El Padre Kino y el Obispado de Guadalajara
Publicado en web el 4 de Marzo, 2010“Todo el bien se debe a los medios espirituales y a los referidos favores celestiales de Jesús y de María, y de San Francisco Javier; todo el Santo Convento de Nuestra Señora de los Reyes, de Sevilla, en España, y todo el Santo Convento de San José de Gracia, en la Imperial Ciudad de México.”
Pbro. Germán Orozco Mora
Mexicali, B.C.
De entre todas las biografías escritas acerca del Padre Jesuita italiano Eusebio Francisco Kino, es común aceptar que “Rim of Christendom” (Los Confines de la Cristiandad), publicada originalmente en inglés por Herbert Eugene Bolton, es, sin duda, una de las mejores.
En principio, Bolton, considerado como uno de los más certeros historiadores norteamericanos, de religión metodista y buscador de tesoros documentales, se encontró entre éstos, a principios del Siglo XX, en el Archivo General de la Nación, la empolvada “Crónica de la Pimería Alta”, un manuscrito original del Padre Kino, fechado en los años de 1700.
Y a partir de ahí, la labor de Bolton consistió en recorrer todos los caminos señalados y andados por el religioso italiano y describir, como historiador, aquello que vio, vivió y leyó en estas andanzas, que abarcarían desde Segno, en Trento, hasta el Camino del Diablo; entre Sonoíta, Sonora, y Yuma, Arizona. Bolton realizó ese recorrido en los años 30 del siglo pasado.
Otras perlas en la búsqueda
Entre los admiradores del Padre Kino, aunque esa biografía es, sin duda, muy importante, su admiración continúa alimentándose, tanto con el hallazgo de documentos antiguos que enriquecen el conocimiento de ese misionero, como con la aparición de libros que, si bien no recientemente escritos, sí eran casi desconocidos o estaban olvidados, como por ejemplo el volumen publicado en 1945, por Ediciones Xóchitl, México: “El Padre Kino, Misionero y Gobernante”, compuesto por F. Ibarra de Anda, Número 22 de la Colección de Vidas Mexicanas.
En esa obra se sostiene y demuestra que el admirable Padre Kino y sus andanzas evangelizadoras tuvieron mucho qué ver con el Obispado de Guadalajara en el Siglo XVII, pues en una carta dirigida a la Duquesa de Aveiro, en Portugal, el 3 de junio de 1682, Kino señala: “Mi Superior, el Virrey y el Obispo de Guadalajara (a la sazón el español Don Juan Santiago de León y Garabito), me están enviando a la Nueva Conquista y Nuevas Misiones del gran Reino de California, que para mí es la más bella isla sobre la superficie del Globo”.
Obediencia a los destinos
Se sabe que el Padre Kino había solicitado a las autoridades de la Capital del Virreinato su anuencia para ir a evangelizar a los “guaymas” (Guaymas, Sonora), sin haber obtenido respuesta, pero que en Guadalajara, en noviembre de 1686, el misionero, tras hablar extensamente con el Obispo y con los miembros de la Audiencia que operaba en la Nueva Galicia, le dispensaron una muy favorable acogida a su petición.
Sin embargo, estimaron que, en vez de ir a evangelizar a los “guaymas” y a los “seris” de la Isla del Tiburón (la más grande del Golfo de California), sería mucho más benéfica su presencia entre los indios “pimas”, en el Noroeste, que poblaban el territorio conocido como Pimería Alta, y que abarcaba desde lo que hoy es Tucson y Nogales, Arizona, incluyendo también la zona de Dolores, Imuris, Magdalena, Caborca, Tubutama, y otros pueblos del extenso Estado de Sonora, llegando incluso hasta el Río Colorado y la parte baja del actual Valle de Mexicali.
Es bueno hacer notar , enfatiza en su libro el escritor Ibarra de Anda, cómo el Padre Kino, mientras encontraba obstáculos en la Capital de la Nueva España para su pretendida labor, se le dieron, en cambio, amplísimas facilidades en Guadalajara, por lo cual cabe subrayar que tanto a las autoridades civiles como eclesiásticas de este lugar se debe buena parte del éxito obtenido por el Padre Kino en el Noroeste.
Ahora bien, asienta el escritor que, si bien es verdad “que la Nueva Galicia dependía del Virreinato, también es cierto que el Obispo y la Audiencia, no obstante depender del Virreinato, bien podían haber negado el auxilio pedido por Kino bajo cualquier pretexto, y había muchos”.
Así pues, Ibarra de Anda, en su texto sobre el Padre Kino, Misionero y Gobernante, asume que ésta es otra circunstancia que se ha escapado a los biógrafos del Padre Kino, pues ninguno ha puesto de relieve la parte que le corresponde a Guadalajara en la cristianización del Noroeste y en la gloria y méritos del Padre Kino.
Eusebio Francisco Kino, murió en 1711, y aún es mucho lo que hay que aprender de él, a propósito de la vida misional de la Iglesia.
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