que saquen al país del bache en el que se encuentra. Para nadie es un secreto que muchos se dedican a atizar enfrentamientos, a dividir y fomentar la violencia. Lo que falta es un auténtico Estado de derecho en el que todos respetemos la Ley, no exista impunidad y la democracia también sea económica y social. Se requiere, además, erradicar la corrupción, combatirla, no fomentarla. Sobre todo, falta participación cívica y política de los ciudadanos.
No decaigamos. No nos desanimemos. El Documento de los Obispos mexicanos es, en más de un sentido, un canto a la esperanza, enraizado en un análisis claro y sensato de la realidad que toca a nuestras puertas de distintas formas. Dejemos a Dios ser Dios y abramos el corazón a la Gracia; pero, recordemos: “cuando Dios trabaja, el hombre suda”.
El Documento, se puede consultar en línea en http://www.ceps-caritasmexico.org/nuestrapaz/..
En Cristo, México tendrá una vida digna
Mónica Livier Alcalá Gómez
La participación de la Iglesia en la construcción de la paz y la justicia es un hecho que no debe postergarse. Por ello, los Obispos de México presentaron un Documento que pretende ofrecer luces para la situación social, en cuanto a la justicia y violencia en que se ve sumergido nuestro país.
El Documento fue presentado el lunes 15 de febrero con el nombre: “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna”. Con él, los Obispos mexicanos cumplen el propósito externado al final de la pasada LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Mexicana, CEM, en noviembre de 2009, en la que dedicaron tres jornadas al estudio y reflexión sobre la situación de inseguridad y violencia que se resiente en México.
Contenido
Consta de 116 páginas, tiene 258 parágrafos, distribuidos en seis partes:
- Introducción.
- La inseguridad y la violencia en México.
- Con la luz del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.
- Promover el desarrollo, construir la paz.
- Llamamiento final.
- Conclusión.
Todo el contenido se presenta bajo el método de Ver, Juzgar, Actuar, que es el que comúnmente usa la Iglesia para hacer un discernimiento correcto de los signos de los tiempos. La Exhortación Pastoral “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna”, responde a la preocupación creciente del Episcopado Mexicano. En los últimos años, los Obispos, de forma personal o colectiva, se han dirigido al Pueblo de Dios en sus Diócesis, Provincias (antes Regiones Pastorales) y en México, compartiendo su preocupación sobre la situación de inseguridad y violencia que se ha acentuado en la República.
El texto, además:
Responde a una situación social compleja, que afecta la vida digna de los mexicanos. La situación social que vive México en los últimos años es muy compleja. Se hizo evidente de manera particular el año pasado, en el que los efectos de la crisis financiera global, la contingencia sanitaria, la sequía y la escalada de violencia provocada por el crimen organizado, han puesto en evidencia la urgencia de conjuntar esfuerzos desde distintos campos de acción, para superar una situación de emergencia y crisis social que, de no ser atendida de forma inmediata y por todos, amenaza con agudizarse.
Su perspectiva es la de los pobres
y los que sufren
Los Obispos ven la realidad no como expertos, sino como Pastores, siempre en la perspectiva de la dignidad humana, de los más pobres y de los que sufren.
4b
Propone un enfoque para abordar la compleja realidad
La compleja realidad de la inseguridad y violencia requiere una respuesta multidimensional. Para articularla, es necesario abordarla desde un enfoque de salud pública, que a partir de un serio diagnóstico, proponga líneas de acción en todos los ámbitos de la vida social, involucrando a las personas, a las familias y a todos los actores sociales y políticos.
Identifica tres factores
sobre los que urge intervenir
Las características que presenta la violencia causada por el crimen organizado en México, y el hecho de que éstas se den en un pueblo como el nuestro, lleva a identificar tres factores sobre los que urge intervenir: Crisis de legalidad; ruptura del tejido social; crisis moral.
Se ofrece en el contexto de la Misión Continental
En el espíritu del acontecimiento de Aparecida, el Episcopado Mexicano convocó a la Iglesia en México a la Misión Continental. Este impulso misionero pretende fortalecer la identidad de los discípulos misioneros de Jesucristo y asumir desde la evangelización el gran desafío de la vida digna de nuestro pueblo.
