Concluye la etapa de Hidalgo
Publicado en web el 4 de Marzo, 2010
Comisión Editorial para el Bicentenario
Si el proceso de la Independencia puede establecerse en cuatro etapas: 1. Hidalgo; 2. Morelos; 3. Vicente Guerrero; y 4. Iturbide, la etapa de Hidalgo se cierra el 21 de marzo de 1811, cuando es capturado, junto con los principales cabecillas de su Movimiento, en Acatita de Baján. Con su aprehensión y posterior proceso, llevado a cabo en la Ciudad de Chihuahua, la zona que gobernara en su momento la enorme Audiencia de Guadalajara volvió a una relativa tranquilidad.
Ya anteriormente, previendo cualquier posible dificultad, Ignacio Allende, estando en Saltillo, había confiado la dirección de la insurgencia a Ignacio López Rayón, de Michoacán, ex alumno del Colegio de San Nicolás, Abogado por el Colegio de San Ildefonso, y Secretario del Cura Miguel Hidalgo. Presos los caudillos, intenta López Rayón conservar la Zona Norte para la Causa, sin éxito. Por lo mismo, ejecutado Hidalgo, se refugia en Michoacán, y ya en coordinación con José María Morelos, hace diversas propuestas de organización formal y efectiva del Movimiento Insurgente.
Por su parte, las instituciones virreinales inician el proceso judicial a los líderes de la insurgencia, mismo que concluye a finales del mes de julio de dicho año 1811. En este proceso participan tanto el Estado como la Iglesia, ya que por lo menos uno de los presos pertenecía al estado eclesiástico, el Párroco de Dolores. Durante el proceso, se destaca la serenidad del Padre Hidalgo y su alto nivel de responsabilidad para aceptar las consecuencias de sus actos, expresar libremente sus posturas políticas, y admitir los diversos errores y aun delitos de guerra en los que había incurrido a causa de su inexperiencia y de las condiciones mismas en que se desarrollaron los hechos.
Es entonces cuando declara explícitamente, y sin ningún tipo de evasivas, estar preso por haber tratado de poner en independencia este Reino. Reafirma su fe católica y en ella se fortalece hasta el momento mismo de su ejecución. Previamente, había elegido como confesor al sacerdote franciscano José María Rojas, con quien hizo su confesión general y de quien recibió los últimos auxilios espirituales. Pedro Armendáriz, quien comandó el pelotón de fusilamiento, escribiría más tarde que el Padre Hidalgo fue conducido al paredón el 30 de julio a las nueve de la mañana, acompañado de algunos sacerdotes, leyendo el breviario que llevaba con la mano derecha, en tanto sostenía un pequeño crucifijo con la izquierda.
Terminaba, así, la primera breve y caótica etapa del largo proceso que llevaría finalmente a la Independencia de México en 1821.
El Canónigo don Martín García
José Martín García Carrasquedo es el prototipo del intelectual novohispano partidario de la emancipación desde el plano de las ideas. Nació en Valladolid de Michoacán, en 1771. Su padre, don Dionisio, vizcaíno de origen, administró un tiempo la Hacienda de San Bartolomé, y más tarde adquirió la Hacienda de Guaparatio, llegando a ser gran amigo del Obispo Fray Antonio de San Miguel Iglesias, quien le dio a Martín, de escasos años, el título de familiar suyo, y el de Juez de Testamentos, Capellanías y Obras Pías de la Catedral de Valladolid, a don Dionisio.
Durante su formación académica y eclesiástica, Martín destacó en las aulas del Seminario Tridentino por su despejado talento, aguzado en las veladas literarias que se celebraban en su casa, en las que tomaban parte los Presbíteros Manuel Abad y Queipo y Miguel Hidalgo.
Subdiácono en 1793, y poco después Presbítero, pasó, en 1795, como Vicario en la Villa de San Felipe, entonces a cargo del Párroco Miguel Hidalgo y Costilla, pensador agudo y penetrante, que afinó el intelecto y la inclinación política de su Vicario al calor de las ideas de pensadores y teólogos como Verney, Serry, Billuart, Genovesi y Gotti, cuyas reflexiones acerca del bien común y de la necesidad de su defensa extrema no excluían el tiranicidio y el regicidio.
Al cabo de tres años, don Martín pasó a la Villa de Zitácuaro, en cuya jurisdicción estaba la Hacienda de Jaripeo el Grande, propiedad de su anterior Párroco, con quien mantuvo viva la relación.
En 1804 realizó a España un azaroso viaje de seis años, durante el cual sirvió como Capellán de los Reales Ejércitos y en los hospitales del Ejército de Galicia. A principios de 1811 regresó a la Nueva España, pero su amistad con Hidalgo le valió ser arrestado en el Castillo de San Juan de Ulúa; cargo que libró apelando a diversos medios.
En octubre de 1811, de nuevo en Valladolid, por consejo de Abad y Queipo difirió por un año tomar posesión de una prebenda que le fue concedida. Siendo ya Canónigo, su fama de adicto a la emancipación le valió un nuevo proceso por infidencia, y una reclusión de dos años en el Convento del Carmen, acusado de asistir a reuniones donde se “cantaban versos y canciones pro-insurgentes, en los que se ensalzaba a Morelos, Rayón y otros cabecillas, además de guardar varios papeles sediciosos”. Purgó otros cuatro meses en la cárcel de la Ciudad de México y un semidestierro de tres meses en la Parroquia de Celaya, antes de recuperar, en 1817, su sitial. Hasta la Consumación de la Independencia, nunca le abandonó la fama de ser partidario de la emancipación, como después pudo expresarlo abiertamente.
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