Testigo de fe, paradigma de un girón de nuestra historia
Publicado en web el 30 de Abril, 2010El Padre “Panchito” Jiménez Gutiérrez falleció en Lagos de Moreno el reciente 12 de abril
Pbro. Óscar Maldonado Villalpando
Dios también habla, tiene una palabra para cada momento de la historia, y ha querido hacer, sin duda, un particular llamado en este Año Sacerdotal y en esta convulsionada coyuntura de escándalos mediáticos sobre el sacerdocio, para que los fieles dirijamos nuestra mirada hacia la figura de un excelente sacerdote, quien tras una jornada admirable, a punto de cumplir 90 años de vida (nació el 4 de octubre de 1920), y con 63 años entregados a su ministerio sacerdotal, fue llamado por el dueño de la mies para rendirle cuentas.
Su familia, su vida misma, fueron particularmente representativos de una época eclesial, de un pasaje histórico que llenó de grandeza la religiosidad mexicana, jalisciense y alteña: La Cristiada. Fue su pueblo natal San Miguel el Alto, el de rostro de labrada cantera en rosa, tan bello como el rostro de sus piadosas y admirables mujeres. Su padre fue don Catarino Jiménez de Luna, y doña Margarita Gutiérrez de La Torre, su madre, quienes procrearon seis hijos.
En aquel San Miguel el Alto, cuna del mítico Coronel Victoriano Ramírez, “El Catorce”, don Catarino tenía una surtida tienda, y cuentan que cuando el famoso guerrillero ejercía su dominio por aquella región, acudió un día a este comercio para encargar un casimir muy fino, negro, con rayitas plateadas, y que con ese género se mandó confeccionar un traje, que llevaba puesto, según dicen, precisamente el día que lo asesinaron en Tepatitlán. Años más tarde, los restos de “El Catorce” fueron trasladados a San Miguel, y en Mirandillas, relataba el Padre Panchito haberlos visto incorruptos, portando ese traje y con evidentes indicios de que su trágica muerte había sido muy distinta a como se había dicho.
El hogar del Padre Panchito fue, pues, muy representativo de las familias alteñas de aquella época, que solían formar un entramado de importantes relaciones sociales y familiares con todas las de los distintos pueblos de la región, dadas las afinidades entre los habitantes de San Miguel, San Diego de Alejandría, San Julián, Arandas, y demás comunidades.
Tuvo, el Padre Panchito, dos tíos, hermanos de su mamá, que se ordenaron sacerdotes y ejercieron importantes ministerios en la Iglesia de la Guadalajara de entonces. Fueron ellos don Ignacio y don Agustín Gutiérrez de la Torre, quienes, sin duda, imprimieron sobre el futuro sacerdote un benéfico influjo.
Tras los días álgidos de la persecución, otros dos hermanos del Padre Panchito también respondieron al llamado de Dios: Francisco y Mariano de Jesús.
sus dos destinos
Después de haber sido ordenado por el Arzobispo don José Garibi Rivera el 5 de abril de 1947, fue enviado como Vicario a Tamazula, donde permaneció dos años, y en 1949 fue destinado, también como Vicario, a la Parroquia de Santa María de los Lagos, en Lagos de Moreno, lugar del cual no saldría y donde desempeñaría distintos ministerios sacerdotales, siempre ejemplares. Su familia tuvo que trasladarse definitivamente a Lagos, donde llegaría a habitar en Juárez 246, a corta distancia del templo parroquial; casa que se convertiría en centro de acogida y atención a muchos hermanos sacerdotes, especialmente a los recién ordenados, gracias a la bondad de su mamá y de una de sus hermanas.
En aquel mismo año se ordenaría su hermano Mariano, quien también recibió como destino la misma población alteña. Así, los dos hermanos sacerdotes vendrían a ser una referencia en la vida cristiana laguense durante muchos años, cada uno a su manera.
