El sacerdote y la fraternidad
Publicado en web el 22 de Abril, 2010Desde sus años juveniles de preparación en comunidad, a los candidatos al sacerdocio se les imbuyen actitudes y aptitudes para la convivencia y el deporte, con miras a que constituyan un fondo de virtudes y cualidades que les serán muy útiles en su servicio apostólico
Pbro. Ramón Duarte Miranda
Secretario de la Dimensión Episcopal del Clero
La formación del sacerdote tiene muchas dimensiones y características. Nos referimos no a la formación inicial, que se da en el Seminario, sino a aquella que se continúa adquiriendo cuando ya se es Presbítero. Es esa formación, a la que el Documento de Aparecida le ha llamado Pastoral Presbiteral, la cual posee una riqueza de facetas que le dan sentido al ser y quehacer sacerdotal.
De tal proceso cabría mencionar dos aspectos: El primero es que esa formación debe ser, ante todo, permanente; esto es, no se trata de una formación circunscrita a un tiempo determinado, tomando en cuenta que el sacerdote nunca está totalmente formado, nunca está hecho, sino que día con día está configurándose con Cristo.
Esto quiere decir, asimismo, que la meta de su formación es llegar a la configuración total con Cristo, el Buen Pastor, y que para lograr alcanzarla no basta la vida entera del sacerdocio, por más prolongada que ésta sea.
De esto se desprende que el sacerdote es una persona que deberá buscar avanzar y madurar espiritualmente todos los días. Deberá ir incorporando cotidianamente muchos elementos espirituales, intelectuales y pastorales que lo nutran y le ayuden a configurarse con el Divino Maestro.
Otra faceta es aquella que mira al enriquecimiento de todas las dimensiones del sacerdote como ser humano, proyectadas positivamente a su tarea pastoral. El sacerdote no sólo es representante de Cristo; es también una persona, un hombre que piensa, siente y sufre; que se entrega, sí, pero que se fatiga, como todo ser humano; que se hace uno con Jesús en cada Eucaristía, pero que en momentos llora, lo mismo que ríe. En esta importante faceta es también necesario crecer y fortalecerse, pues forma parte de esa formación integral de la que se habla al inicio.
Importante, la amistad
y la reciprocidad
Existe también otra parte trascendental de este proceso de formación permanente, y consiste en buscar los espacios apropiados para fomentar la fraternidad sacerdotal; el ir al encuentro de los hermanos de ministerio para compartir sus alegrías, tristezas, problemas, sueños, esperanzas, a fin de poder vivir y sentir lo que verdaderamente es o debe ser la auténtica fraternidad sacerdotal.
Aquí en Guadalajara ha venido utilizándose exitosamente el deporte como un vínculo de fraternidad. Mediante esta actividad lúdica y relajante, ha podido lograrse la convivencia, aplicada también a nuestra formación integral.
Así por ejemplo, el domingo 11 de abril tuvo lugar un concurrido Torneo de Frontenis en las canchas del Club del Buen Pastor, modesto club sacerdotal, con la finalidad de fomentar esta fraternidad; y allí, tras dos horas de juego, de estreno de uniformes, de movimiento de músculos a veces poco acostumbrados al esfuerzo físico, recogimos un fruto muy provechoso como fue la convivencia y acercamiento fraterno, el estímulo y la competencia entre los participantes, de entre los cuales surgió una dupla ganadora, integrada por el Padre Carlos Alberto Rodríguez Torres y el Padre Luis Quintero Ramírez.
Mas, de hecho, todos resultamos triunfadores, pues a propósito de esta competencia, todos los sacerdotes asistentes compartimos una suculenta parrillada y, desde luego, y lo principal, departimos alrededor de ella con un verdadero espíritu fraterno.
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