21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172

Mezcala, una gesta heroica (II) 

Publicado en web el 29 de Mayo, 2010

29Paulina Carvajal de Barragán

Retomemos nuestro relato sobre la Isla de Mezcala. En diciembre de l8l2, siguiendo el plan concebido, se embarcaron aproximadamente mil hombres -con sus mujeres e hijos- en doscientas canoas grandes y empezaron los preparativos para la defensa, bajo la dirección del Padre Marcos Castellanos, quien ordenó, como primera medida, construir una serie de trincheras alrededor de la isla, hacer canoas y empezar a acarrear víveres. Terminados los atrincheramientos exteriores, empezaron a levantarse unas cercas bajo el agua para impedir que las embarcaciones realistas pudieran acercarse a las playas. Se nombró como jefe a Luis Macías, dueño de la Hacienda de La Palma, y se estableció una rústica fábrica de pólvora y balas, mientras el Padre Castellanos ponía todo su empeño en instruir y preparar a sus improvisadas huestes.
El 23 de diciembre, 300 indios, bajo las órdenes de Luis Macías, Cárdenas y Amador, tuvieron un primer encuentro en las orillas de Tuxcueca con los realistas que comandaba el Capitán Rafael Cuéllar, en el que sufrieron cuarenta bajas.
El 26 del mismo mes, Antonio Lavería informó a José de la Cruz, desde Jocotepec: “Los vencidos se volvieron el día de Noche Buena a embarcar para la isla”, siendo ésta la primera vez que se menciona el lugar.
José de la Cruz envió entonces refuerzos a Rafael Linares, y éste salió rumbo a Tizapán, en donde fusiló a varios vecinos, por parecerle sospechosos; aprehendió a la esposa de Encarnación Rosas y prendió fuego a las casas, dejando el pueblo en ruinas.
Cruz mandó construir, en el Puerto marítimo de San Blas, una lancha cañonera y varios botes para atacar la isla, y distribuyó tropas realistas en los pueblos de las orillas del Lago de Chapala. El 26 de febrero de l8l3, Linares se embarcó con su destacamento en una canoa grande desde Cuitzeo, y en seis pequeñas desde Jamay para realizar un reconocimiento de la zona; los isleños, al descubrirlo, se lanzaron sobre él en sus canoas y le volcaron dos de sus embarcaciones, apoderándose de cuatro más. Sólo se salvó la embarcación que capitaneaba Juan Galli y unos pocos soldados. Linares fue hecho prisionero y ahorcado en la plaza de Tizapán. Sesenta soldados realistas murieron en esta acción.
Los isleños, al mando de José Santa Anna, desembarcaron a fines de marzo en San Pedro Ixticán y atacaron por sorpresa, logrando una victoria absoluta en el lugar llamado La Peña. El 2 de abril, cerca de Tlachichilco, obtuvieron una nueva victoria, y una más en Atequiza, hacia donde habían ido a buscar a los realistas.
Después de esta intensa actividad, vinieron días de relativa calma. Los insurgentes se dedicaron a proveerse de víveres, leña, azufre y plomo. Los realistas empezaron a recibir, desde San Blas, lanchas y otros elementos marítimos. José María Vargas, un rico ranchero de la región, hizo entrega, a los insurgentes, de ocho cañones que había ganado a los realistas en su recorrido por Zacoalco y San Gabriel.
Luis Macías fue fusilado en La Barca, en una de tantas salidas, y el Padre Castellanos asumió el mando.
Entre tanto, en el campamento realista se trabajaba intensamente. Se había reunido un importante arsenal en la Hacienda de Cedros, bajo la dirección del Capitán de Fragata José Añorga, y se había iniciado la construcción de cinco naves y una balsa flotante, que saldrían rumbo a Tlachichilco, al mando de Felipe García.
Los realistas emprendieron, así, un nuevo asalto. Los cañones de las lanchas atacaban furiosamente, y las embarcaciones se precipitaban sobre las playas de la isla, pero se detenían bruscamente al chocar con las ocultas cercas lacustres, mientras caía sobre sus sorprendidos tripulantes una intensa lluvia de piedras, en medio del ruido ensordecedor de las bombas realistas. El desorden crecía entre éstos, mientras los defensores de la isla atacaban con furia. Felipe García murió en la batalla, y Pedro Celestino Negrete perdió dos dedos de la mano izquierda, que le fueron arrancados por una pedrada.
Las tropas realistas, ante la imposibilidad de vencer al grupo de valientes, empezaron a retirarse. Habían perdido doscientos hombres entre muertos, heridos y prisioneros; dos canoas, un cañón, y una caja de parque; pero, sobre todo, habían perdido su prestigio de soldados españoles, del cual se sentían tan orgullosos.
Negrete pidió ser relevado, y en su lugar se nombró al General José Navarro, quien dispuso, como primera medida, un bloqueo general para vencer a los rebeldes más por la necesidad de víveres que por la fuerza de las armas.

