5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Un acercamiento a la Cinematografía (VII)

Publicado en web el 4 de Marzo, 2010

(Pistas para ver Cine)

Pbro. Alfonso Rocha Torres

CUARTA PISTA : Conozca la Historia del Cine (Continuación).
El Cine Japonés, a mediados del Siglo XX La Historia del Cine en Japón se inició con los trabajos de varios pioneros, como Koyo Komada, a finales del Siglo XIX. En apenas cuatro años, la producción ya es muy alta, lo que lleva emparejada la multiplicación de empresas y Estudios cinematográficos, que en buena parte serán arrasados por el terremoto de 1923. Empero, la industria no se desalienta ante esta catástrofe, e inmediatamente recompone su infraestructura, continuando con una producción tan intensa, que llegó a superar los 700 filmes al año en el segundo lustro de los años veinte.

Fueron años en los que dieron sus primeros pasos directores como Teinosuke Kinugasa, Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu y Heinosuke Gosho, entre otros, quienes dirigieron las primeras películas totalmente sonoras a lo largo de los años treinta (hasta 1937 todavía se hicieron películas mudas). Su producción se centró en las cintas de época feudal -los “jidaigeki”-, que durante muchos años convivieron con otros temas relacionados con las clases populares, la vida contemporánea -los “gendaigeki”-, basada en tramas de tinte melodramático, y con los “shomingeki”, películas que abordaban específicamente asuntos de la vida familiar y de individuos pertenecientes a la clase media baja, desarrollados a caballo entre la comedia y el drama.

En general, todos los directores japoneses incidieron durante los años treinta y cuarenta sobre estos tres modelos temáticos, aunque en el Occidente no se conocerá el Cine de este país sino hasta los años cincuenta.

Fue, pues, hasta mediar el Siglo XX, cuando los principales Festivales Internacionales de Cine (Cannes, Venecia) abrieron las puertas a la producción cinematográfica nipona, concediendo importantes premios a películas como Rashomon (1950), de Akira Kurosawa -Óscar a la mejor película extranjera-, Cuentos de la luna pálida de agosto (1953) y El intendente Sansho (1954), de Kenji Mizoguchi, y La puerta del infierno (1953), de Teinosuke Kinugasa -también Óscar a la mejor película extranjera-. Los espectadores de este lado del mundo descubrieron en estas películas una estructura narrativa muy evolucionada y que tenía muchos puntos de contacto con todo lo desarrollado en Occidente. Fueron, ésas, películas de época, históricas, feudales, que sorprendieron a todos los cinéfilos y obligaron a una revisión del Cine japonés anterior, circunstancia que se produce en diversas Filmotecas y ciclos culturales.

Asimismo, se descubrió el virtuosismo actoral de protagonistas como Toshiro Mifune, Chishu Ryu, Kinuyo Tanaka, Machico Kyo, Kazuo Hasegawa, Hideko Takamine, Masayuki Mori e Isuzu Yamada, Takashi Simura, Tatsuya Nakadai, entre otros. Mas, quien logró asentarse con mayor éxito en las salas occidentales fue Akira Kurosawa, que sorprendió a lo largo de su carrera con títulos excepcionales como Vivir (1953), Los siete samurais (1954), El mercenario (1961), Dersu Uzala (1975), Kagemusha (1980) y Ran (1985), en los que profundiza, desde perspectivas diversas y momentos históricos diferentes, en el hombre y su relación con los demás.

Con buen pulso narrativo irrumpe también en escena Kon Ichikawa con El arpa birmana (1956), un soberbio trabajo sobre el horror de la guerra, que fue premiado en el Festival de Venecia. Años después llegarán de forma aislada películas que continúan llamando la atención por la crudeza de ciertas historias, como las de Nagisha Oshima, que muestra el lado trágico del sexo en El imperio de los sentidos (1976), y la obra de Shoei Imamura, quien con La balada de Narayama (1983), se adentra en el mundo de los sentimientos, en la realidad cotidiana de los habitantes de un pueblo en el más arraigado primitivismo.

El mundo del cómic, tan importante en Japón, continuó con su proyección internacional con Akira (1989), del Maestro del manga Katsuhiro Otomo, quien participaría también en Metrópolis (2002), del animador Shigeyuki Hayashi (Rintaro). (Continuará).

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