21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
Vivo retrato de Don Bosco | Año Sacerdotal | Edición:

El Padre Juan Ignacio Sandoval Márquez, un Salesiano ejemplar

Publicado en web el 6 de Mayo, 2010

23aTomado de: “Florecieron en el huerto del Señor”., Comisión Interinspectorial de Historia Salesiana de México. Ediciones Don Bosco 1990

Una figura de buen sacerdote, aún viva en la mente de muchas personas de Guadalajara, es la del Padre Juan Ignacio Sandoval Márquez, un hijo de Don Bosco que vivió su sacerdocio con total entrega a todos aquellos a quienes Dios le envió.
El Padre Sandoval, como era mejor conocido, nació en Tepechitlán, Zacatecas, el 8 de julio de 1887, días en que aún vivía Don Bosco, el Fundador de la Congregación Salesiana. Hijo de Francisco y Mariana, personas sencillas y piadosas que supieron enseñar a Juan Ignacio y a sus 11 hermanos a trabajar sin cansancio y a comprometerse con su fe.
En 1908 ingresó al Aspirantado Salesiano de Puebla y, el 29 de septiembre de 1912, habiendo terminado la etapa del Noviciado, emitió la Profesión Religiosa en la Pía Sociedad de San Francisco de Sales (Salesianos), a los 25 años de edad.

“id por todo el mundo…”

El resto de su formación, luego de un período de trabajo en Nicaragua, lo realizó en El Salvador, país donde también fue ordenado sacerdote el 15 de mayo de 1921, y donde pasaría sus primeros años de ministerio.
A su regreso a México, en 1926, ya con 39 años, el P. Nacho fue destinado al Colegio Salesiano de Santa Julia (México, DF), pasando luego como Director al Oratorio Salesiano “El Carmen”, de Puebla, donde trabajó 16 años.
En 1947, cuando ya tenía 60 años, llegó a Guadalajara. Ciertamente, para muchos, tener esta edad -considerando también la época- significaría ya un período en el que una persona podría tener menos fuerza y, por lo tanto, menores posibilidades de hacer proyectos y de trascender. No fue así para el P. Sandoval.

inolvidable, su incansable labor

En la capital jaliciense trabajó primero -por 38 años- en la “Escuela México” (hoy Colegio Anáhuac Revolución, junto al Templo de María Auxiliadora, en el Sector Reforma), siendo particularmente significativa su presencia y dedicación al Oratorio que en ese plantel funcionaba.
Pero fue la última etapa de su vida la que puede ser considerada como la más heroica. Contando ya con 80 años, el Padre Nacho fue a trabajar en la zona de la Hacienda de Oblatos, en el casco mismo de la hacienda para ser exactos, zona periférica de la ciudad en el Sector Libertad; una labor que significaba empezar de cero. Ahí se afanó sin cesar por casi 15 años, llegando a fundar una escuelita y, por supuesto, un Oratorio; todo para los más pobres.
Este discípulo de Cristo, al estilo de San Juan Bosco, volvió a la Casa del Padre el 13 de junio de 1985. Tenía casi 98 años, 72 como Salesiano y 64 como Sacerdote.
Muchos de sus antiguos alumnos y oratorianos lo recuerdan, siempre en relación al trabajo. Piensan en él en sus clases, animando el deporte, celebrando la Santa Misa, en el confesionario, en sus paseos a pie y en bicicleta, vehículo que no abandonó sino hasta los 81 años, tras sufrir un serio percance.
Hay también quienes le recuerdan por la ayuda recibida de parte de este Salesiano: teniendo paciencia con algún padre de familia ante la imposibilidad de pagar la colegiatura; recibiendo gratuitamente a algunos muchachos en su escuela, e incluso pagando a algunos sus estudios superiores; cubriendo el pasaje de aquellos niños que venían de lejos; y, al estilo de los Oratorios Salesianos, ofreciendo a todos, cada domingo después de la Misa, un poco de atole y pan.

 

 

23bNota de la Redacción

 

Tan sólo en referencia al Colegio Anáhuac, deben ponerse en contexto el lugar, el tiempo y las condiciones. Lo fundó para niños pobres de los Sectores Reforma y Libertad, y era un hervidero de chiquillos en las décadas de los 50 a los 70 del siglo pasado. Su Deportivo Oratorio Salesiano (el famoso DOS) llegó a integrar varias Ligas de Futbol que competían en numerosas canchas de tierra habilitadas junto al plantel educativo, por la Avenida Revolución.
Numerosos fueron los chavales que, habiendo aprendido ahí los rudimentos del balompié bajo la mirada del Padre Nacho, quien les proveía seguido de rústicos balones de cuero, fueron a probarse luego, con éxito, a Clubs Profesionales como el Nacional, el Guadalajara, el Oro y el Atlas, llegando incluso a la Selección Nacional. Como botones de muestra: Arturo Chaires, Antonio Mota, Gamaliel Ramírez.
Sin duda, el auge de esta institución docente podía acreditarse al intachable espíritu sacerdotal del Padre Sandoval (máxime que el común de la gente le achacaba un parecido físico a Don Bosco), y no pocos testigos referían anécdotas y episodios en verdad impresionantes y milagrosos al constatar cómo, de la nada, este Religioso jalaba cuerdas de la Providencia para obtener, en los momentos más apremiantes, ayuda económica, material y en especie para edificar y mantener las instalaciones, para procurar una buena planta docente, para becar a no pocos pequeños pobretones… Y para conseguirles entrenadores, uniformes y balones a sus inquietas parvadas de trotacanchas.
Y, claro, todo ello apegado fielmente, por tantísimos años, al admirable método salesiano de piedad, convivencia, alegría, estudio y deporte.

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