21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
OPINION | General | Edición:

Un poco de sensibilidad en la frontera

Publicado en web el 28 de Mayo, 2010

26Pbro. Germán Orozco Mora
Mexicali, B.C.

Conocedor de la Palabra de Dios, el Padre Daniel Langrave, Doctor y Coordinador de la asignatura de Sagradas Escrituras de la Universidad Pontificia de México, afirma que Cristo siempre estuvo en pugna con los fariseos hipócritas, debido a su falsa interpretación de la Ley de Dios.
El Doctor Landgrave sostiene que Jesús sanaba y operaba milagros en favor de los necesitados, en parte para demoler la soberbia actitud de los fariseos de criticar y condenar al Hijo de Dios, quienes le acusaban, entre otras cosas, de transgredir la ley del descanso sabático, día de sagrada inactividad para los judíos: “Ése no viene de Dios porque hace esas cosas en Sábado”, decían.

Nuevas y abiertas mentalidades

Filósofos modernos, como Henry Bergson, han considerado que San Pablo dejó muy claramente establecido que existe una moral de obligación y una moral de aspiración.
Si atendemos el mensaje de Jesús, éste nos invita a vivir en “la libertad de los hijos de Dios”, en la cual se pueden hacer ciertas cosas, aunque parezcan contravenir criterios humanos, siempre y cuando se les dé un valor infinito y superior, como sería hacerlas por amor a Dios y por caridad al prójimo.

Por ejemplo, una amiga que labora para el Servicio de Inmigración de Arizona, en el Departamento llamado US Customs, quienes son los responsables de capturar a los migrantes ilegales y procesarlos, relata que una vez le tocó realizar la aprehensión de una docena de ellos en la ciudad capital de ese desértico Estado de Arizona, y que, al reconocer que aquéllos eran originarios de Zacatecas, recordó la oficial su origen paterno, también zacatecano.

Y que, una vez que les leyó sus “derechos” a aquellos “mojados” detenidos, y tras obligarlos a abordar el vehículo policial en donde serían deportados, la agente, conmovida por la miserable y famélica situación de sus paisanos, antes de volverlos a cruzar la línea, se detuvo en un expendio de comida rápida y les compró a todos comida y bebida de su propio peculio, y ya que acabaron de comer, los condujo hasta el punto donde habían pasado la frontera, los liberó y les dijo: “Bueno, paisanos, pórtense bien y no vuelvan a cruzar la frontera; yo aquí los dejo porque tengo que seguir trabajando…”
Quién sabe cuán “obedientes” serían aquellos migrantes; pero, al menos, aquella noche regresaron a México sin maltratos y con el estómago lleno, gracias a la generosidad de una patrullera de origen zacatecano, lo cual es un ejemplo de cómo a veces pueden pasarse por alto ciertos reglamentos en aras de hacer un acto de caridad y actuar de manera humana con el prójimo.

De todos modos, mano dura aquí y allá

Este ejemplo, desde luego, es extraordinario, pues lo habitual es que muchos inmigrantes reciban malos tratos, y que, por desgracia, éstos no procedan siempre de parte de los policías “gringos”, sino de patrulleros de origen latino, que son los que más se ensañan en contra de los de su misma sangre u origen. El “gringo blanco”, dicen, es más considerado con los hispanos, y en cambio los que muchas veces roban, torturan y maltratan a paisanos son los de nuestro mismo origen o raza y, con frecuencia, desde nuestros propios puntos fronterizos

En cuarenta años, la situación migratoria ha cambiado drásticamente. Hoy, para ingresar a Estados Unidos por Arizona, están exigiendo hasta el acta de defunción. Por California, todavía son más benévolos y comprensivos. De cualquier manera, el Departamento de Estado norteamericano, a través del área de Migración, sigue en su tarea de levantar cercas de acero a lo largo de la zona fronteriza; son éstas tan altas y resistentes, que más que pretender no dejar pasar a indocumentados, parecen estar destinadas a evitar que se fuguen a México los elefantes del Zoológico de San Diego, según puede apreciarse, al menos, en la zona montañosa de Otay, entre Tecate y Tijuana.

