5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Sacerdocio dedicado a Cristo | Año Sacerdotal | Edición:

En el quehacer pastoral y social

Publicado en web el 11 de Marzo, 2010

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Mónica Livier Alcalá Gómez

Él rompió la tradición paterna de nombrar a todos los hijos con la letra inicial “R” (Sus hermanos anteriores se llamaron Ana Rogelia, Roberto, Ricardo y Ramona). Nació el día de San Pedro, el 29 de junio de 1934, en Zacoalco de Torres, Jalisco; y fue su abuelita paterna quien se empeñó en que su nombre fuera el mismo que Jesús impuso a aquel pescador convertido en Apóstol.

Y es que un apóstol, eso ha sido el Padre Pedro Castro Mendoza, desgastado en el servicio litúrgico diario, en la acción social, en la actividad pastoral continua y fructífera, que ahora recoge sus frutos, a 50 años de intenso ministerio sacerdotal.

Muy lejos ha quedado ya aquel niño inquieto, travieso, líder, que iba al catecismo y pertenecía a la Cruzada Eucarística. Aquél que en algunas ocasiones, siendo acólito, prefería esconderse en la cajuela del carro del Padre Eliseo Plascencia para, cuando éste saliera, acompañarlo y no tener que quedarse en casa a apartar becerros.

De la primaria al Seminario

A los 10 años pierde a su padre, y más tarde, siendo ya un adolescente, cuando junto con tres amigos ve la película “Misión Blanca”, ésta les motiva a entrar al Seminario… pero sólo el pequeño Pedro llega al Seminario al terminar su educación Primaria.

Ahí estudió Humanidades y Filosofía, e hizo su Año de Magisterio en el Colegio Niños Héroes, de Ameca, Jal., y en 1956 fue enviado a Roma a concluir sus estudios de Teología, en la Pontificia Universidad Gregoriana, licenciándose también en Teología Pastoral por la Universidad Lateranense.

De su estancia en la Ciudad Eterna, varios de sus entonces compañeros guardan buenos recuerdos de él; uno de ellos, el Cango. José Guadalupe Romero Quezada, señala: “La habitación de Pedro era muy favorecida por los visitantes, pues ahí encontraba uno toda clase de mermeladas, galletas, además de cafetera, grabadora, adornos y… ¡hasta libros! Desde entonces no era capaz de ver a alguien con alguna necesidad de cualquier género sin que él se encargara de remediarla ‘a como diera lugar’”.

Fue ordenado sacerdote el 12 de marzo de 1960, en la Capilla del Colegio Pío Latino Americano, por imposición de manos de Mons. Héctor Cunial, Segundo Viceregente de Roma. Dos años después regresó a su pueblo natal, para comenzar lo que sería un fecundo ministerio sacerdotal.

 

Desgastado por los demás

Su primer destino fue la comunidad de Jesús, María y José, en el pueblo del mismo nombre. Fue poco el tiempo, pero memorables las obras que ahí realizó, según varios testimonios, como el del Maestro José Lemus, originario de este lugar, en donde entonces imperaban grandes necesidades espirituales, económicas y sociales: “Él captó con gran sensibilidad esa situación y puso manos a la obra sin pérdida de tiempo y con un valor y decisión a toda prueba. Despertó en la comunidad la conciencia de los derechos que todo ser humano tiene a vivir mejor en un régimen de libertad y progreso. Organizó al pueblo para conseguir estos objetivos; desafió todo peligro, inclusive el de perder su propia vida”.

Después de variados destinos que incluyeron el Seminario, Capellanías y Parroquias, fue nombrado Vicario Coadjutor de San Bernardo el 25 de febrero de 1974; y debido al delicado estado de salud de quien fuera el primer Párroco de esta comunidad, Padre Modesto Gómez del Castillo, se le pidió atender tanto las obras ministeriales como la labor administrativa.

Su primera obra, ya como Párroco de este lugar, al morir el Padre Modesto en 1975, fue fortificar la estructura del templo, terminar de techarlo y reforzar los apoyos. Cabe resaltar que este lugar es un amplio y digno espacio para las celebraciones litúrgicas, tanto así, que en él se han celebrado, en dos ocasiones, Ordenaciones Diaconales, ocho Sacerdotales y dos Episcopales.

Pero no ha terminado allí la labor, pues el Padre Pedro, apoyado por un buen equipo de colaboradores, ha logrado crear distintas obras de caridad: Instituto Down de Occidente, Asilo de Ancianos Juan Pablo II, Guardería Infantil San Bernardo, Internado Cristo, Esperanza de Vida Nueva, para rehabilitación de varones con problemas de adicciones.

Además, construyó la torre, se levantó un nuevo edificio para notaría, salones, baños públicos y dos espacios para eventos.

Estas obras han tenido tal repercusión social, que en 2004 el Padre Pedro se hizo merecedor del Premio Benefactor Social, que entregó, por primera vez, el Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS).

Más allá de los reconocimientos públicos, están los personales, los que a diario cientos de personas le hacen por su apoyo social o personal. El agradecimiento es inmenso, pues, como dice uno de los tantos beneficiados por labor: “Toda su ayuda es además condimentada con sencillez fraternal y buen humor. Que Jesús Sacerdote te conceda salud, alegría y premio”.

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