¿Cómo se dice?
Publicado en web el 8 de Julio, 2010Cuando a un niño se le hace un regalo en presencia de su mamá, inmediatamente ésta le pregunta: “¿Cómo se dice, niño?”, y el hijo, muy educadito, responde: “¡Gracias!” ese pequeño acaba de recibir una de las lecciones más preciosas de su vida: saber agradecer
Bernardo Leal Salas
La gratitud es uno de los valores más apreciados y más cultivados en nuestra Sociedad. Se ha convertido en un acto de justicia dar las gracias a quienes hacen el bien.
Cuando un menor, exhortado por su mamá, nos dice gracias, muchas veces recibe una respuesta que todavía es muy frecuente: “¡Gracias a Dios!”, y en ello va otra lección para el niño en orden a su futuro: todos los bienes, a final de cuentas, vienen de Dios, y a Él debemos dar gracias.
También nuestro pueblo es agradecido con Dios. Así lo demuestran los incontables templos levantados en su honor, los nichos, hornacinas, capillitas y cruces que vemos por todas partes.
Y la mayoría de ese pueblo acude a participar en el Santo Sacrificio dela Misa, aunque otros, a pesar de que se dicen católicos, no suelen hacerlo más que en determinadas ocasiones. Pues bien, la Santa Misa tiene un hermoso nombre: “Eucaristía”. ¿Y, saben ustedes qué significa esa palabra?: ¡Acción de gracias! Y a Dios le gusta que le demos gracias.
¿Qué es la gratitud?
Podemos intentar una definición: Es la expresión del reconocimiento debido a la persona que nos hace un bien sin estar obligada a hacerlo. Gratitud viene de gratia, que en latín significa “don”. De allí viene también la palabra “gratis”. Cuando queremos reconocer, en justicia, el bien hecho por obligación, entonces damos un sueldo o salario, pagamos un impuesto que cubre ese bien que se nos hace o damos también nosotros un servicio o bien a cambio.
Pagarle su salario a un trabajador no es gratitud, es justicia. En cambio, agradecer a un trabajador el servicio que nos da por obligación, es generosidad de parte del patrón, y lo que se le dé de más, agregado a su salario, es signo de ella. Ése sería el origen de la propina, hasta que la hicieron obligatoria.
Saber dar las gracias es signo de buena educación y de que se aprecia la generosidad de los que nos hacen el bien. La gratitud es un sentimiento duradero, raíz de amistad y promesa de correspondencia.
La gratitud no se desgasta
Los Pérez son una familia indígena que emigró a México para darles a sus hijos la oportunidad de una vida mejor. El trabajo arduo y una vida honesta les ha permitido tener una casita propia en un barrio pobre, y darle a sus hijos una buena educación, a la que han correspondido siendo hijos buenos. Son pobres; apenas tienen lo suficiente para vivir y, sin embargo, recibieron y atendieron en su humilde casa a su antiguo Párroco, ciego, enfermo y anciano, que vino a la ciudad en busca de salud. Así daban las gracias por lo que el viejo sacerdote había hecho por ellos en su pueblo.
La gratitud no se desgasta con el tiempo; crece y da fruto cuando se necesita. Los católicos sabemos que, aunque no se nos den las gracias en este mundo, Dios sí es agradecido y da el Cielo ¡por un vasito de agua fría, dado en su nombre! Por eso decimos: “Que Dios se lo pague”.
Gracias a la vida, que nos ha dado tanto…
• Porque a nuestra mamá no se le ocurrió que era dueña de su cuerpo ni de nuestra vida, y por ello nos permitió nacer.
• Porque nunca ha faltado un pan en nuestra mesa.
• Por la salud y por la enfermedad vencida.
• Por los que nos aman y por los que amamos.
• Por las personas que han sido buenas con nosotros.
• Por los amigos sinceros.
• Por nuestra querida mascota.
• Por los momentos de paz.
• Por nuestro trabajo y la inteligencia de los científicos.
• Por las cosas bellas que alegran nuestra vida.
• Por los buenos libros y la bella música, y por aquellos con quienes los compartimos.
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