La alegría de abrirse a la vida
Publicado en web el 11 de Marzo, 2010Hola, Lupita:
¿Qué tal? Espero que puedas ayudarme con mi problema, aunque yo lo veo medio difícil, ya que hace 10 años me hice la “salpingo”, y ahora estoy muy arrepentida.
Mi marido ya tiene tiempo pidiéndome otro hijo, y estoy desesperada; pienso que va a ir con otra mujer para que le dé el hijo que tanto quiere. No sé qué hacer. No sabes cómo le pido a Dios un milagro, aunque creo que ése es mi castigo por haber cometido error tan grande.
Dios te bendiga y siga iluminándote para que nos sigas ayudando. Gracias de antemano.
Susana E.
Querida Susana:
Lo primero que quiere llegar a tu corazón es el perdón de Dios. Basta que estés arrepentida para que Él quiera levantarte, abrazarte y consolarte.
Tu esposo y tú viven la post-modernidad que dicta hacer lo que a cada uno le “nace”, sin usar la capacidad de reflexión y desechando automáticamente la fe.
No es grato a los ojos de Dios el cerrarse a la vida ni el mentir en temas tan delicados, como tampoco lo es el que un hombre “se busque a otra” para darse el gusto de tener un hijo.
Hacemos las cosas contrarias a lo que nos conviene porque no sabemos quiénes somos.
Encontramos un símbolo de nuestra condición humana, dice Alfonso Aguilar -filósofo contemporáneo- en una escena de la historia de “Frankenstein”, de Mary Shelly:
“En una pequeña cueva de hielo se miraban el uno al otro con odio, con aire desafiante, con cierta compasión. Uno de ellos se había doctorado en Medicina en la Universidad de Ingolstadt, Alemania. Había trabajado durante años para ‘crear’ un ser humano con vida. Se llamaba Víctor Frankenstein. Ahora estaba frente a su monstruo: alto, horrendo. Éste le preguntó con ansiedad: “¿Quién soy yo?” Víctor fue sincero: “No lo sé”, le respondió.
Cuando el hombre no reflexiona sobre su propia condición, se animaliza. ¡Nacimos para amar!, nuestra misión es desarrollar todas nuestras facultades para el progreso material y espiritual. No nos casamos para ser usados por el otro, sino para realizarnos al lado del otro.
Tu matrimonio necesita ser reconstruido a la luz de la verdad. Ésta es una gran oportunidad para acercarse más a Cristo.
Pon en oración a tu esposo para que abra su corazón. Prepara una charla en la que le pedirás que crezcan juntos. María intercederá por tu buena intención, y las cosas podrán fluir como no te imaginas. Con creatividad busca la forma de que ambos asistan a Encuentros Matrimoniales y que esto sea el inicio de un camino hacia Dios. Clases de Biblia, Cursos de Apologética, conocimiento del Método Billings. ¡Hay tantas oportunidades que la Iglesia nos ofrece! Comprométete a aprovecharlas.
En el momento oportuno, podrás hablarle del tema y gozosamente acudir a un apostolado de Iglesia por el que están practicándose recanalizaciones con gran éxito. Llama al 31 24 39 29 y 33 43 49 92; ahí encontrarás información de esta bella labor, llevada a cabo por un grupo de laicos comprometidos con el nombre de “La alegría de abrirse a la vida”.
Lupita Venegas/Psicóloga
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