5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783

La Consumación de la Independencia en Jalisco

Publicado en web el 25 de Junio, 2010

29Paulina Carvajal de Barragán

El l6 de julio, José de la Cruz, Gobernador de la Nueva Galicia, se reunió en La Calera con los jefes y los hacendados propietarios de las fincas ribereñas, y acordaron establecer un doble cordón militar con los destacamentos de los pueblos de la ribera y las naves que se encontraran en las inmediaciones del Lago de Chapala.
Cruz envió por primera vez un emisario portando una bandera blanca para ofrecer a los insurgentes, en su nombre, un acuerdo de paz. Fue recibido cortésmente por el Padre Marcos Castellanos, por el Teniente Coronel José Santa Anna y los Capitanes Encarnación Rosas, Pedro Nicolás Padilla, Julio Navarro y un numeroso grupo de los insurrectos más valientes.
En la comunicación se les intimidaba a rendirse, ya que, de no hacerlo, correría mucha sangre. Concluida la lectura, el emisario preguntó: “¿Qué respondéis a esto?” Y todos, a una voz, contestaron: “¡Que corra la sangre!”
Al iniciarse el año 1814, los insurgentes atacaron la ranchería Columba, ocupada por los realistas, con el fin de destruirla, pero no lograron su objetivo.
El 1º de mayo se libró en Corrales la batalla más importante. Los jefes realistas Arango y Cuéllar se encontraban en la Hacienda de San Francisco Tizapán con ochocientos hombres y cuatro piezas de artillería, cuando fueron atacados por los insurgentes al mando de José Trinidad Salgado, quien simulando una retirada, atrajo al enemigo, logrando una posición ventajosa. Rompió fuego con dos cañones y se produjo en las filas realistas un gran desorden, obteniendo la victoria los insurgentes.
Arango y trescientos soldados fueron hechos prisioneros; Cuéllar murió en el combate y los insurgentes ganaron cuatro cañones, doscientos fusiles y municiones. Así terminaba la pomposamente llamada “Columna Volante del Sur de la Nueva Galicia”.
En enero de l8l5, José Navarro fue sustituido por el Capitán de Fragata Agustín Maguna.
Incluso los mismos españoles admiraban el valor, la abnegación y la actividad de sus enemigos, ya que éstos, pobres, rústicos y sin preparación, sostenían aquella heroica resistencia desde la Isla de Mezcala. El Capitán Juan Delgado escribía a su General: “Veo que nuestras embarcaciones, llenas de poder y recursos para contrarrestar los tiempos, se arredran, y veo también que los isleños superan, en sus frágiles embarcaciones, los vientos, las olas y toda suerte de incomodidades; pero déme V.S. (Vuestra Señoría) un entusiasmo como el de ellos, y ganaremos la Causa”.

El doctor José Sixto Verduzco

Entre los letrados que tomaron parte activa en el proceso a favor de la emancipación de lo que se convirtió en México, sobresale, con sobrados títulos, el presbítero y doctor José Sixto Verduzco. Su heroicidad y brillantez las demostró en el campo de batalla. Aunque sí empuñó las armas, dejó también muy claras sus ideas y su pensamiento, profundo y claro, del cual nos ha llegado casi todo a través de documentos y leyes redactados en tiempos de persecución atroz.
Originario de Zamora, donde nació en 1770, fue primero pupilo del Colegio de San Nicolás de Valladolid y luego del Seminario Tridentino de ese Obispado, del que pasó a la Real y Pontificia Universidad de México, donde obtuvo las borlas de Doctor en Derecho.
Sirvió como catedrático del Seminario de su Diócesis y en el Colegio de San Nicolás, antes de ser promovido a la Parroquia de Tuzantla, en la cual se incorporó al Movimiento Insurgente, ocupando, en 1811, el cargo de Vocal y Jurista de la Suprema Junta Nacional Americana, congregada en Zitácuaro y presidida por Ignacio López Rayón.
El Padre Verduzco, inspirándose en las Juntas formadas en España para resistir la invasión francesa, propulsó el perfil de la de Zitácuaro, de la que llegó a ser redactor e ideólogo, fruto de lo cual sería el primer intento de establecer, en la América Septentrional hispana, un gobierno autónomo del Trono español. No tardó en distanciarse del Presidente de la Junta, Ignacio López Rayón, pero pudo más en él la insistencia de José María Morelos y Pavón, quien le pedía no abandonar su puesto. Fue así como convocó, para el 15 de septiembre de 1813, a la Asamblea Constituyente de Chilpancingo, donde se echarían las bases para la Constitución de Apatzingán, del 22 de octubre de 1814, la primera en su género en Hispanoamérica.
Se incorporó en la acción bélica encabezada por Morelos para tomar Valladolid. Fue aprehendido en 1817. Tres años después, muy cercana ya la Consumación de la Independencia, obtuvo el beneficio del indulto, correspondiéndole el honor de ser, en 1821, uno de los firmantes del Acta de Independencia. Como una compensación a sus esfuerzos, se le concedió, en 1823, el título de Capitán General y el de Senador por el Estado de Michoacán.
Falleció en la Ciudad de México en 1830. Para honrar su memoria, se le impuso su nombre a la Villa de Surumuato.

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