Para Irlanda; para toda la Iglesia
Publicado en web el 25 de Marzo, 2010El Santo Padre dirigió una Carta Pastoral a la Iglesia en Irlanda, que se hizo pública el sábado 20 de marzo. Él mismo pidió que se leyera completa y con atención. Queremos hacer eco de su enseñanza segura y rigurosa sobre el tema, mostrando algunos párrafos de su mensaje. Calificó de la siguiente manera a lo sucedido: Inquietante problema, actos pecaminosos y criminales, errores cometidos, injusticias del pasado, abusos ocurridos, heridas inflingidas al Cuerpo de Cristo, con consecuencias trágicas.
El sentimiento: “Escribo con gran preocupación. Estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentásteis al enteraros de esos actos pecaminosos y criminales”.
Los hechos: Se hizo un “análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas”.
El reconocimiento: “Teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta inadecuada por parte de las autoridades eclesiásticas, he decidido escribir esta Carta Pastoral para proponeros un camino de curación, renovación y reparación”.
Medidas concretas y puntos operativos esenciales: “Reparar las injusticias del pasado, conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio”. La tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos, y de hacerlo con coraje y determinación. Se han dado pasos positivos, pero todavía queda mucho por hacer”.
Los puntos operativos esenciales son: reconocer la verdad, ayudar a las víctimas, reforzar la prevención y colaborar constructivamente con las autoridades judiciales. Da una amplia lista de acciones de carácter espiritual para implorar perdón a Dios y fortalecerse en la vida espiritual.
A las víctimas de abusos y a sus familias, les dice: “Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada, y violada vuestra dignidad. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza”.
A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños, les exige: “Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los Tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que sois sacerdotes, habéis violado la santidad del Sacramento del Orden. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios”.
Sabe del sufrimiento de los papás: “Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos”.
Y a los Obispos les señala que “no se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado a la hora de aplicar las normas. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Además de aplicar plenamente las normas del Derecho Canónico, seguid cooperando con las autoridades civiles. Sólo una acción decisiva, llevada a cabo con total honestidad y transparencia, restablecerá el respeto y el afecto del pueblo por la Iglesia”.
La aplicación de la justicia no pasará por el espectáculo público, sino por la aplicación de las leyes civiles y canónicas, y para los que son creyentes, por la oración, la penitencia y la confianza en la misericordia de Dios.
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