10 de Septiembre de 2017
Año XX
No. 1075
Sacerdocio Mariano | Año Sacerdotal | Edición:

San José María Robles Hurtado, de la mano de María

Publicado en web el 28 de Mayo, 2010

23Pbro. Tiberio Munari Chiomento
Misionero Xaveriano

La noche del 25 de junio de 1927, antes de ser ahorcado en un árbol de la Sierra de Quila, el Padre José María, en el cuartel de los agraristas de Tecolotlán, Jalisco, escribió estos versos, que sintetizan sus dos grandes amores de sacerdote: “Quiero amar tu Corazón,/ Jesús mío, con delirio,/ quiero amarte con pasión,/ quiero amarte hasta el martirio./ Al amparo de mi Madre,/ y de su cuenta corriendo,/ yo, su pequeño del alma,/ vuelo a sus brazos sonriendo”.

Este santo mexicano nació en Mascota, Jalisco (en lo eclesiástico perteneciente a la Diócesis de Tepic), el 3 de mayo de 1888, Festividad de La Santa Cruz, y el mismo día fue bautizado. Recibió su Primera Comunión a los ocho años en una capilla dedicada a la Santísima Virgen de Guadalupe, y creció en un ambiente campesino, sano y cristiano.

Durante una misión popular en su tierra natal sintió emocionalmente el deseo de ser sacerdote, lo que empezó a concretarse con su ingreso al Seminario Diocesano Menor de Guadalajara, en 1901. Concluidos sus grados de Secundaria, fueron tales sus progresos en el estudio y su devoción a la Virgen, que el Padre Martín Macías, su maestro, lo escogió para pronunciar un discurso académico sobre la Inmaculada Concepción, en la Catedral Metropolitana. Tenía 15 años de edad.

 

Devoción mariana cristocéntrica

En el Seminario, José María se había inscrito en la Congregación Mariana, reconociendo a la Madre de Dios como Señora, Patrona y Abogada, y prometiéndole un servicio perpetuo. Cabe hacer notar que las Congregaciones Marianas, fundadas por los Padres Jesuitas en el Siglo XVI, habían dado ya a la Iglesia grandes Santos.

Bajo la protección de María, el joven Robles progresó en virtud, particularmente en el amor apasionado al Corazón de Jesús. Y es que el Papa León XIII, impactado por la vida y los escritos de Luis María Grignión de Montfort, animaba en aquel tiempo a los seminaristas a seguir la doctrina mariana de este apóstol, cuya beatificación el mismo Pontífice acababa de proclamar. Con el tiempo, en 1915, el Padre Robles Hurtado publicaría en Tepic el Libro “Esclavos del Corazón de Jesús en María”, prácticamente un resumen del Tratado de la Verdadera Devoción a María, del Beato de Montfort.

Para septiembre de 1910, México celebraba el Primer Centenario de su Lucha por la Independencia. José María fue convidado por su hermano Juan a viajar a la Capital, junto con el Padre David Galván Bermúdez (también muy próximo Mártir). Deslumbrados por su visita a la Basílica Nacional de Santa María de Guadalupe, el Padre José María dejó escrito:
“Subimos al altar mayor de la Basílica de Guadalupe, a los pies de la Virgen, y la contemplamos. Cuando volvíamos de La Villa yo venía fuera de mí, por el placer tan inusitado de haber estado tan cerca de mi Madre”. Y terminaba sus recuerdos con estos acentos: “Adiós, Madre Guadalupana, mi encanto, mi esperanza, mi fortaleza; tal vez no vuelva a verte en tu templo; pero no olvides a tu hijo, que te ama y que no te olvidará jamás”.

 

Presbítero, Fundador Y Mártir

En 1913 recibió el Sacramento del Orden y se le destinó como Vicario de Nochistlán en ayuda del Párroco Román Adame Rosales, futuro compañero de martirio en la persecución religiosa. En el libro de la Liturgia de las Horas, el Padre Robles portaba una estampa de la Virgen María, que llevaba inscrito su firme propósito: “Mi corazón, mi sangre, mi vida, mi muerte, ¡todo te pertenece!” Fue en ese pueblo zacatecano donde fundó la Congregación de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado.

En 1920, el 8 de diciembre, Festividad de la Inmaculada Concepción, fue destinado como Párroco de Tecolotlán, que sería el fértil campo de su apostolado eucarístico y catequístico; del florecimiento de su Congregación; un bastión de la Unión Popular de Jalisco; blanco de ataques de los enemigos de la Iglesia, y palestra de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, ACJM.

Desafiando la presencia de un grupo de soldados federales, apostados en las afueras de Tecolotlán, el 12 de diciembre de 1926, ya suspendido el culto público en todo el país, el señor Cura Robles Hurtado celebró la Festividad de la Virgen Morena del Tepeyac. Unos días después, lloraba la noticia del sacrificio del Padre Jenaro Sánchez Delgadillo, precisamente en su jurisdicción parroquial, en La Loma. “¡Ahora me toca a mí!”, exclamó.

Pocos meses antes, por cierto, había publicado la Poesía “Imposible”, que fue causa de que se girara una orden de captura de su persona. Se trata de un himno de exaltación de la “fe heroica, sublime”, de los mexicanos, “forjada” en el sacrificio, de la mano de “La Virgen Mexicana, la dulce Guadalupana,/ del indio Madre, Reina de Anáhuac,/ que ha robado los corazones de los mexicanos,/ y los guarda, piadosa, en el Tepeyac”.

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