Al paso de la luz
Publicado en web el 4 de Marzo, 2010
Por Esegé
Cada quien en su oficio. Cada uno en su tarea. Ora yo arreglando el barro, meciéndolo en agua, en buñiga o en zacate, para dar más fuerza a los ladrillos.
Y luego llenando los moldes y alisándolos para tenderlos al sol, antes de ponerlos en el gran horno al fuego vivo, hasta saber que se doran como un pan.
Decía mi padre: le estás flojeando a la escuela, y un hombre sin instrucción acaba sometido a las más duras jornadas: sol, fatiga, sudor, para ganarse la vida.
Fue muy sabio mi padre, pero no atendí sus consejos y ahora acá medio sé leer y contar, y no me queda otra lucha que doblar la espalda en el oficio de ladrillero.
Pero luego digo yo que así de ignorante y todo, estoy ayudando a construir el mundo; voy poniendo lo mío para que se alcen y luzcan los edificios de la ciudad.
O sea, que todos los trabajos son nobles y todos tienen un servicio para los demás. Lo pienso en mis horas de cansancio, mientras doy forma a cientos de ladrillos.
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