Es ingenuo pensar que, con ello, Estados Unidos pretende evitar solamente el cruce de inocentes ilegales, sino que lo que quiere es resguardar sus fronteras, con todo derecho, del paso de narcotraficantes y terroristas que pongan en peligro a los habitantes e instituciones de ese país, que se ha distinguido por su decidida defensa de las libertades y los derechos individuales, pero que ahora esa defensa tradicional se ha visto, sin duda, deteriorada por tan discriminatorias leyes gubernamentales implantadas en el mencionado Estado de Arizona.

Viola los Derechos Humanos

Injusta, la Ley de Arizona contra inmigrantes

 

Ciudadanos de todos los estratos sociales, incluido el Presidente de la República, se han pronunciado, en México y en la misma Unión Americana, en contra de la normatividad discriminatoria

Sergio Estrada González
México, D.F.

27La ley antiinmigrante propuesta por el Gobierno del Estado de Arizona es justa, debido a que es un territorio libre y soberano de Estados Unidos, y puede, por tanto, disponer de sus leyes como más convenga a sus necesidades e intereses; sin embargo, es injusta porque viola los Derechos Humanos que son inherentes a todo ser humano desde el nacimiento hasta su muerte natural.

Lo anterior lo comentó el Padre Mario Ángel Flores, miembro del Comité Internacional de Teología y Director de la Comisión de Cultura de la Arquidiócesis de México. He aquí la entrevista completa:

¿Cuál es su opinión acerca de la ley antiinmigrante en Arizona?
La ley es discriminatoria, tal como está planteada; sin embargo, es una ley legítima para el control de una inmigración muy desbordada. Es una ley que no debe apoyarse, porque no tiene sustento, por el hecho de que certifica como sospechosa a cualquier persona con características latinas…El solo hecho de pertenecer a una raza, ya los hace sospechosos y viola sus Derechos Humanos, que es lo más grave.

Esta ley, ¿va contra la racionalidad de la Iglesia?
Sí, debido a que también criminaliza a quienes ayuden a indocumentados. Por otra parte, la clase política en México no ha dado respuesta a la falta de empleo, distribución de la riqueza y de los bienes (salarios). Y, dentro de esa clase política, se incluye principalmente a los Diputados y Senadores de estos últimos diez años. Desafortunadamente, todo se concentra en los intereses particulares de sus propios partidos políticos, lo cual está llevando a la ruina a nuestro país por razones de partidismo, y no con una visión de Estado.
No ha abierto las posibilidades de mejores inversiones, ni de la mejor repartición de los bienes, que tantas veces se ha propuesto, pero respecto a lo cual nada se ha hecho. En México hay culpa de que en el extranjero se llegue a este tipo de leyes discriminatorias hacia nuestros coterráneos, porque ellos no han encontrado aquí soluciones y deben emigrar fuera del país.

¿Habrá temor en Estados Unidos de que mexicanos y latinoamericanos invadan su territorio?
Sí, ellos están temerosos de una inmigración masiva y desbordada de personas, pues no están ni preparados ni formados para recibir a una sobrepoblación de inmigrantes. Desde ese punto de vista, se comprende una preocupación legítima. Sin embargo, no puede solucionarse un problema con otro, que es la discriminación, y no reconocer los Derechos Humanos.

¿La Iglesia actuará a partir de esta situación?
La Iglesia Católica, con otros grupos religiosos, ya interpuso un argumento de inconstitucionalidad, por medio de representantes de la Jerarquía Eclesiástica de Estados Unidos.

¿Como Iglesia de México, qué podemos hacer?
Presionar para que esta situación cambie. Nosotros poco podemos hacer; mucho menos el Gobierno de México. Lo que procede y urge es mejorar nuestro entorno político, social y económico, eligiendo mejores Diputados y Senadores, que por ahora son muy buenos para hablar, pero nada han hecho en los últimos diez años.

¿El Estado de Arizona está en su derecho de aplicar esta Ley?
Cada Estado de la Unión Americana está en su derecho de aplicar leyes justas en su territorio, pero no injustas; y está, como dije, en su derecho de preocuparse por una inmigración desordenada; no obstante, la solución no es esta ley injusta y discriminatoria. Una ley injusta no tiene por qué acatarse.
Junto al reclamo por la injusticia de esta ley, nosotros los mexicanos debemos preocuparnos por promover los empleos y la justa distribución de la riqueza en nuestro país.

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