Tesonera y reconocida labor
Pronto, el Padre “Panchito” se identificó con el Templo de Nuestra Señora de la Luz, situado al margen del río y del célebre puente de las consejas. Ahí, en cada muro, en cada bóveda, fue dejando trozos de su alma, de su celo, de sus desvelos. Luego, se fue a trabajar al Templo del Calvario, corazón vivo de la vida religiosa de Lagos de Moreno. También embelleció este Santuario donde se venera la tan querida imagen del Cristo con la Cruz a cuestas, camino al Calvario.
Cruzando el río hacia el Oriente, hizo que la comunidad de “La Otra Banda”, ya en años más recientes, se congregara alrededor de un nuevo templo, dedicado a la Virgen del Carmen.
Nombrar al “Padre Panchito” es traer a la memoria la bondad, la entrega, la perseverancia, la constancia en la misión sacerdotal, fuera cual fuese su ocupación y destino; y así, cuando se erige la nueva Diócesis de San Juan de los Lagos, en junio de 1972, el Padre “Panchito” es nombrado como primer Cura de la Parroquia de Nuestra Señora de La Luz, donde era ya tan conocido y apreciado.
Sin embargo, su presencia y labor se desbordan y se proyecta a través de la construcción de un nuevo templo, dedicado a San Miguel, sito en la parte alta, entre El Calvario y La Luz; sin duda, en memoria de su tierra natal.
gran espíritu fraterno
Querido y apreciado por todos sus feligreses por su afabilidad, sencillez de trato y cercanía con ellos, muchos aún lo recuerdan atendiendo solícito a su rebaño, montado en su vieja bicicleta “Hércules”, de cuernos altos, que luego cambiaría por una motocicleta para abarcar más fácilmente un amplio territorio pastoral que incluso se asomaba a la vecina Aguascalientes.
Después manejaría un “vochito” verde, que se hizo célebre porque, en una de las comunes y súbitas crecidas del Río Lagos, fue arrastrado por las aguas, y se fue con el Padre adentro navegando por un largo tramo, hasta que, por fortuna, un grupo de campesinos acudió a rescatarlo de la corriente, de la cual salieron indemnes, tanto el sacerdote como su cochecito, que siguió funcionando.
A nivel diocesano, participó de importantes encomiendas para bien de los sacerdotes, especialmente en lo referente a la salud integral del Presbiterio, aprovechando un sentido práctico natural en la administración de bienes, el cual puso al servicio en su ministerio y a favor de la iglesia, tanto en la edificación de templos como en la promoción de recursos para la atención de los necesitados. Laborando al lado del Canónigo José Guadalupe Becerra y otros sacerdotes más, procuró el bien espiritual, físico y económico de muchos hermanos presbíteros.
Tras años de hacer el bien, llegó el día en que el Padre “Panchito”, al cumplir la edad canónica de los75 años, fue relevado de algunas responsabilidades; sin embargo, aun así, siguió sin variar en su entrega y compromiso con su misión y vocación.
El umbral de la casa paterna
Recientemente, en febrero, debido a una enfermedad crónica, tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en la Ciudad de León, de la cual salió bien y fue poco a poco recuperándose hasta poder regresar a Lagos; con todo, no logró recobrar totalmente su salud, de tal manera que debió ser internado de urgencia, y por más esfuerzos que se hicieron, su corazón cesó de latir el lunes 12 de abril, una fecha señalada, pues era la festividad dedicada a quien tantas muestras de amor dio y de quien tantas recibió: Nuestra Señora de la Luz.
Sus restos fueron expuestos en este mismo templo, y numerosos fieles de Lagos acudieron a expresar su pesar y sentir por el querido e inolvidable Padre “Panchito”.
Dios sea bendito, por haber podido atestiguar la edificante vida, y el aleccionador testimonio de un verdadero y fiel sacerdote.
Descanse en Paz el querido y admirado Padre Jiménez.
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