5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
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A vigilar los pasatiempos

Publicado en web el 8 de Julio, 2010

Muy estimados lectores:
Este mensaje semanal va dirigido a los padres de familia, ahora que se han iniciado las vacaciones escolares. Y la consideración fundamental que quiero hacerles, es que la educación, tanto humana como cristiana, el cariño, el afecto y amor entre las personas, y más aún entre padres e hijos, se logra fundamentalmente a través de la convivencia y el calor humano, y no por correo, por telégrafo, ni mucho menos por mensajes de Internet.
Por eso quiero exhortarlos a que aprovechen este valioso tiempo de asueto escolar para convivir más con sus hijos, para tratar de establecer lazos mutuos de entendimiento entre generaciones, sobre todo en estos tiempos, en que aunque parezca increíble, apenas con diez años de diferencia de edad se dificulta mucho la comprensión, pues entre unos y otros hay una manera muy distinta de pensar, se tiene un enfoque diferente de la realidad y una perspectiva muy dispar de la existencia, de tal manera que padres e hijos, en ocasiones, no se entienden en lo absoluto y parece como si hablasen diversos idiomas.
Todas estas disparidades sólo pueden allanarse, como digo, cuando existe una convivencia amorosa, una cercanía de los padres con sus hijos; que aquéllos muestren interés en saber quiénes son sus hijos, qué sienten, qué piensan, qué valores tienen, que esperan de la vida, cuáles son sus anhelos, proyectos, etc., y para ello, qué mejor que esta excelente coyuntura, como es el tiempo de vacaciones.
Por desgracia, hay muchos que no lo entienden así; algunas veces he escuchado a padres o madres de familia exclamar: ¡Pero qué enfado tener tanto tiempo a los niños en casa! ¡Ya nos tienen hartos! ¡No sé qué hacer con ellos! ¡Qué bueno que ya regresan otra vez a la escuela!
Exclamaciones negativas, incorrectas, que indican escaso amor de los padres por sus hijos, y nula preocupación o cuidado de su presente o futuro.
Es tiempo propicio para convivir más con los hijos; procurar llevarlos, si es posible, a sus lugares de trabajo para que vean qué es lo que hacen; para salir con ellos de paseo; para divertirse sanamente y para aprovechar el descanso conviviendo en familia.
Mas, recuerden que tienen también la obligación de educarlos cristianamente y que en estas vacaciones pueden aprovecharse las catequesis de verano que organizan algunas parroquias, enviando a ellas a sus hijos para que puedan crecer del igual manera en el conocimiento y amor de Dios.
A este respecto, cabe esta reflexión: Si todas esas víctimas de la violencia, que están dentro del crimen organizado, que matan o que son asesinados, y cuya mayoría son jóvenes no mayores de veintitantos años, como lo pude yo comprobar, por ejemplo con los que murieron recientemente cerca de mi tierra, en Yahualica, hubieran tenido una buena educación familiar, sentido humano y valores cristianos; si hubieran crecido rodeados por el cariño de sus padres, seguramente no hubieran optado por esa clase de vida. Pero seguramente falló todo eso; les faltó el amor, la protección paterna, sufrieron abandono, se llenaron de resentimientos, y eso los predispuso a dejarse arrastrar por el vicio y el crimen. Por otra parte, además de la recomendación que les hago, de convivir con sus hijos en estas vacaciones, quiero darles otro consejo muy importante, que vale tanto para estos días de asueto como para todo el resto del año: Que estén muy atentos al tiempo que sus hijos dedican a la Internet y qué es lo que ahí buscan y encuentran. Porque hay muchachos que pasan tres, cuatro o más horas encerrados en su habitación, frente a la pantalla, desvinculados totalmente de su entorno, enajenados con una realidad virtual o navegando en páginas que dañan su mente, como son las pornográficas, y que allí abundan.
Yo creo que la Internet, como instrumento de comunicación y de trabajo es buena, pero como instrumento de diversión es un arma de dos filos que puede ser muy peligrosa.
En resumen, pues, les reitero mi recomendación de que cuiden en todos los aspectos a sus hijos, y que en este tiempo de descanso estrechen los vínculos de unión, de conocimiento y de amor; demuéstrenles y háganles sentir su afecto paternal; ése es el cimiento más firme de una buena educación y el mejor legado que pueden ofrecer para el futuro desarrollo de sus hijos.
Que Dios los bendiga.

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