“Morada de virtudes”, de El Colegio de Jalisco
Publicado en web el 4 de Marzo, 2010
THO
Con tal nombre acaba de aparecer, en un corto tiraje de 500 ejemplares, una obra coordinada por el doctor Arturo Camacho Becerra, cuyo subtítulo lo explica todo: Historia y significado de la capilla de La Purísima, de la Catedral de Guadalajara, redactado al calor del hallazgo, en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis tapatía de un abultado expediente relativo a la construcción de esta capilla Y, aunada la rara circunstancia de que existe un fondo documental contemporáneo de una obra material como ésta, juntó cinco plumas para ofrecer un trabajo interdisciplinario, como ahora se estila. Estrellita García escribió Mejoras de la Catedral de Guadalajara 1874-1878; Patricia Díaz Cayeros: ‘Culto y metamorfosis. Los monumentos del Jueves Santo y la Catedral de Guadalajara’; Nelly Sigaut: ‘Un nuevo nicho para una antigua imagen’; Arturo Camacho: Reconciliación y culto a los defensores de la fe. Los monumentos funerarios en la capilla; y Tomás de Híjar Ornelas: ‘Pedro Loza, constructor’.
Se trata de una aportación académica, novedosa en casi todos los aspectos, en torno al edificio más emblemático de la Capital de Jalisco, a la vista de cuyas torres, varias veces rehechas, han desfilado, durante casi cuatro siglos, las más diversas generaciones, sucesos y episodios; unos, fastos, otros, aciagos.
Por sus páginas, el lector se enterará del aprovechamiento que se hizo en el espacio que dejó la puerta sur catedralicia, cegada al construirse el templo de El Sagrario Metropolitano: de adoración a Jesús Sacramentado en el arca eucarística del Jueves Santo; de veneración a la Madre de Cristo bajo el título de La Purísima Concepción; de homenaje a la memoria de los dos primeros Arzobispos, y del quinto (D. Pedro Espinoza y Dávalos, D. Pedro Loza y Pardavé y D. Francisco Orozco y Jiménez, respectivamente), perpetuado en monumentos funerarios, de arte en su cuidada arquitectura y decoración, y de belleza en las obras plásticas allí colocadas.
Se abre entre nosotros, de esta forma, una brecha inexplorada, por la cual, sin duda, deambularán pronto muchos otros investigadores, pues permite ver una obra material, relacionándola con sus promotores, con el sentido de haberla ejecutado, con las circunstancias que la rodearon y las personas a las cuales se ha dedicado; las diversas fases, en fin, de un prisma donde lucen por igual la historiografía, la historia del arte, la arquitectura, la pintura y la escultura.
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