Pide una respuesta eclesial orgánica
La Exhortación Pastoral pide a la Iglesia en México una respuesta eclesial orgánica a la situación de inseguridad y violencia, desde lo que es propio de la misión de la Iglesia: la construcción de la paz. En este sentido, se propone como una referencia para inspirar en el corto, mediano y largo plazo, la acción evangelizadora, particularmente en el campo de la formación de las personas, de su conciencia y de su identidad cristiana.

Llama al compromiso de los cristianos como ciudadanos
La Exhortación Pastoral es un llamado a los discípulos misioneros de Jesucristo a fortalecer su identidad cristiana y a asumir su responsabilidad ciudadana, en la urgencia de construir un orden social más justo.
Exhorta al fortalecimiento
de la Sociedad Civil responsable
La solución a la compleja realidad que vive México no puede esperarse sólo de quienes tienen responsabilidad en el Gobierno. La responsabilidad es de todos. Es necesario que la Sociedad Civil se consolide y asuma sus tareas desde la perspectiva de la responsabilidad social. La Sociedad Civil responsable está formada por ciudadanos que, de manera personal o asociada, establecen relaciones que dan vida al tejido social, dan base a una verdadera comunidad de personas y actúa desde la perspectiva del bien común por propia iniciativa, por responsabilidad cívica y ciudadana. Propone compromisos desde la Misión de la iglesia en ámbitos muy concretos de la vida:
- La formación de las personas.
- Educación para la paz.
- El fortalecimiento de la ciudadanía.
- La construcción de la paz.
Para la construcción de la paz, propone:
- Impulsar el desarrollo humano integral.
- superación de la pobreza-.
- Promover los derechos humanos.
- Impulsar la reconciliación social.
Hace manifiesta la voluntad de los Obispos mexicanos para colaborar:
Con la Sociedad Civil responsable, con las instancias públicas y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, ofreciendo incluso el servicio de mediación (CEM).
La Iglesia apuesta por la educación
Los Obispos de México consideran que, para alcanzar la paz, un punto clave es educar a las personas para tener una ciudadanía pacífica, que respete las diferencias, que denuncie el mal y que esté dispuesta a colaborar en las causas buenas comunes
Dulce Natalia Romero Cruz
En su Reflexión sobre violencia e inseguridad, los Obispos proponen y exponen lo que la Palabra de Dios y la Doctrina Social presentan como instrumentos de la paz. “Después de haber examinado cuáles son los factores que provocan la violencia -comentó Monseñor Juan Humberto Gutiérrez Valencia, Obispo Auxiliar de Guadalajara y Encargado a nivel diocesano de la Pastoral Social-, dedujimos que se pueden reducir a situaciones de injusticia, desigualdad y a la emergencia cultural; esto quiere decir que la educación no ha logrado formar personas responsables que sepan asumir su destino e historia orientándolo hacia el bien, sino que la educación ha sido meramente informativa”.
La Palabra de Dios ilumina
“La Doctrina Social y el Evangelio, que son la aportación de la Iglesia –continuó el Obispo Auxiliar-, nos dicen que las personas son constructoras de paz desde que aceptan el Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo, que ha hecho de sus discípulos mensajeros y ministros de paz. Esto se debe ir cultivando principalmente en las Parroquias, que son un medio eficaz porque son comunidades más pequeñas en medio de la gran Sociedad. Se tiene que iniciar inculcando sentimientos de concordia que ayuden al diálogo, estableciendo una base común que se propone en lo que se llama la Ley Moral Universal, que está escrita en el corazón de todos. Otros dos puntos importantes son: Denunciar el mal, porque solamente así se puede atacar, e invitar a la gente y ayudarla a que sea responsable de la vida común. Muchas veces los ciudadanos se refugian en su individualismo y se desinteresan de lo que es el bienestar común. Es por eso que se pide que se eduque para la convivencia social, para interesarse por los demás y ser responsables de los demás. Todo esto con el ingrediente esencial que es la caridad”.
Constructores del bien
Otro llamado directo que plasmaron los Obispos en la Conferencia del Episcopado Mexicano fue dirigido a los Medios de Comunicación Social, pidiéndoles que ya no presenten los hechos violentos con tanta crudeza. “Se lucen, en ocasiones, mostrando los detalles de los crímenes de la delincuencia organizada. Además, presentan modelos de vida que exaltan el tener y el poder, diciendo que sólo vale quien tiene más, el que no se deja, el que se desquita; modelos que no van acordes con la vida cristiana. Llamamos, pues, a los Medios, a que cambien la presentación de los hechos violentos y de los modelos de vida superficiales e inalcanzables, y a que trabajen verdaderamente por la paz”, recalcó Monseñor Juan Gutiérrez.
