Variantes sobre el tema en la Copa del Mundo
Publicado en web el 25 de Junio, 2010Pbro. Alberto Ávila Rodríguez
La victoria da alegría; el empate, consuelo, y la derrota… esperanzas. ¡Qué bueno que hay días de echar porras, rechiflas y pitoretes, tocar bubuzelas, extender mantas, emplear maquillajes, mostrar tradiciones culturales y vestimentas exóticas y abigarradas!; todo esto son las manifestaciones de una festividad, de un culto al desenfado, de una apuesta por la algarabía que altera felizmente el calendario de nuestra vida ordinaria, tan llena de cotidianas angustias y preocupaciones. ¡Qué bueno que hay unos días en que, al menos, podemos postrarnos masivamente ante el televisor para disfrutar alegrías, alentar sueños, vivir fantasías! ¡Qué bueno que hay, cada cuatro años, un Campeonato Mundial de Futbol que nos trae todas estas cosas!
Del balompié y anexas
El futbol, es el futbol, según dicen solemnemente los conocedores, o quienes pontifican embutidos a todas horas en el campo del deporte. Y con esto quieren decir mucho y nada a la vez. Quieren señalar, seguramente, que esta competencia es algo que lo contiene todo en sorpresas, explicaciones, sistemas, fortalezas y creatividad. Un pasado y un futuro dirimido en una cancha reglamentaria o improvisada en el llano, que puede ser diferente o igual al presente, pero que en cualquier caso sigue siendo el deporte de las mayorías, la distracción de los empobrecidos, el último recurso para la fuga de una triste realidad.
Una actividad lúdica que también puede ser recurso de los que aspiran a salir de las orillas de la miseria, pues han visto que no pocos han hecho fortuna, gracias a la habilidad de sus piernas, a las ideas de su cabeza, al manejo inclusive de la mercadotecnia que a su alrededor se mueve, o a las negociaciones hechas al amparo de la destreza ajena.
Es obvio decir, también, que tiene el futbol como principales devotos, no sólo al pobrerío, sino, sobre todo, a la inconmensurable clase media; pero tampoco escapan de su influencia los escogidos miembros de la dorada burguesía, esos que no se cansan de afirmar que nada tienen, pero que lo poseen todo.
Y es que en el mundo del futbol caben todas las clases sociales, niveles económicos, creencias, opiniones, preferencias, y su atracción y emoción afecta a todos y a todas; está presente en quienes lo aman de corazón y también en quienes dicen despreciarlo o ignorarlo, aduciendo razones de enajenación, manipulación y negocio; de haberlo convertido en el opio de las masas, incitación al consumismo de productos y de tiempo, propiciador de la pereza apoltronada de aquellos cuya afición deportiva se limita a manejar el control remoto.
¿Opio o elíxir de la postmodernidad?
Sin embargo, el futbol, especialmente en su versión de Campeonato Mundial, muchas cosas buenas ha de encerrar, puesto que a tantos roba el tiempo y esfuerzos agotadores; a tantos subyuga con sus largas horas de transmisiones, de creatividad en la comunicación, de desarrollo multilateral de pensamientos, análisis y críticas, de ingenio para la organización y sobradas iniciativas con beneficios y repercusiones financieras.
Y en todo esto, ¿qué papel le tiene reservado el futbol a nuestra Patria mexicana? México, el país de más de 110 millones de habitantes según las estimaciones del INEGI, ahora censor, es una nación eminentemente futbolera, que se reviste cada cuatro años de manera casi íntegra con el obligado color verde de su Selección y de la esperanza, para vivir así esa competencia mundial futbolera.
Es el país con 60 millones de pobres, donde sólo un 2% puede darse el lujo de viajar hasta las sedes del mundial, en este caso la lejanísima África, y que por lo tanto la inmensa mayoría tiene que quedarse aquí observando a través de la pantalla el desarrollo de estos torneos, con el corazón puesto siempre en la suerte de su equipo tercermundista, que en esta ocasión ha hecho renacer, como es habitual, los anhelos de avanzar más allá de los límites históricos antes alcanzados.
¿Qué dicen los que saben?
“México, como Selección Nacional, está hoy en una actitud muy convencida; tiene orden en sus filas y puede darle un susto a cualquiera”, afirmó Kluivert.
–Esto habría que decírselo a los políticos, para que sacasen sus conclusiones en tiempo de Elecciones.
“México está jugando muy bien como conjunto y tiene un desarrollo fenomenal como equipo”, han opinado voceros de la retroalimentación. ¿Conocerán esto los equipos de trabajo al servicio del Gobierno?
“Hay jugadores mexicanos que todavía no dan su máxima potencialidad, pero su actitud puede cambiar de un momento a otro. Este es el Mundial de las sorpresas”, aseguran algunos analistas.
“Entre partido y partido (de futbol, claro) hay muchos factores que pueden cambiar los resultados”, advierten sabiamente ciertos entrenadores. Habría que transmitirle este sesudo juicio a los que elaboran las estadísticas.
“Hay individualidades y hay equipo; México tiene un grupo compacto y la destreza de algunos, que puede sorprender a muchos”, apuntan algunos incondicionales de la Selección.
Alguien ha dicho que no habría que dejarlo todo en manos de la sorpresa, sino que lo mejor sería plantar buena simiente, tanto en el ámbito del futbol como en la vida nacional.
En suma, muchos están convencidos de que México juega cada vez mejor a la pelota, que la trata bien, que tiene destellos geniales; que ha costado esfuerzo y sacrificios llegar a este nivel, pero que en estos torneos hay que actuar con equilibrio y prudencia, pues no hay rivales pequeños, como tampoco santones intocables que lo tengan asegurado todo.
Han afirmado, sin saber aún los resultados, por supuesto, que por más adversos que sean éstos, no constituirá un desastre que acabe con el país; que al fin y al cabo se trata sólo de un pasatiempo.
Habrá que disfrutar, pues, de este juego, en cuanto sea disfrutable, y no hagamos un drama cuando sobrevenga lo irremediable, pues todo seguirá adelante; también el futbol, que no es ni será la substancia de la vida, pero sí puede darnos alegrías momentáneas, ser motivo de aliento y esperanza, y descanso de muchas de nuestras fatigas ordinarias.
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