Fray Melchor de Talamantes

Ríos de tinta han corrido para exaltar la memoria de un Fraile Mercedario que anticipó lo que habría de pasar en los territorios americanos sometidos al yugo español en los meses previos al inicio de la Lucha por la Independencia.
Nacido en Lima en 1765, alcanzó las borlas de Doctor en Teología por la Universidad de su ciudad natal; poseedor de una inteligencia preclara, fue Definidor de su Orden y se desempeñó como Catedrático de Filosofía y de Sagradas Escrituras. Nunca sabremos totalmente qué vientos lo empujaron al Puerto de Acapulco y a establecerse en la Ciudad de México en 1799, llevando consigo un salvoconducto para ir a España, sólo que en esta capital su conversación ingeniosa y sus dotes de orador sacro le llevaron a echar raíces y figurar en la vida política y social, hasta que el Tribunal del Santo Oficio intervino y redujo a prisión al inquieto fraile.
Fue, asimismo, Censor del Diario de México, la primera publicación periódica del país; y en 1805, recibió del Virrey José de Iturrigaray la comisión de resolver la problemática de las fronteras entre Texas y Louisiana.
Sin embargo, no fueron estos menesteres, sino su valiente y rápida intervención, cuando al saberse la noticia de que la Península Ibérica había sido tomada por los ejércitos napoleónicos, en 1808, y cuando el Ayuntamiento de México intentó establecer una Junta Nacional soberana en abierta desobediencia al Gobierno usurpador, cuando Talamantes quedó convertido en el ideólogo de un Movimiento y hasta llegó a formular los planes de una posible estructuración política y elaborar un proyecto de Congreso Nacional de la Nueva España.
Sin embargo, la destitución violenta de Iturrigaray le valió, a Fray Melchor, ser aprehendido el 16 de septiembre de 1808, sometiéndosele a un proceso cuya sentencia fue ser remitido a España; circunstancia que no se cumplió, pues, detenido con grillos en la insalubre Fortaleza de San Juan de Ulúa, esperando su embarque, falleció en mayo de 1809.
De él se conservan sus Apuntes para el Plan de Independencia, que entre otras cosas dice: “El Congreso Nacional americano debe ejercer todos los derechos de la soberanía, reduciendo sus operaciones a los puntos siguientes: 1. Nombrar al Virrey y Capitán General del Reino, y confirmar en sus empleos a todos los demás. 2. Proveer todas las vacantes civiles y eclesiásticas. 3. Trasladar a la capital los caudales del erario y arreglar su administración. 4. Convocar un Concilio Provincial para acordar los medios de cumplir aquí lo que está reservado a Su Santidad. 5. Suspender al Tribunal de la Inquisición de autoridad civil, dejándole sólo la espiritual, y ésta con sujeción al Metropolitano”, etcétera.

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