¿Jóvenes desvencijados o adultos desconfiados?
Publicado en web el 29 de Julio, 2010· Reconozcamos: no toda la culpa es de la juventud
· Aparecida nos motiva a unos y a otros a la acción
Pbro. José Manuel Anceno Rivas
Señalaba recientemente aquí, en un mensaje, el Obispo de San Cristóbal Las Casas, Chiapas, Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, que el hecho de que un adolescente de trece años se hubiese quitado la vida en esa ciudad sede de su Obispado al Sur de nuestro país, no era de extrañar, pues, según se podía constatar, durante las Visitas Pastorales que estaba él haciendo a las Parroquias de esa Diócesis, se había encontrado con jóvenes que compartían sus depresivos estados de ánimo, que afirmaban sentirse desajustados, descontrolados, incomprendidos, sin opciones claras hacia el futuro, expuestos a que cualquiera los llevara de una parte a otra y los convenciera para involucrarse en actividades ilícitas.
A estos muchachos, señalaba claramente el Prelado: “Les afecta el alcoholismo de sus padres, la falta de diálogo familiar, la violencia dentro del hogar, la carencia de oportunidades para estudiar y trabajar, el descontrol sexual y la prostitución, la tentación de la droga. Algunos políticos oportunistas los compran para sus campañas. Las distancias generacionales son abismales; no se entienden con sus padres, mucho menos con sus abuelos. Las prácticas religiosas les son poco atractivas. Los antitestimonios clericales les han alejado aún más de la Iglesia. La migración, por estudios o por trabajo, los transforma; y cuando regresan a sus lugares de origen, ya no son los mismos y se sienten totalmente desubicados”.
Los jóvenes sí pueden comprometerse
Mas, por otra parte, añadía el Obispo, según lo expresado también en días pasados por el Papa Benedicto XVI a quienes preparan la Jornada Mundial de la Juventud, para agosto de 2011: “Los jóvenes pueden dejarse conquistar por el amor de Cristo Jesús, el Hijo de Dios y de María, el amigo fiel, el vencedor del pecado y de la muerte, pues quien confía en Él, jamás quedará defraudado, sino que hallará la fuerza necesaria para elegir el camino justo en la vida”.
En efecto, cuando los jóvenes descubren a Cristo, su vida se ilumina y encuentra sentido. Lo perciben cercano, humano, comprensivo, y al mismo tiempo divino, sabio, poderoso y capaz de orientar su existencia. Son capaces de apasionarse por Él y consagrarle su vida. El reto, por tanto, es iniciarles y acompañarles en ese encuentro con Cristo vivo; en su Palabra, en los Sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, e inequívocamente, en los pobres”.
Y continuaba Monseñor Arizmendi Esquivel: “Hace años, en una Visita Pastoral, me expresaron los jóvenes: ‘dígales a los sacerdotes y a las religiosas que ya no nos pongan tantas dinámicas para entretenernos; que nos hablen más de Jesucristo’. He ahí la clave. Es necesario el análisis de la realidad; sí, son buenas las dinámicas para profundizar en su interior y socializar más, pero ellos tienen hambre de Alguien que llene su vacío interior, que les dé esperanza ante tantos problemas, que les señale el camino cierto y duradero; y eso sólo se lo puede dar Jesús a través de su Palabra de amor y de esperanza”.
Renovación desde la propia familia
Por otra parte, en el tantas veces mencionado Documento de Aparecida hay un Apartado, el número 446, que indica: “Hay que proponer a los jóvenes el encuentro con Jesucristo vivo y su seguimiento en la Iglesia, a la luz del Plan de Dios, que les garantiza la realización plena de su dignidad como seres humanos, les impulsa a formar su personalidad y les propone una opción vocacional específica: el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio.”
Y señaló: “También en ese mismo número de Aparecida, se nos invita a los sacerdotes a renovar, en estrecha unión con la familia, de manera eficaz y realista, la opción preferencial por los jóvenes, en continuidad con las Conferencias Generales anteriores, dando nuevo impulso a la Pastoral de la Juventud en las Comunidades Eclesiales, Diócesis, Parroquias o Movimientos.”
Ejemplos hay en Guadalajara
Para concluir su Mensaje, el Obispo de la Diócesis de San Cristóbal expresó: “Hay que pasar de lamentos y críticas a los jóvenes, a entregarles nuestro tiempo, a ofrecerles alternativas, como integración de grupos, coros, equipos de estudio de la Biblia, tiempos de oración, campos-misión, e incluso impulsarlos a la realización de benéficas acciones sociales, como recoger basura, sembrar árboles, visitar enfermos, ancianos, etc. Hay que acompañar también a los padres de familia con pláticas sobre cómo comprender mejor a sus hijos, cómo relacionarse con ellos, cómo orientarles para el ejercicio de una libertad responsable. En la Arquidiócesis tapatía hay buenos caminos a imitar, y si no, les recomiendo una visita al Movimiento Familiar Cristiano Católico o a Familia Educadora en la Fe. Ustedes, como yo, mucho aprenderemos no sólo de los matrimonios de esos Movimientos, sino también de sus jóvenes: alegres, entusiastas, emprendedores…”
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