Saber amar
Finalizó diciendo que lo que se propone este Documento es: “Educación para el desarrollo y construir la paz, apelando, desde luego, a la Encíclica del Papa Benedicto XVI “Caritas in Veritate”, donde se insiste en que hay que buscar la justicia, la libertad, la confianza, la solidaridad, la gratuidad; pero, sobre todo, el amor, porque una Sociedad sin amor no sería humana. Una Sociedad en la que hay mucha libertad pero no hay caridad, es una Sociedad individualista en la que cada quien va a vivir su vida como se le antoje, siendo ésta una de las causas de la inseguridad y violencia, que han sido generadas por una crisis de la moralidad, además de la emergencia educativa y la crisis de legalidad. Hay que educar también para respetar las leyes.
“Algo importante, específicamente cristiano, es lo que se refiere a la Evangelización, que no ha llegado a los niveles que pedía el Papa Juan Pablo II, de ser una Evangelización nueva en sus métodos y en su ardor, que no se quede puramente en lo ritual y lo sacramental, sin lograr que la vida del cristiano tenga coherencia. Por tal motivo, el texto también alude a la Misión Continental, que es precisamente un llamado a que los católicos seamos consecuentes con lo que creemos, conociendo el Evangelio para vivir en comunión, que es a lo que nos llama la fe cristiana. Se nos pide congruencia para irradiarla a los demás; ser discípulos que están cerca de Jesucristo, no sólo en su conocimiento, sino sobre todo en su vida, en su amor; ser cercanos a los demás, para irradiar al mundo la luz que tiene”.

Todos podemos aportar algo para lograr la Paz
La Iglesia mexicana pretende que esta reflexión de los Obispos mexicanos sobre la violencia y la inseguridad sea difundida, primeramente a los Sacerdotes, Organismos Eclesiales y Agentes de Pastoral Social, para que cada cual conozca lo que le corresponde hacer, ya que el Documento señala claramente que no hay que esperar todo de las Autoridades Civiles y Eclesiales, sino que se debe invitar a la responsabilidad personal y comunitaria. A las Autoridades Civiles también se les hará llegar un ejemplar en su momento.
Los caminos de la violencia no pueden conducir a la verdadera justicia
Hace más de un año que el Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) comenzó a vislumbrar la necesidad de plasmar en un Documento el sentir de los Obispos respecto del clima de inseguridad y violencia que impera en México, y hoy su llamado es para “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna”
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
“El Consejo Permanente de la CEM está integrado por 18 Prelados, Delegados pertenecientes a las 18 Provincias Eclesiásticas que integran el territorio nacional. Hasta esa instancia habían llegado varias demandas de Obispos y sacerdotes que pedían se hiciera una declaración respecto al tema”, refiere Mons. José Trinidad González Rodríguez, Obispo Auxiliar de Guadalajara y miembro de dicho Consejo.
“En respuesta a esa necesidad se realizaron tres propuestas: emitir un mensaje breve pero fuerte, elaborar un documento amplio, o realizar un profundo estudio que sentara las bases para una Exhortación Pastoral”. Fue así como, a iniciativa del Sr. Obispo, la CEM optó para que en la Asamblea Plenaria de noviembre pasado se dedicara parte del tiempo a estudiar el fenómeno de inseguridad y violencia.
Aun así, eran necesarias algunas últimas precisiones, y el Documento fue presentado hasta el lunes 15 de febrero, después de que en la Reunión del Consejo, celebrada los días 19 y 20 de enero, los Obispos, sacerdotes y laicos que trabajan en la Comisión de Pastoral Social de la CEM ultimaron detalles sobre el mismo.
De acuerdo a la metodología
La labor exhaustiva que los Obispos realizaron en noviembre pasado, se plasmó en un cuaderno de trabajo preparado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social, con apoyo de los Vicarios Diocesanos de Pastoral. En el caso de Guadalajara, se consultó al Pbro. Rafael Hernández Morales. Se consultó, además, a sociólogos y politólogos. Incluso, se tomó la opinión de expertos italianos y colombianos que llevan años luchando contra la violencia, además de escuchar las voces de sacerdotes y laicos que padecen el mal de la inseguridad en México.
