Convivieron formandos religiosos y seminaristas diocesanos
Publicado en web el 13 de Mayo, 2010La alegría, la convivencia y la oración llenaron la tarde del miércoles 5 de mayo las instalaciones del Seminario Mayor de Guadalajara; el motivo fue el VI Encuentro de Formandos Religiosos y Seminaristas Diocesanos
Miguel Ángel Silvestre Valdez, 3º de Teología.
Las actividades reunieron a poco más de 100 participantes, provenientes de siete Comunidades de Religiosos, además de los alumnos del Seminario Diocesano. Entre los concurrentes se encontraban Franciscanos, Salesianos, Misioneros del Espíritu Santo, Misioneros Xaverianos, Misioneros de los Sagrados Corazones, Misioneros Claretianos, Siervos de la Santísima Trinidad y de los Pobres, así como Misioneros Apóstoles de la Pureza.
“Dejarse podar”
Los Religiosos fueron llegando al Seminario desde antes de las cuatro de la tarde; posteriormente, en la Capilla de nuestra institución se tomó primero la foto del recuerdo de cada una de las Comunidades Religiosas participantes, y al final, una de todo el grupo que tomó parte en el Encuentro.
El principal acto de piedad matutino fue la Adoración a Jesús Sacramentado, la cual fue preparada por la O. F. M. (Orden de Frailes Menores) siendo Fray Jorge Rodríguez quien se encargó de dirigir la oración en este emotivo momento ante Jesús Buen Pastor, dedicando lo substancial de éste, dentro del contexto del Año Sacerdotal, a meditar y pedir por los sacerdotes y por la propia vocación de los que se preparan al futuro ministerio sacerdotal.
Tras este momento de oración, los participantes se reunieron por equipos, propiciando con ello una fraterna convivencia y profundización del conocimiento entre las diferentes Órdenes Religiosas y los seminaristas, lo cual fue aprovechado para reflexionar sobre los actuales retos del sacerdote y acerca de las cualidades indispensables que debe de tener quien pretende erigirse en guía de la comunidad. A este respecto, tanto sacerdotes como diáconos, seminaristas y religiosos compartieron sus experiencias, ideas e inquietudes, manifestando un vivo interés por la óptima preparación y mejoría en todos los aspectos que debe existir en quienes han de ser pastores y guías del Pueblo de Dios.
La Eucaristía, momento culminante del VI Encuentro, tuvo lugar a las siete de la tarde y fue presidida por el Padre Mariano Moreno Fonseca, Formador del Seminario Diocesano, y concelebrada por ocho sacerdotes de las diferentes comunidades religiosas que asistieron. El predicador, en su homilía, animó a todos a verse como verdaderos hermanos y como miembros de una misma familia. Asimismo, destacó que el conocimiento mutuo es la base de la estimación y aprecio, y que sin duda este Encuentro será la ocasión propicia para que los lazos de fraternidad entre religiosos y diocesanos se fortalezcan.
También animó a los asistentes a “dejarse podar” por el Señor, ya que, según el texto evangélico del día, San Juan relata la parábola de la vid y de los sarmientos; respecto a lo cual señaló que es el propio Maestro quien invita a sus seguidores a dejarse formar y modelar, a imagen y semejanza de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, y a todo fiel cristiano que atienda el llamado a la conversión.
Alegría y gratitud, de colofón
En esta ocasión, el Responsable Diocesano de las Comunidades Religiosas y Coordinador General de estos Encuentros, el Obispo Auxiliar Rafael Martínez Sáenz, no pudo asistir al Encuentro por encontrarse en Ejercicios Espirituales, pero no faltó su oración y apoyo incondicional para esta iniciativa.
Al final de la Misa, seminaristas y religiosos disfrutaron de una animada cena, la cual sirvió para prolongar la convivencia, el intercambio de experiencias y de conocimientos.
Estas reuniones son organizadas anualmente por parte de nuestra Arquidiócesis, con el objetivo de procurar, mediante la oración, la reflexión y la convivencia, un acercamiento entre los religiosos que están en formación y los futuros sacerdotes diocesanos, y en esta ocasión sirvió, adicionalmente, para exaltar la unidad y la comunión que debe existir siempre entre los distintos miembros de la Iglesia, sobre todo de aquéllos que en el porvenir estarán al frente de las comunidades. Y en el marco del Año Sacerdotal, también fue saludable ocasión para retomar el impulso en la entrega a los hermanos, pues gracias a experiencias como éstas, sabemos que no estamos solos, sino que hay muchos otros aspirantes, con diferentes carismas, en la persecución de ese ideal, que es la culminación de nuestra vocación sacerdotal.
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