5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 25 de Junio, 2010

24Por Esegé

Ya va siendo oportuno honrar al gremio de los cantereros, esos artistas del escoplo y el cincel que arrancan, de la piedra ordinaria, delicadas y bellas figuras.
Ahí está la mole informe del bloque de piedra que se vino rodando desde un cerro, sin que nadie anticipara la noble y artística figura en que iba a convertirse.
Ahí estaba un señor de gesto adusto y ojos soñadores, de gruesos bigotes y áspera pelambre, que traía dentro de sí un sueño en el alma, un aliento creador.
Y fue desbrozando los filos duros y halló blanduras y descubrió levedades como de un rosal que no acaba de balancearse, o una estrella que no deja de titilar.
La roca se tornó ligera y blanda, y de sus entrañas surgió un rosetón, un gentil arabesco, una fresca guirnalda que se tenderá en la fachada de una nueva iglesia.
Hay que ver cómo el artesano hizo de la piedra dura un sutil cortinaje para abrirlo aquí, con gracia, sobre el perfil de la torre parroquial de Tlaltenango, Zac.

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