5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Mensaje del Santo Padre a los jóvenes | Jóvenes | Edición:

La juventud es el momento de las grandes elecciones

Publicado en web el 4 de Junio, 2010

En todo joven hay una aspiración de felicidad, mezclada con inquietud. Es en esta etapa precisamente donde se realizan las elecciones que afectarán su futuro. El Papa Benedicto XVI envió, en este sentido, un mensaje a los jóvenes del mundo desde la Explanada de Melnik, en Stará Boleslavo (República Checa), en 2009

31Andrea Barba Ochoa

Queridos amigos, no es difícil constatar que en cada joven existe una aspiración a la felicidad, a veces mezclada con un sentimiento de inquietud; una aspiración que, sin embargo, la actual sociedad de consumo explota frecuentemente de forma falsa y alienante.
Es necesario, en cambio, valorar seriamente el anhelo de felicidad, que exige una respuesta verdadera y exhaustiva. A vuestra edad, se hacen las primeras grandes elecciones, capaces de orientar la vida hacia el bien o hacia el mal. Desgraciadamente, no son pocos los coetáneos vuestros que se dejan atraer por espejismos ilusorios de paraísos artificiales, para encontrarse después en una triste soledad. Pero hay también muchos chicos y chicas que, como ha dicho vuestro portavoz, quieren transformar la doctrina en acción para dar un sentido pleno a su vida. Os invito a todos a contemplar la experiencia de San Agustín, quien decía que el corazón de toda persona está inquieto hasta que halla lo que verdaderamente busca; y él descubrió que sólo Jesucristo era la respuesta satisfactoria al deseo, suyo y de todo hombre, de una vida feliz, llena de significado y de valor (Cf. Confesiones I, 1, 1).

Jesús sale al encuentro de cada joven

Como hizo con él, el Señor sale al encuentro de cada uno de vosotros. Llama a la puerta de vuestra libertad y pide que lo acojáis como amigo. Desea haceros felices, llenaros de humanidad y de dignidad. La fe cristiana es esto: el encuentro con Cristo, Persona viva que da a la vida un nuevo horizonte, y así, la dirección decisiva. Y cuando el corazón de un joven se abre a sus proyectos divinos, no le cuesta demasiado reconocer y seguir su voz. De hecho, el Señor llama a cada uno por su nombre y a cada uno desea confiar una misión específica en la Iglesia y en la Sociedad.
Queridos jóvenes, tomad conciencia de que el Bautismo os ha hecho hijos de Dios y miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia. Jesús os renueva constantemente la invitación a ser sus discípulos y sus testigos. A muchos de vosotros llama al matrimonio, y la preparación para este Sacramento constituye un verdadero camino vocacional. Considerad, entonces, seriamente, la llamada divina a formar una familia cristiana, y que vuestra juventud sea el tiempo de construir con sentido de responsabilidad vuestro futuro. La Sociedad necesita familias cristianas, familias santas.
Si el Señor os llama a seguirlo en el sacerdocio ministerial o en la vida consagrada, no dudéis en responder a su invitación. De modo especial en este Año Sacerdotal, os invito a vosotros, jóvenes: estad atentos y disponibles a la llamada de Jesús, a ofrecer la vida al servicio de Dios y de su pueblo. La Iglesia, también en este país, necesita numerosos y santos sacerdotes, así como personas totalmente consagradas al servicio de Cristo, esperanza del mundo.

Los jóvenes son la esperanza
de la Iglesia

¡La esperanza! Esta palabra, sobre la que vuelvo con frecuencia, se conjuga precisamente con la juventud. Vosotros, queridos jóvenes, sois la esperanza de la Iglesia. Ella espera que seáis mensajeros de la esperanza, como ocurrió en Australia, en la Jornada Mundial de la Juventud, gran manifestación de fe juvenil, que pude vivir personalmente, y en la que participásteis algunos de vosotros. Muchos más podéis ir a Madrid, en agosto de 2011. Os invito ya desde ahora a este gran encuentro de los jóvenes con Cristo en la Iglesia.
Queridos amigos, gracias de nuevo por vuestra presencia. Gracias también por el signo de vuestra solidaridad con los jóvenes de África que me habéis entregado. El Papa os pide que viváis con alegría y entusiasmo vuestra fe; que crezcáis en la unidad entre vosotros y con Cristo; que oréis y seáis asiduos en la práctica de los Sacramentos, en particular de la Eucaristía y de la Confesión; que cuidéis vuestra formación cristiana permaneciendo siempre dóciles a las enseñanzas de vuestros Pastores. Que os guíe en este camino San Wenceslao con su ejemplo y su intercesión, y os proteja siempre la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Os bendigo a todos con afecto.

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