La formación espiritual en el Seminario
Publicado en web el 31 de Marzo, 2010Sin duda que el llamado para estar con Jesús, del que nos habla el Evangelio de San Marcos (Mc. 3,13), es un llamado dirigido a todos sus discípulos; pero, para el sacerdote, la exigencia de permanecer y crecer en el amor a Jesucristo (Jn 15,15), que es la fuente del amor, es más urgente.
Pbro. Alejandro Orozco Raygoza
Formador del Seminario Diocesano
La oración, y con ella todos los medios de vida espiritual, podemos definirla como una escuela de amor en la que el Espíritu Santo va modelando gradualmente al seminarista en imagen viva de Cristo Sacerdote, para vivir posteriormente este amor en la caridad pastoral de su ministerio, en favor del Pueblo de Dios.
El seminarista se prepara para ser un “homo Dei”. Un hombre de Dios es el que está en constante contacto con la santidad de Dios. Por eso, el seminarista experimenta cada día y continuamente, la irrupción de la santidad de Dios sobre él, porque se prepara para ser el: “Benedictus qui venit in momine Domini” (“Bendito el que viene en nombre del Señor”).
El sacerdote, cuando habla a los hombres, es porque viene de contemplar la santidad de Dios y los contagia, los santifica y los lleva a Dios. Por tal motivo, debe ser un hombre de oración, convencido de que el tiempo dedicado al encuentro íntimo con Dios es el mejor empleado. Este estilo de vida, por cierto, no se improvisa, sino que se aprende a través de los años en la formación espiritual del Seminario.
La piedad, requisito fundamental
“La oración hace al sacerdote y el sacerdote se hace a través de la oración”. La oración mental ayuda a conseguir la transformación de la mente y del corazón del discípulo, y por eso el seminarista ha de privilegiar estos momentos. El sacerdote, que ha de ser un apóstol, primero tiene que ser testigo de lo que ha oído, de lo que ha visto con sus propios ojos y ha tocado con sus manos en la contemplación del Verbo dador de Vida (1 Jn 1,1-2), a quien predica.
En el encuentro con Cristo, que se da a través de los medios de vida espiritual como la Eucaristía, la Meditación, la Adoración al Santísimo, las entrevistas personales y frecuentes con el Director Espiritual, el diario rezo del Santo Rosario y muchas otros medios, tienen como objetivo arraigar tres actitudes: Seguimiento, conversión y predicación.
Un proceso que se trabaja a diario
En el Seminario de Guadalajara, ordinariamente, se ofrece a los alumnos dos horas diarias “para estar con Él”, para estar con Cristo que los ha llamado a compartir su misma vida, su misión y su destino. Solamente el encuentro frecuente, profundo y adecuado con Él, será capaz de fascinarlos y seducirlos para ser testigos del amor del Padre; ese mismo amor que el propio Cristo reveló a sus discípulos y que, a su vez, encomendó a sus sacerdotes.
La organización de la vida espiritual en el Seminario pretende ser una motivación profunda que inspire una mística que, como principio vital, impulse la vida de los seminaristas desde dentro para vivir y luchar por una configuración con Cristo Sacerdote en un proceso de santidad y perfeccionamiento, de tal manera que sean capaces de dar la vida por los hermanos de manera total, primaria y permanente, y con un corazón grande, nuevo y puro.
El dinamismo o fuerza interior para este proceso de transformación en Cristo es fruto del Espíritu y de la actividad humana (medios de vida espiritual). Se necesita una cooperación libre, responsable, armónica y programada entre la Gracia, que viene de Dios, y la naturaleza. De eso dispone el seminarista.
El Seminario, como institución, siempre ha buscado elegir, ordenar y aplicar de manera adecuada y oportuna los distintos medios que dinamicen la Gracia con mayor eficacia en la vida de los alumnos.
Ahora bien, es responsabilidad de cada uno de los seminaristas disponer su mente y su corazón para dejarse transformar por la Gracia y acudir a estos medios con plena docilidad al Espíritu, para lo cual se hace necesario un ambiente de silencio interior y exterior que propicie el encuentro transformador con Cristo.
Al haberse celebrado en nuestra Arquidiócesis el Día del Seminario Diocesano de Señor San José, todo el Pueblo de Dios fue exhortado a ponerse en actitud de oración para pedir al Señor Jesús que envíe su Espíritu a todos los jóvenes seminaristas y vaya transformándolos, con su Gracia, en santos y sabios sacerdotes.
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