Al paso de la luz
Publicado en web el 11 de Marzo, 2010
Por Esegé
Una estampa que, al parecer, no dice nada y dice mucho, muestra aquí el encuentro de dos mundos: un airoso y antiguo portón y el rostro tierno de un niño.
El ayer y el hoy. Tiempos, usos y vida en el pasado. Y el temblor de una sangre nueva, la mirada y la sonrisa de un niño que apenas comienza su camino.
Ahí está el dibujo de las cosas de este mundo, esa línea misteriosa del tiempo en cuyo hilo van atándose los tiempos y los hombres, el ayer y el incierto mañana.
Las canteras cumplieron su destino; forman ese pórtico de severa elegancia por el cual pasaron muchas vidas: soñadas esperanzas y amargos desencantos.
Ajeno a los signos que lo rodean, el chiquillo que vende caramelos y natillas quiso descansar un poco, mientras el sol camina, el tiempo avanza, pasa la existencia.
Unas cosas permanecen y otras se van. Hay nubes huidizas y ligeras sobre el inconmovible cielo azul. Nos convida a recordar que somos efímeros y deleznables.
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