El Documento sigue el método de “ver, juzgar, y actuar”. Primero se analizó la realidad en diferentes ámbitos: la vida económica, política, social y cultural de nuestro país, la pobreza y la desigualdad, la insuficiencia de las reformas económicas, el desempleo y subempleo, la corrupción e impunidad, la violencia intrafamiliar y contra las mujeres, los Medios de Comunicación como promotores de la violencia.
En el ámbito del juzgar, se buscaron luces desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, para después actuar en la promoción del desarrollo y la construcción de la paz.
Las propuestas de los Obispos buscan ser prácticas y ven como una prioridad a la familia.
Los Obispos no publican Documentos con alguna periodicidad fija. El anterior, “Del encuentro con Jesucristo, a la solidaridad con todos”, publicado hace 10 años, continúa vigente, afirmó el Obispo Auxiliar de Guadalajara.
Los Obispos llaman a la Sociedad
A los gobernantes: La violencia no es sólo un problema de seguridad, es un problema de salud pública que, si bien requiere la aplicación enérgica de la Ley, exige medidas preventivas y políticas públicas que inhiban los factores que contribuyen a la inseguridad y violencia. Esperamos que con todos los recursos legales con los que cuentan, puedan ofrecer a la ciudadanía mayores garantías de justicia y estímulos para el crecimiento constante de la conciencia civil.
A los miembros de las Fuerzas Armadas de México y de las Fuerzas de Seguridad pública: Les llamamos a ser fieles a su misión de defender a los débiles, proteger a los honrados y favorecer la convivencia pacífica de los ciudadanos.
A los hombres y mujeres comprometidos con el bien común de la Nación en el quehacer político: No pongan en primer lugar el interés personal, cediendo a la seducción de la corrupción.
De quienes dirigen y militan en los partidos políticos: Los ciudadanos esperamos un compromiso real con el bien común y con el desarrollo humano integral del pueblo de México. No defrauden a la ciudadanía cuando ésta les confía quehaceres de gobierno.
A la Sociedad Civil: El llamado es a ser responsable en la vigilancia y verificación de que las autoridades asuman a cabalidad el compromiso que tienen con el pueblo.
A los padres de familia: Les llamamos a fortalecer la vida familiar. Les pedimos que sean, para sus hijos, reflejo del amor y del perdón de Dios.
A los educadores: Les exhortamos a redescubrir y alimentar la nobleza de la vocación magisterial; a ayudar a sus alumnos a vivir en todos los niveles la aceptación de los demás, la comprensión y el respeto.
A los jóvenes: Les pedimos que aprendan a vivir juntos, sin interponer barreras que les impidan compartir las riquezas de las demás personas; aprendan a ver a los demás como amigos, no como enemigos; amen la verdad para reestablecer en las familias y en las comunidades la confianza.
A quienes han vivido en carne propia cualquier tipo de violencia, queremos hacer llegar nuestra solidaridad. A quienes trabajan en los Medios de Comunicación Social: No ofrezcan jamás mensajes inspirados en el odio, la violencia y la mentira. Tengan siempre como objetivo la verdad y el bien de la persona.
A todos los discípulos misioneros de Jesucristo: Como Iglesia, debemos responder a la vocación de ser signos de comunión. Tenemos que reconocer con humildad que muchas de las personas involucradas en la delincuencia organizada están bautizadas en la Iglesia, pero carecen de una formación viva en la fe. Debemos asumir esa responsabilidad.
Los sacerdotes: Somos ministros de reconciliación. Los Obispos de México ofrecemos nuestro servicio para la mediación en los conflictos.
A quienes practican la violencia: Les pedimos que abandonen los medios violentos para lograr sus metas. “Los caminos de la violencia no pueden conducir a la verdadera justicia”.
A quienes se han involucrado en las diversas formas de crimen organizado: Dios los llama a la conversión.
A quienes producen la droga, la transportan, a los que se prestan al comercio del narcomenudeo, a los que la consumen, a los sicarios y a todos los implicados en este nefasto negocio: ¡Arrepiéntanse y cambien de vida!, reconozcan sus errores, reparen los daños y retírense de esta actividad de muerte.
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