La codicia, raíz de todos los males
Publicado en web el 11 de Marzo, 2010Hemos de ser conscientes de la situación en la que se encuentran México y muchas otras naciones, por causas que tienen su origen en la pérdida de valores morales, en la falta de honradez y en la codicia, raíz de todos los males (Cfr. 1 Tim 6,10), así como en la ausencia de control de las estructuras financieras.

Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
Esta negativa situación tiene repercusiones que llegan a los más diversos ámbitos de la vida social, afectando gravemente a los más débiles.
Es especialmente significativa la incidencia de la crisis en las familias, sobre todo en las más numerosas, y en los jóvenes. El contexto socioeconómico actual nos muestra una creciente tasa de desempleo, hasta el punto de que muchos hogares tienen a varios miembros de la familia sin empleo, sin percepción de ingresos, con exiguas prestaciones sociales.
La escasa protección social de la familia y las políticas antinatalistas son perniciosas para la Sociedad, y tendrán efectos económicos perjudiciales para las generaciones futuras: “Naciones en un tiempo florecientes, pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso, de decadencia; esto, precisamente a causa del bajo índice de natalidad” (Benedicto XVI).
Desasosiego e incertidumbre
Los pequeños y medianos empresarios, así como los agricultores y ganaderos, viven en una angustiosa situación económica, asistiendo con impotencia a la debacle del empleo y el cierre de sus empresas, perjudicando gravemente a sus familias, su patrimonio, y al mismo progreso de la Sociedad.
Es claro que la crisis está infundiendo miedo al futuro, no sólo por la inseguridad respecto al posible mantenimiento del estado de bienestar, sino también por las consecuencias que genera, al aumentar la tasa de desempleo y reducir la actividad económica. Con todo, el desarrollo es posible y necesario.
“Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre. Habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de <<ser más>>”. (Benedicto XVI). La raíz de nuestros problemas no está sólo, ni principalmente, en las dificultades económicas: el primer capital a salvar y a valorar es el hombre, la persona humana, en su integridad. El verdadero desarrollo debe alcanzar a todo el hombre y a todos los hombres; pero, ¿puede conseguirse el verdadero desarrollo sin Dios?
Ante todo, es necesario, en estas circunstancias, que el hombre que ha conocido a Cristo se sepa responsable del cambio social en su auténtica verdad: “El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y hombres políticos que vivan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común” (Benedicto XVI). Mas esto demanda un mayor compromiso en el mundo de la educación y en la vida pública, para erradicar en todo momento la corrupción, la ilegalidad y la sed de poder.
Privilegio laboral y afán de justicia
La pobreza y el desempleo degradan la dignidad del ser humano. Por ello, es necesario impulsar un nuevo dinamismo laboral que nos comprometa a todos en favor de un trabajo decente, que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer; un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores al desarrollo de su comunidad; un trabajo que haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación. Un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que sean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores el organizarse libremente; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con la familia, en el cumplimiento de la voluntad de Dios; un trabajo, finalmente, que asegure una condición digna a los laborantes que llegan a la jubilación.
La Iglesia Católica ha tenido siempre entre sus compromisos la lucha contra la pobreza como una exigencia de la caridad; pero el amor siempre será necesario, incluso en la Sociedad más justa y, especialmente, en momentos en que los más débiles se encuentran expuestos a cargar con el precio de las consecuencias de la crisis.
Que este año 2010, ya en el inicio de su tercer mes, se vea enriquecido con la bendición de Cristo Redentor, así como de la oración de María Virgen, San José y los Santos Mártires Mexicanos.
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